Radio Online

               Haz click en la foto 
 
 

Como encontrarnos

Visitantes

Desde 29/5/2010 
free counters
 
 
 
contador de visitas
 

Poesías

Autor: José V. Giner

1.Algún día
2. Crecimiento
3.Divinas vislumbres
4. El Agua de la vida
5. El amor no caduca
6. El pecado
7. El sueño del charco
8. El tronco seco
9. Esperanza
10. Fe y obras
11. Frutos cristianos
12. Imposibilidad humana
13. Ingratitud humana
14. La cosecha celestial
15. La gracia
16. La luz vencerá
17. La oveja perdida
18. La siega
19. Las luchas del alma
20. Las palabras
21. Levanta tu vuelo
22. Marinero
23. Ofrenda
24. Perfección
25. Pétalos del pensamiento
26. Petición
27. Polvo sublimado
28. Renovación
29. Rostros de cera
30. Sueño bendito
31. Tenerife
32. Trabaja en el campo
33. Vivencia
 
 
El autor de estos poemas ha escrito un libro llamado "Pétalos del pensamiento".Esta lista es una selección del mismo. Las personas que estén interesadas en adquirir esta obra pueden ponerse en contacto con el autor escribiendo a: respuesta@asdimores.org

Algún día...

 

Algún día descansará nuestra alma

del polvoriento camino de esta vida,

y perecerá el llanto acíbar de los niños,

la decrepitud del cuerpo.

 

Algún día nos olvidaremos del miedo,

del odio, del rencor, del egoísmo...

hermanos todos ellos de la muerte;

engendradores de la desdicha humana.

 

Algún día morirán los sueños

y la esperanza dará a luz

a hermosas realidades, pletóricas de vida.

Y abrazaremos al cansado peregrino,

al mártir que ofrendó su cuerpo

en el circo o en la hoguera.

Y se unirán en unísono canto

todas las voces hermanas de los tiempos.

Algún día... Sí, algún día.

 

Algún día se truncará el retumbar odioso

de los tambores de guerra,

y enmudecerán para siempre

 los rugientes cañones.

Todos los continentes se fundirán en uno

y la escoria de las fronteras y el racismo

será quemada en el crisol de Dios.

 

Algún día curarán las heridas profundas

de la tierra, cesará la endecha

de los océanos moribundos,

de los enlutados cielos...

Y la primavera no se marchará de nuestro lado.

Nos envolverá, cual nodriza amante,

con sus brazos de colores y flores

aromáticas y eternas;

y con nanas de trinos de pájaros

y rumores de riachuelos,

nos dormirá en su pecho

de fresca hierba y algodón.

 

Algún día triunfará la vida sobre la muerte,

la verdad sobre la mentira y la calumnia,

y no estarán allí los acusadores.

Algún día... Sí, algún día.

 

Algún día amanecerá para nunca anochecer

y despertaremos de nuestra pesadilla milenaria

en el seno de nuestro Creador;

acariciados tiernamente por sus manos divinas,

delicadas.... poderosas...

marcadas por los clavos del Calvario.

Y allí descansará nuestra alma

de su fatigoso vuelo.

Sí, algún día... Algún día.

Yo lo creo... Yo lo espero...

                        

Volver al índice

 

 Crecimiento

 

Si no das por perdido

el tiempo que has gastado

en buscar lo alcanzado

y vivir lo que ha sido.

                   

Si después que has sufrido

no maldices tu hado,

ni te hundes airado

a mitad del camino.

 

Si no das al olvido

la fe que has abrazado;

el momento anhelado

o el amigo caído.

 

Si te duele el quejido

del que ha sido humillado

y ayudas con agrado

al que ha sido vencido.

 

No quemas lo vivido,

no vives rebajado

hollando lo sagrado.

Estás siendo curtido.

 

Volver al índice

 

Divinas vislumbres

 

Yo no quiero la basura de esta vida,

quiero el aire puro de las cumbres;

donde el alma de la gloria es embebida

y recibe divinas vislumbres.

