Antonio Quintero Hernández nace en Ciudad Mante, Tamaulipas en 1958, pero radica en H. Matamoros. Asiste a los talleres de Letras en el Estío, en Ciudad Victoria. Tiene publicados los libros Poemas de mar, Poemas para desatar una tormenta, Los rituales del siglo y Marte y Venus están bien esta noche. Pertenece al Ateneo Literario José Arrese desde 2004, del cual llega a ser presidente para el período 2006-2007.
Oleajes
Sucede a veces que añoro la arena deslavada que es tu cuerpo el cobre abrillantado de tu acento y el paisaje decadente que es tu espejo.
Oleajes de barro y simetría son tus labios y tus besos insectos frágiles que horadan la cruz y el acento.
Cálida es la memoria de tu cuerpo y esta noche el oleaje es intenso.
Y aquel verano...
Avanzan los insectos perezosos en rastro inevitable de prodigios y está bien. La noche es joven y los pliegues de tu voz aún no delatan la sórdida caricia del sarcasmo.
Avanzan los insectos de otras fraguas y rehacen el camino de un verano interminable y la sombra en tu cuerpo arrastra su delirio de gaviotas y está bien.
Avanzan los insectos que horadan otros sueños porque la noche es joven y tu voz se debilita en los sórdidos caminos del hartazgo.
La silla es un potro
I
La silla es un potro donde los hombres cabalgan su nostalgia.
Cuadrúpedo indolente su respaldo nos incita a lamer las mismas llagas día tras día frente a una taza de café y añorando los peligros que nunca fueron nuestros.
II
La silla es un consuelo para los que temen caminar más allá de su lamento.
Cara y cruz entre la mesa la silla es la parábola de un cruce de caminos donde la muerte recala su polvareda de siglos.
Y es aquí donde fincamos (entre versos y aforismos) la divisa que en la tumba otros jinetes recuerden.
III
La silla es un potro donde los hombres cabalgan su esperanza.
Potro bronco, potro dócil su pelambre sudorosa habla bien de su querencia. Cabalgamos en el centro de la más verde pradera y en esta vía de milagros sólo nuestra voz es vida.
Mar de azogue
La lenta erosión de los espejos alerta los párpados febriles y oculta bajo un mapa inescrutable las rutas del arcano. El caer de un cuerpo anuncia el graznar de los cuervos y en el signo de acuario águilas rondan epitafios de los sin rostro de los sin nombre de los que ríen bajo el tibio lecho en la lenta erosión de los espejos.
Los ojos febriles de un niño que envejece hace siglos y el ritmo intenso de las barcas que naufragan en la lenta erosión de los espejos. Nacer para no ser y después caer al abismo del silencio. Grita el marinero que en la mar naufraga y en la arena un camaleón se disfraza de roca turbia porque la noche llega como la lenta erosión de los espejos.
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