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Arte, Amor y Amistad al Sur del Orinoco

Adentrarse al corazón de la selva es una experiencia inigualable que nos pone en contacto con Dios a través del más maravilloso libro de todos; el que salió de la boca del Creador. Aunque desdibujada por la acción depredadora del hombre aún conserva suficiente magnificencia para declarar la gloria de su Hacedor. El sur del Orinoco es una de esas maravillosas territorios que nos empequeñecen al compararnos con nuestro Padre Celestial pero también nos hacen saber que no estamos aquí por casualidad regalándonos dignidad como hijos suyos.

Viajar al sur de Orinoco representó la oportunidad de reencontrarme con viejos amigos que a pesar de no habernos visto por años el cariño no ha mermado sino que empiezo a disfrutar el gozo de la eternidad al servir de enlace para que mis nuevos amigos hagan lazos con los antiguos formando el ramillete que da sentido a mi existencia.

Estuvimos en la Gran Sabana donde Brasil, Guyana y Venezuela se funden, sin perder sus propiedades, en un crisol de riquezas naturales, culturas y lenguas autóctonas y europeas que hacen de esta una área cosmopolita que asombra a quienes esperan encontrar sólo arcos, flechas, guacamayas y mosquitos.

Desde Anaco pasando por Ciudad Guayana iniciamos la travesía que nos llevó a conocer la ruta del calipso y el oro; Upata, Guasipati, El Callao, Tumeremo, El Dorado y Las Claritas. Desde La Piedra de la Virgen y hasta Santa Elena de Uairén, pasamos por; Canaima, Salto Ángel, Kavanayen, Luepa, Salto Kamá, San Francisco de Yuruaní,  y Quebrada de Jaspe. No contentos con esto nos adentramos en tierra carioca y conocimos la fronteriza ciudad de Pacaraima.













La Amazonia es el corazón de Sudamérica y el pulmón del mundo. Hay muchos claros hechos por el hombre, sin embargo la Gran Sabana es una planicie que surgió de forma natural.

Decir que es una llanura sería una equivocación. Yo diría más bien que es un campo cubierto de onduladas crestas de terciopelo adonde Dios se recreó alzando penachos que luego rebajó tocándolos con la punta de su dedo índice y que al retirarse para visitar otros mundos dejó un caudal de tesoros a los hombres de piel tostada que deambulaban mirando las estrellas.

Sin malicia, se contentaban con tomar lo que necesitaban para su consumo hasta que llegó el hombre blanco para destruirlos a ellos y saquear lo que tenían en resguardo.

Desde entonces la resistencia indígena se ha mantenido para defender lo que les pertenece. Pero las armas y la malignidad de los conquistadores superaron con creces sus defensas arrebatándoles sus recursos y pisoteando su cultura llegando a veces hasta la extinción.

En este contexto llegamos a Santa Elena de Uairén, corroborando que la lucha de los aborígenes americanos sigue hoy más viva que nunca: El jueves, la misma noche en que llegamos, un apagón entenebreció la ciudad...

La causa había sido un brote indígena que se adentró en una zona en la que los criollos habían construido unas casas arrebatándoles sus tierras. Nos notificaron que como acto de defensa saquearon las instalaciones, desalojaron a los invasores y quemaron todo a su paso.

Nuestra visita coincidió también con la celebración del 12 de Octubre que marca el descubrimiento de América por Cristóbal Colón y que se hace llamar el Día de la Raza. Haber estado allí nos permitió apreciar que más que una celebración esta fecha debe ser más bien una conmemoración porque marcó el comienzo de la masacre contra la raza americana y de la lucha por su sobrevivencia.

Por tanto, no podría ser más acertada la decisión de cambiar el nombre de esa celebración por "Día de la Resistencia Indígena"

Ese día 12 de Octubre también se escuchó en la plaza Bolívar de Santa Elena la voz del caribe que reclama desde hace siglos sus derechos.

Nos llamó mucho la atención la belleza de la mujer indígena y la inteligencia de sus varones, la espiritualidad de su gente y el arraigo a su tierra. Es como que si nos dijeran que tierra y hombre son uno donde no se caza por deporte ni se tala por vanagloria.

El indígena pemón con su propia perspectiva del mundo exhibe cualidades creadoras que preservan su cultura ancestral y la armonía con su entorno fabricando sus útiles con lo que tienen a mano.

La arquitectura de sus chozas revelan la fuerza de la unidad  que se manifiesta en el círculo que quizá descubrieron en los cantos rodados de sus ríos o en la forma de los árboles. Quizá la forma de sus techos sea el intento de colocar sombreros a los tepuyes; una reminiscencia del recuerdo de cuando el dedo divino quitó los picos a sus montañas para hacerlas singulares.

Mirar sus aldeas, verles andar, oírles hablar y cantar nos hizo admirarles y entender que no tienen nada de que avergonzarse; sí mucho de qué sentirse orgullosos.

Esa es la tierra y esas son las cualidades de los amigos con quienes compartí mi juventud. Los conocí cuando abandonaron su hogar para descubrir el mundo inhóspito del hombre blanco; estar allí me hizo sentir que había dejado pasar inadvertidamente la oportunidad de disfrutar de su paraíso, de enamorarme de una de sus doncellas, y agradecí porque no se me fue la vida sin antes degustar tan delicioso tumá.1

1 - Sopa indígena de vegetales y carne de muy delicioso sabor que se consume con casabe. (Ver archivo adjunto)

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En nuestra primera entrevista radial de mi boca saltó un saludo para mis amigos, no dejé de lado la promesa hecha a Vashti Mitchel, una de las pocas pemonas viviendo en Estados Unidos, de saludar a su gente.

Esas palabras fueron escuchadas muy pronto y los amigos se apersonaron en la Sala de Sesiones del Consejo Municipal para apreciar a su amigo más que a su exposición: Kith Mitchell nos encontró en la calle, luego vinieron Lino Páez, Samuel Fernández, Juan Williams, Rita Sáez y sus familias que hicieron un buen combo.

Juntos, entre risas, abrazos y besos saboreamos, el tumá. Mis compañeros de viaje disfrutaron la bienvenida haciendo cada quien su parte para obsequiar y recibir alegrías.
Buena fue la oportunidad para visitar la aldea de Maurak y el Colegio Gran Sabana donde pudimos conversar con alumnos y profesores.

Más amigos indígenas nos recibieron, entre ellos Edwin Sosa, profesor de la institución, colocó una corona en mi frente en señal de amistad diciéndome que era una persona importante.

Monte Roraima
Grasmari Yánez, Kieth Mitchell, Ítalo Violo
Junto a Damelis Castillo, Coordinadora de Cultura del Estado Bolívar, y a Jaime, cantante indígena yecuana de música ancestral.

Compartiendo con Samuel Fernández
Entre amigos: Roger Lezama, Rita Sáez, Juan Williams e hijas de Lino Páez.
Lino Páez y esposa
¡Qué orgullo! Poder compartir con el ingeniero Juan Williams quien siempre brilló por su excelente carrera académica y ahora lo hace como profesional, valor indígena de Venezuela y su esposa Rita Sáez, enfermera con vocación cristiana.
Compartiendo con Edwin Sosa
Gabriel Manzano acompañado del candor y la belleza de una niña guayanesa.
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Italo Violo,
05/11/2009 13:00