 

Yo no quiero el lodo infecto del pantano,

quiero del manantial agua clara;

donde no se desarrolla lo mundano

y la virtud, como en el cieno, no es rara.

 

Yo no quiero del océano el estruendo,

quiero el silbo suave y apacible

que orea el Espíritu, robusteciendo

el ser del creyente inmarcesible.

 

Yo no quiero la caverna tenebrosa

quiero el fulgurante sol del día;

porque lo fosco de pecado rebosa,

lo puro es divina melodía.         

 

Yo no quiero de la bestia su fiereza,

quiero la ansiedad del cordero

porque el orgullo destruye la entereza

y al ser sume, a postre, en desespero.

 

No quiero ruido de sables y cañones,

quiero la eclosión de amores puros,

que impregnando de su aroma corazones

la vileza extinga de los duros.

 

Quiero, en fin, un mundo lleno de armonías;

vivir sin angustias ni quimeras

una vida henchida de ignotas melodías;

gozar de inmortales primaveras.

 

Y después de haber vivido lo vivido,

que ha sido disfrute y sufrimiento,

cuando mi vida toda haya concluido,

sólo quiero recibir de Cristo aliento.

 

Volver al índice

 

El agua de vida

 

Agua que naces silente

de las entrañas oscuras,

para crear en tu lecho

abundantes hermosuras.

Brotando ofreces provecho

al sediento peregrino;

y no cesando tu pecho

de regalar tanta vida,

te transformas en un río.

 

Agua rauda y cantarina,

danzando de roca en roca;

besando ramas y flores

con el dulzor de tu boca.

Pura y cristalina corres

fertilizando desiertos

y valles con tus amores.

Discurriendo, discurriendo,

desembocas en el mar.

 

Agua de poder profundo,

elevas canto glorioso

en el fragor de tus olas.

Un canto excelso y grandioso,

que en paz y en tormenta entonas

con ignotas melodías.

Y en tu entrega, tú te inmolas

otra vez y te evaporas

para convertirte en nube.

 

Agua de lluvia bendita,

de mil formas caprichosas,

a lomo del viento alado

cabalgas bella y rebosas

cayendo sobre el sembrado,

que haces crecer y sazonas

con el sol que es tu aliado.

Agua del cielo caída,

tú renuevas la existencia.

 

Así es la gracia divina

como una abundante fuente

que sacia la sed del alma;

y al no cesar su corriente

perfeccionada en la calma, 

la fe como un mar se torna

que al humano alienta y salva,

y lo exalta al infinito

para convertirlo en santo.

 

Volver al índice

 

El amor no caduca

 

El amor no caduca jamás,

nunca se muere;

aunque caiga la nieve sobre él

nunca se enfría.

No se ahoga en las aguas profundas,

siempre perdura,

es sempiterno...

y no, y no, y no

una simple aventura.

 

El amor es sufrido

y en su benignidad

no halla lugar el egoísmo.

El amor nunca odia,

paciente, al caminar,

no piensa el mal,

todo lo espera.

Si este amor vive en ti

siempre será primavera.

 

El amor no se rinde jamás,

no da la espalda,

aunque toque a su puerta el dolor,

nunca sucumbe;

porque está arraigado en la fe

y en la ternura,

es sempiterno...

y no, y no, y no

una simple aventura.

 

Volver al índice

 

El pecado

 

El pecado da temor

y la esperanza te quita;

el pecado te marchita

la hermosa flor del amor.

 

Destruye, corrompe y mata

la nobleza y la honradez;

toma cuerpo la altivez

y las pasiones desata.

 

¡Cuán horrendo es el pecado!

A sus víctimas mortales

conduce hasta los portales

de un sino nunca esperado.

 

Líbrate de esa desgracia:

¡Mira con fe al Salvador,

que es el Verbo Redentor

henchido de amor y gracia!

