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DEFENSA  DE LA  FE

Desde siempre la luz de la FE sufre el antagonismo de opciones de otro signo
interesadas en apagarla: en unos casos atacándola, en otros ignorándola
con intención de condenarla a la irrelevancia social y eventualmente a la extinción.


Así lo plasmaba el pincel del
"Maestro Claude de France"
a principios del s. XVI:

 

Así lo expresaba la pluma, apasionada y combativa,
del Primer Asuncionista a finales del XIX.
Ofrece su militancia y requiere la nuestra:

 

  


....En el preciso momento en que Dios y Jesucristo son rechazados públicamente, Dios suscita a la Asunción para replicar al rechazo de la fe movilizándola por entero al servicio de a gran Causa del Reino.

....Hay que dilatar las inteligencias y los corazones en esta gran cuestión. Hay que abrir horizontes a los miopes, hay que encender fuegos para los que no piden más que el calientapiés.

....Prudencia convencional, no la quiero. La auténtica prudencia es la reina de las virtudes morales; pero una reina manda, actúa y si es necesario pelea. Algunos han hecho de ella una señora aviejada por el miedo, que anda en zapatillas y albornoz y está acatarrada.

 

Y así lo reformulaban sus hijos en 1993:

...La Asunción milita a favor del Reino de Dios, que es la Buena Nueva de la salvación de Dios, fermento de una humanidad reconciliada y divinizada, prefigurada en la Iglesia.
        El reflejo asuncionista, cuando se trata de la Iglesia, es a la vez de fidelidad visceral, de generosidad desinteresada y de audacia misionera.

...El Reino de Dios es la más grande de las Causas: abarca a toda la humanidad y concierne al mundo entero. No puede confundirse con proyectos mezquinos, peleas de retaguardia, querellas de sacristía. Obliga a ver grande y lejos, tanto a través de vastos proyectos como de humildes realizaciones.
        El asuncionista es reticente a todo espíritu de capilla; se sitúa en la nave central, preocupado por los grandes equilibrios de la fe.

...En Jesucristo, la causa de Dios se ha identificado con la del hombre. Somos incondicionales de Jesucristo. Somos enviados al lugar en que el hombre y Dios están ambos amenazados y se buscan, se encuentran, para una Alianza renovada; y nos ofrecemos voluntarios para desbrozar tierras nuevas aún no sembradas de Evangelio.