RINCÓN PROFUNDO
La tienta de vaquillas revela al torero que se va y al ganadero que quiere triunfar.
Por JORGE MANRIQUE GRISALES
Miembro de Astauros
La tienta, además de ser la forma de medir la bravura de una vaca, es quizás también la manera de conocer más profundamente a un torero y a un ganadero. Los que participan de este ritual son cercanos, amigos. Lo que allí pasa muchas veces no trasciende las tablas de la placita donde se observa a las futuras madres de los toros de lidia levantar oleadas de polvo en sus ímpetus juveniles frente a los toreros y al picador.
En un escenario de este tipo se dieron cita tres generaciones de toreros. Por un lado, Enrique Calvo “El Cali”, el decano, la experiencia, a quien que se le dice maestro por respeto y reconocimiento a las miles de veces que se ha puesto frente a los pitones de un toro dispuesto a arrancarle la vida. También está César Rincón, a quien también se le dice maestro por estar en el sitio privilegiado de “los héroes”, como lo llamó Antonio Caballero en su libro “Los siete pilares del toreo”. En ese momento, al torero bogotano le quedan menos de dos semanas para su anunciado retiro de los ruedos y también oficiaba como ganadero. Cerrando el “cartel” está Luis Bolívar, a quien todos le dicen “figura” con la convicción que es el más indicado para ganarse a pulso y sangre el puesto que deja Rincón.
El sol vallevacucano pega fuerte en la Hacienda El Trejo, donde se realiza la tienta. Temprano, Gustavo García “Jeringa”, peón de confianza de Rincón, dijo, embutido en un taxi, que le hubiera gustado dormir más ese día. Tiene cara de sueño y Luis Bolívar tampoco disimula la salida temprana de la cama. Acaba de llegar de España, donde lidia y entrena con los míticos victorinos. Falta el picador. Rincón, un tanto contrariado, habla con su cuadrilla para conseguir a uno. A kilómetros de allí, justo cuando iba a iniciar su rutina de bicicleta por las calles de Cali, Rafael Torres recibe la llamada de parte de Rincón. En un santiamén cambia manubrio y galápago por el pesado peto que monta en la parte trasera de un campero. Una hora y media después llega sudoroso pero dispuesto a picar lo que salga por la puerta de la placita construida muy esmeradamente en guadua.
Mientras se alista la tienta, Rincón accede a contar cosas de su vida, Algunas ya han sido destiladas miles de veces en la prensa que lo persigue incansable desde el 21 de mayo de 1991 cuando, siendo un desconocido en España, abrió por primera vez en su vida la puerta grande de la Monumental Plaza de Las Ventas en Madrid. Recuerda a “Santanerito”, de Baltasar Ibán, lidiado esa tarde. De allí en adelante desfilan por sus recuerdos el de Murteira Grave (segunda puerta), el de Samuel Florez (tercera puerta)….Hasta llegar al de los Hermanos Astolfi que le significó la quinta puerta grande… Lo que jamás olvida es la feroz batalla que libró con “Bastonito”, de Baltasar Iban, en 1994. El torero abre los ojos y gesticula con las manos tratando de explicar cómo se la jugó completamente, no por la oreja que le concedió la presidencia, sino por la vida misma con el toro más fiero que se haya visto en mucho tiempo en Madrid. “Todavía la gente en España se acuerda de “Bastonito”….El toro lidiado por Rincón en Las Ventas”, expresa en tono serio. [+]
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