 

El humano que no quiera

violar la Ley del amor,

con el poder del Señor

podrá vencer a esa fiera.

 

Volver al índice

 

El sueño del charco

 

Charco, que frío tenéis,

porque cada día, el hielo,

cristaliza vuestro cielo

y manantiales no veis.

 

Soñáis en ser agua viva,

río pródigo que riegue

tierra sedienta y que siegue,

el hombre, mies que perviva.

 

Y cuando el invierno arrecie,

alimento haya en la casa

para convertir la masa

en sabroso pan que aprecie.

 

Soñáis con vestir campiñas

de ramilletes de flores

que regalen sus olores

a las juguetonas niñas.

 

Sé que soñáis con brincar

brillante por las praderas,

llevando en vuestras riberas

fertilidad para dar.

 

Saciar la sed del humano,

de las bestias y las aves,

y que sobre vos, las naves,

lleguen hasta el mar hermano.

 

Anheláis alzar el vuelo,

como el agua de la mar,

que en su arrobado cantar

se muda en nube del cielo.

Mas, en fin, sólo sois charco;

un charco helado y pequeño

cuya esperanza es empeño

que os tiene vivo y sin chasco.

 

¿Soñáis que en la Primavera,

cuando el astro rey derrita

las nieves, será bendita

la realidad que os espera?

 

No os reprocho vuestro sueño,

porque en el vasto Universo,

aunque soy nada, converso

con mi Creador y Dueño.

 

Y sé que me aguarda el día

en el que la eternidad,

con toda seguridad,

según Cristo, será mía.

 

Volver al índice

 

El tronco seco

 

Frente a mi puerta

se yergue, noble,

un tronco seco

de tiempo añejo.

Robusto y firme

enfrentó al viento,

soportó lluvias,

y el sol, su espejo,

donde se mira

cada mañana,

le fue agrietando

con sus destellos

cada sonrisa,

cada palabra,

cualquier aliento.

Está tan lejos,

que sus miradas

se pierden todas

en el recuerdo.

El tronco seco

deja a las aves

hacer su nido

en su regazo

de musgo viejo;

y en el silencio

de cada noche,

en sus entrañas,

se oyen los ecos

de historias miles,

de odio y miedo,

de paz y guerra

de amor sincero.

Hoy no está triste,

su cuerpo cruje

como sonriendo.

Tiene en su pecho

un brote tierno,

el brote tierno

de la esperanza.

 

Volver al índice

 

Esperanza

 

“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos

de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá

más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las

primeras cosas pasaron” (Apoc. 21:4).

 

Cuando el odio se muera y nazca el amor,

madurará el hombre;

surgirán, frescas e inocentes, alegrías eternas.

 

Cuando muera el egoísmo

retoñarán las flores sempiternas

de la entrega absoluta,

de aromas celestiales e incorruptibles.

 

Cuando la envidia fenezca,

resucitará la pura fraternidad,

ciega para las razas y castas sociales,

pero ávida de encuentros entrañables.

 

Cuando desaparezcan todas las miserias

que carcomen la naturaleza divina

implantada por Dios en el hombre,

brotará poderosa la vida,

pletórica de goces, de infinitud...

y una canción de notas angelicales

será puesta en los labios de los redimidos,

y nadie les robará

su derecho a la gloria.

 

 Volver al índice

 

Fe y obras

 

No hay gloria sin gracia,

no hay gracia sin fe.

No hay fe sin que el Padre

este don nos de.

No hay dicha sin obras,

no hay obras que dé

el árbol cristiano

sino por la fe.

Fe y obras unidas,

unidas por ser

de Dios el regalo          

que sublima el ser.

 

 

Frutos cristianos

 

Despacio camina

con paso prudente;

es muy atrayente.

Se llama cautela.

 

Verdes son sus ojos,

de amplia sonrisa.

No tiene cerrojos,

de soñar precisa.

se llama esperanza.

 

Su cuerpo preserva,

es equilibrada;

lucidez conserva,

no abusa de nada.

Se llama templanza.

 

Es muy admirable,

escala la cima

de lo inalcanzable,

y siempre te anima.

Se llama confianza.

 

Perdería un mundo

por una mirada;

lo que da es fecundo

no escatima nada.

Su nombre es amor.

 

Volver a índice  

 

Imposibilidad humana

 

Rebosa el alma humana de ansiedad,

ya de niños, hasta en la senectud,

¡cuántos intentan ahogar su inquietud,

y en su lucha no hay seguridad!

 

¡Esfuerzos vanos, todo necedad,

si alcanzar se pretende la virtud,

paz interna, piedad y rectitud,

tan sólo con la pobre humanidad!

De Dios dimana la gracia que inspira,

 

la voz que torna lo humano en divino,

la noche más negra en luz que se admira,

la trágica suerte en feliz destino.

Su Espíritu eleva al que, fiel, aspira

a andar con Jesús por el buen camino.

 

 Volver al índice

 

Ingratitud humana

 

No comprendo por qué de tu Calvario

dimana tanto amor y simpatía,

para un mundo que ignora tu agonía,

hiriéndote con su pecar a diario.

 

Si no hay maldición para tu adversario,

aunque en la cruz robó tu lozanía,

¿por qué sólo hay hedor donde debía

fluir el aroma de tu incensario?

 

¿Por qué el corazón humano rebosa

de ingratitud, ante la cruz que eleva

de la basura a la gloria y osa

comer del árbol prohibido, cual Eva?

¡Oh, Señor! Que no desprecie tu ofrenda

y el fuego de tu amor en mi se prenda.

 

Volver al índice

 

La cosecha celestial

 

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en

la gloria de su Padre con sus ángeles,

y entonces pagará a cada uno conforme

a sus obras” (Mat. 16:27).

 

Presa del miedo la Tierra convulsiona;

islas desaparecen y el cielo oscuro

vierte su cáliz de hiel, sin mezcla, puro,

sobre hombres que la maldad aprisiona.

 

“¿Qué es lo que tanta desgracia ocasiona?”

-pregunta el gentío en su terrible apuro.

El grano de los campos está maduro,

la cosecha divina al mundo alecciona:

 

La sangre de Cristo salva y perfecciona;

perdición provoca la desobediencia.

El amor eterniza, mas nos traiciona

la maldad que se abriga; porque apariencia

de exquisitos manjares tiene el pecado,

pero sólo la muerte es su consecuencia.

 

Volver al índice

 

La gracia

 

Una joya es la gracia de Cristo,

no la puedes con oro obtener;

el regalo que Dios ha provisto

y al humano le quiere ofrecer.

Si los ojos de tu fe le han visto

en la injuriosa cruz perecer,

no demores más para estar listo;

déjale tomar todo tu ser.

Alarga tu mano pecadora

para aceptar la gran salvación

que aquistó Jesús en buena hora.

Tesoro de alta estimación,

bellísima gracia redentora,

en la eternidad serás canción.

 

Volver al índice

 

La luz vencerá

 

Espero con ansia aquel día augusto

en el que la luz vencerá a las sombras,

caminos de espinas se tornen alfombras

de flores divinas y el llanto del justo

 

fenezca y resurjan del árbol vetusto

los frutos eternos de las buenas obras.

¡Qué dicha tan alta! ¡Vivir sin zozobras!

Sin miedos, rencores, quimeras, ni gusto

 

que borre del alma, por su perversión,

la imagen impresa por Dios en el hombre.

¡Qué gozo inefable! Quebradas, prisión,

tus frías cadenas de muerte y un nombre

heredar de Cristo, nuevo y victorioso,

eterna sonrisa, un cuerpo glorioso...

 

Volver al índice

 

La oveja perdida

 

Lejos del aprisco, sin consuelo,

vaga en noche fría y tenebrosa;

sola en la penumbra, quejumbrosa,

llora cual si fuera un pequeñuelo.

 

No sabe dónde ir, inhábil ella,

deambula en lugares peligrosos,

por doquier tristeza y misteriosos

ruidos hacen en su mente mella.

 

“¿Dónde estará?”, el pastor se pregunta,

con un gran empeño por hallarla.

Recorre mucho para encontrarla,

prosigue hasta que el día despunta.

 

Bien podría haber harto pensado:

“Yo tengo otras muchas todavía.

¿Para qué perder, con la que había

errado, tiempo y quedar cansado?”.

 

Pero el egoísmo no le mueve;

muévele el aprecio por la oveja

que desvalida exhala su queja

distante de las noventa y nueve.

 

Por fin escucha un débil gemido.

Se dice: “¿será mi oveja amada?”.

En unas peñas, encaramada,

hállala trémula, cuerpo herido.

 

Al verla se regocija el dueño,

y en sus brazos fuertes la acaricia;

De vuelta el camino a casa inicia

y su oveja duerme grato sueño.

 

Jesús, Buen Pastor, nos has buscado.

Dejando tu patria venturosa,

te adentraste en el mundo, penosa

y ardua tarea has desarrollado.

 

Muchos como ovejas desvalidas;

deambulan muy lejos del aprisco.

Llorando en un peligroso risco,

ven la inutilidad de sus vidas.

 

Al ver su alma tan deforme y sucia

embárgales un dolor agudo.

¿Quién irá a su busca, en concienzudo

trabajo y amor en su renuncia?

 

Las almas te esperan temblorosas,

en sus casas, calles y talleres.

¿Irás a buscarlas sin que esperes

mirarlas por más tiempo ruinosas?

 

Volver al índice

 

La siega

 

Cantaba en la mañana veraniega

el pájaro, en su rama, vigilante;

mirando desde su balcón la siega

de los campos dorados del levante.

 

Su gorjear armónico alegraba

al sudado y curtido campesino,

que ducho con la hoz que manejaba

a todo grano daba su destino.

 

Las espigas de trigo las juntaba,

separaba la cizaña del buen fruto

y luego, con ahínco, la quemaba

hasta vestirse la tierra de luto.

 

Cuando Cristo a por nosotros regrese,

su mano empuñará la hoz del juicio

y quemará del campo, aunque le pese,

los granos dominados por el vicio.

 

Las semillas fructuosas salvará,

las malas hierbas dejará de lado

y como labriego acabará

con la espiga manchada del pecado.

 

¿Serás trigo o cizaña cuando venga

la siega del divino Campesino?

Tu vida inmaculada se sostenga

si no quieres, cual cizaña, triste sino.

 

 Volver al índice

 

Las luchas del alma

 

Las luchas del alma

son luchas cruentas;

y en su mar, sin calma,

las muchas tormentas,

hunden esperanzas,

desatan pasiones,

inspiran venganzas,

matan ilusiones.

En sus aguas turbias

navegan navíos,

que cargan lujurias

envidias, hastíos...

Y en las soledades

de aquellos rincones

se traman ruindades

que como prisiones,

recluyen los sanos

principios divinos;

y así, los humanos,

yerran sus caminos.

¡Oh, recinto santo!

por Jesús creado,

¡grande es tu quebranto!

Causólo el pecado.

El alma que ansía

la dulce bonanza,

a Dios se confía

y ejerce templanza.

 

 Volver al índice

 

Las palabras

 

Pueden curar o herir;

pueden edificar o destruir;

pueden acercar o enemistar;

pueden bendecir o maldecir;

pueden apaciguar o inquietar;

pueden esperanzar o desanimar;

pueden infundir fe o incredulidad;

pueden despertar o hacer dormir;

pueden salvar o matar;

pueden educar o desorientar;

pueden clarificar u obscurecer la verdad.

En fin, sobre las palabras que digamos

se basamenta nuestra dicha o infelicidad.

 

Volver al índice

 

Levanta tu vuelo

 

Levanta tu vuelo

hacia nuevos espacios;

surca el negro cielo

en busca de palacios

rubí.

 

Do la luz divina

no esconde su fulgor,   

que todo ilumina

con suave color

marfil.

 

Los querubes cantan

ignotas melodías.

Miríadas levantan

eternas sinfonías

de amor.

                       

Levanta tu vuelo

hacia nuevos espacios;

surca el negro cielo

en busca de palacios

rubí.

 

Vibra el firmamento

pletórico de vida...

y no hay sufrimiento.

Sólo tiene cabida

la paz.

 

No se aja el nardo,

no muere el ruiseñor

y el cantar del bardo

inspira el amor

de Dios.

Levanta tu vuelo

hacia nuevos espacios;

surca el negro cielo

en busca de palacios

rubí.

 

Hombres y animales

en armonía perfecta.

Murieron los males,

Satán no les afecta

ya más.

 

En Edén restaurado

a mayor belleza,

dicha eterna, el salvado,

tendrá con certeza,

lo sé.

 

Levanta tu vuelo

hacia nuevos espacios;

surca el negro cielo

en busca de palacios

rubí.

 

Volver al índice

 

Marinero

 

Marinero, marinero,

que te adentras en el mar

con tu barquito velero;

¡cuánto te gusta remar!

 

Marinero, marinero,

las gaviotas al pasar

rozan tu barco pesquero

queriéndolo acariciar.

 

Marinero, marinero,

las olas quieren besar

el casco de tu madero

que desea descansar.

 

Volver al índice

 

Ofrenda

 

Dios mío, quiero ofrendarte mi vida;

que es lo único que tengo para darte.

Mi vida, que no es vida sin amarte,

mi sangre, por tu gracia convertida

de hediondo estanque en rama florecida.

Quiero caer de hinojos y adorarte

en la excelsitud de tu cruz y loarte

por tanta y tanta merced recibida.

Quiero, Señor, reposar en tu seno,

porque sólo tu paz me reconforta.

Y en mi turbulento mar, tú, sereno,

despójame de mis brumas y acorta

mi dolor, porque fío en tu amor pleno,

que es en verdad lo único que me importa.

 

 Volver al índice

 

Perfección

 

No reparemos sólo en una cosa,

siempre hay el lado bueno de la vida.

Aunque posea espinas nuestra rosa

nos da fragancia sin que nada pida.

 

Puede haber una noche tenebrosa,

pero al rayar el día se invalida.

Puede no ser la tormenta armoniosa

mas fecunda la tierra adormecida.

 

Lo que en principio nos parece adverso

algún día se torna en bendición.

Aquello que oscurece el universo,

a la postre, es sólo la creación

de otro fresco y maravilloso verso

en el poema de la perfección.

 

 Volver al índice

 

Pétalos del pensamiento

 

Pétalos del pensamiento

que con las alas del viento

surcan los cielos del alma,

para colmarnos de calma

las cámaras de la razón.

Fragancias que vivifican,

ennoblecen y edifican

al humano corazón.

Del ideal son las luces

y a veces también las cruces

que nos torturan y amargan.

De rencores nos descargan

si se dicen con amor;

levantan a los caídos,

orientan a los perdidos,

mitigan nuestro dolor.

Acrecientan la esperanza,

el valor y la confianza.

Pero a veces son prisiones

de sencillas ilusiones,

o sublimes sentimientos,

que no dejan aflorar...

Pueden hacernos llorar

si se visten de lamentos

o se engalanan de embustes;

y aunque la muerte no gustes,

si están colmadas de hiel,

robarán la poca miel

que nos ofrece la vida.

¡Qué bellas son si con gracia

se dan a los que en desgracia

penan por alguna herida!

Tesoro inconmensurable

si reflejan lo agradable

y no niegan la verdad.

Pronunciadas con bondad,

sapiencia y solicitud,

edifican al oyente

y son el mejor agente

generador de virtud.

¡Qué hermoso nuestro lenguaje

si se le quita el ropaje

de la pérfida doblez!

Cuanto hay de lobreguez

en nuestro penoso andar,

las palabras que decimos

avivan lo que sufrimos

o alimentan nuestro amar.

 

 Volver al índice

 

Petición

 

Si llega el desamparo, Cristo amado,

de aquellos que dijeron ser amigos;

si gusto soledades y en peligros

mi canto de esperanza es consumado.

 

Si mil azotes en mi espalda siento,

y mis sienes espinas las perforan;

si me escupen, insultan y devoran

usurpándome hasta el último aliento.  

 

Si siento esos dolores, Cristo amado,

de la acrimonia hiel que la mentira

destila de la boca donde expira

todo honor y el pudor es olvidado. 

 

Dame, Dios mío, de tu santa llaga,

esa miel que ofreces incorruptible;

que es tu sangre salvadora, inmarcesible,

por amor vertida y que el ansia apaga.

 

Dame el saber que estás a cada instante,

muy cerca de mí y que nunca te olvidas

de aquellos que te ofrendaron sus vidas

en un servicio de abnegación constante.

 

Y que también el que es defectuoso,

puede hallar en ti un verdadero Hermano.

Hazme saber que cualquier ser humano,

si en ti fía, es más que victorioso.

 

 Volver al índice

 

Polvo sublimado

 

(Dudas de carácter existencial)

Cuando se haga la noche

en tu camino,

y se llene de sombras

y misterio

lo que estaba iluminado...

 

(Problemas en el hogar)

Cuando se yerga, poderoso,

el invierno en tu morada

y estruje con sus

gélidos brazos

tu vida grácil...

 

(Enfermedad)

Cuando lo sano enferme

y te lacere el dolor

imantándote a tu lecho...

 

(Vejez)

Cuando, exhausto, tu cuerpo,

de cargar soles y lunas

se marchite y deforme

lo que antes fue lozano...

 

(Pérdida de los amados)

Cuando se marchen

los amados

y se quede su hueco

lleno de soledades

y recuerdos...

 

(Muerte)

Cuando por la esquina

de cualquier año

se asome

la odiada muerte

y te salude

sonriendo...

Recuerda,

¡sólo eres polvo!

Pero polvo sublimado

por la sangre de Jesús.

 

 Volver al índice

 

Renovación

 

Tú renuevas mis fuerzas cada día,

serenas mi extenuado navegar,

trocando con tu voz, al increpar,

mi tormenta mental en melodía.

 

De mi ser aniquilas la osadía

del continuo ofenderte en el pecar,

y haces nuevo mi hombre viejo al quemar

el «ego» destructor que me afligía.

 

Te deleitas mostrándote amoroso

si, fracasado, busco en ti bonanza,

transformando mi canto quejumbroso

en himnos de victoria y esperanza.

 

¿Qué sería de mi, sin ti, Señor?

¿Qué del mundo, sin luz, en su clamor?

 

Volver al índice

 

Rostros de cera

 

Rostros de cera,

hueca sonrisa,

voz que lacera,

locos con prisa.

 

Manos que hieren,

ojos que matan.

Sueños que quieren

volar, les atan.

 

Odio, quebranto,

celos y envidia.

Niños con llanto,

loca perfidia.

 

Armas que arrasan

casas y vidas

mientras se pasan

horas divinas.

                       

Mundo perdido...

¿Por qué se obstina

en ser nacido

para su ruina?

 

 Volver al índice

 

Sueño bendito

 

Sueño bendito que tanto anhelo tenerte,

en cada noche, cuando me duermo, sentirte

palpitando dentro de mi momento inerte;

cuando todo está quieto y tranquilo, no irte.

 

Sueño bendito, de la gloria y de lo eterno,

de lo que nunca perece; que no degrada,

que transformas  la gran congoja del averno

en cánticos bellos de vida y alborada.

 

Sueño bendito del paraíso perdido,

donde, el hombre regozijado, perdió el norte

y abrumado por el aguijón, el caído,

escuchó bella promesa con su consorte.

 

Sueño bendito de completa redención

que nada de quimeras tiene sino alba,

norte fiel, que devuelve a Adán la posición,  

que no extravía sino que conduce y salva.

 

Sueño bendito en el que veo al ser humano

romper sus cadenas de miedo y soledad,

cristalizando en su corazón, con la mano

de un Dios piadoso, la imagen de su bondad. 

 

 Volver al índice

 

Tenerife

 

Respiro en la noche

la dulce fragancia

de tus olores a tierra isleña,

atlántica, y una brisa musical

orea mi alma.

 

Tenerife, cantas a la libertad,

y abres tus brazos de mar

y arrecifes salitrosos,

para arropar en tu regazo

de tiempo añejo

a los que a ti se allegan.

Y lloras por los que se fueron...

Tenerife, tú los acunas a todos,

los de cerca y los de lejos,

y los impregnas de graznidos

y olor a mango y guayaba,

tomates y papas bonitas.

Aromas de monte y océano

besándose en la madrugada,

en cálida simbiosis y el silencio,

el silencio maravilloso,

que duermen cándidamente

tus valles y abruptos acantilados.

 

Tenerife, callada, plácida,

desprendida del tiempo y del ruido;

te has quedado durmiendo

unas horas milenarias,

y sueñas todavía con magas,

chácaras, timples, guitarras e isas.

 

Tenerife, musa de poetas,

lienzo de pintores,

red de marineros,

caracola de la mar...

 

Tenerife, canto del canario,

eco de los guanches,

bordado de sal.

Tenerife, remanso de paz,

donde los alisios

acarician al majestuoso Teide,

que se yergue apoyado sobre

nubes de algodón.

Y en sus faldas luce encajes

de plataneras, lava, picón, tajinaste,

dragos, vides y pino canario,

fuerte como la piedra.

 

Tenerife, de ojos azul marino,

cristalinos como tus aguas,

que otean el horizonte africano

y tus seis hermanas canarias,

quietas como tú,

emergidas de la inspiración creadora,

vestidas de sol y primavera,

de arenas negras,

blancas y doradas...

Engalanadas con guirnaldas

de retama, laurisilva y strelitzias.

 

¡Cuántos navíos viste desaparecer

en lontananza!

Cargados de piratas y conquistadores,

de comerciantes y aventureros

que te robaron de tu cofre

lo más valioso, tu corazón...

Pero a ti no te importa.

 

Tenerife, hermana de Venezuela,

madre de hijos amables, nobles

y hospedadores, aún confiados.

¡Sabes a miel que no empalaga,

a queso de almendras y mojo!

 

Tenerife, me enamoras...

Respiro en la noche

la dulce fragancia

de tus olores a tierra isleña,

atlántica, y una brisa

musical orea mi alma.

Y Dios me susurra al oído

que cuando Él regrese,

hijos suyos se levantarán

de tus entrañas

porque escucharon su voz.

 

Tenerife, ¡cuán doloroso me resulta

marchar y dejarte!

 

Volver al índice

 

Trabaja en el campo

 

Trabaja en el campo

esparciendo el grano,

a pobres y ricos

el mensaje da.

 

Lleva la esperanza

a hogares hundidos;

y a todo perdido

dirige a Jesús.

 

No hay obra tan noble,

tan grande y hermosa,

como la que hace

el buen colportor.

 

No le abate el viento,

ni la oscura noche;

confía en la gracia

que Cristo le da.

 

Y un día, las almas,

por él ayudadas,

en la eterna gloria

lo agradecerán.