Los cetáceos (ballenas, rorcuales, yubartas, cachalotes, delfines, orcas, marsopas, zifios, calderones, narvales y belugas) son los mamíferos mejor adaptados a la vida marina. Tras el reciente descubrimiento del rorcual de Omura [Balaenoptera omurai], un rorcual de 12 metros de longitud, semejante al rorcual común [Balaenoptera physalus], aunque de menor tamaño, que fue capturado por primera vez en los años 70 del pasado siglo, pero que sólo ahora, en 2003, se ha identificado como una nueva especie, no es descabellado pensar que los océanos pueden albergar aún cetáceos desconocidos. Algunos, de enorme tamaño, se conocen desde la antigüedad con el nombre genérico de serpientes de mar. Pero, dejando éstas de lado, existen indicios de la existencia actual o reciente de una docena de especies menos espectaculares pero no por eso menos interesante. La orca negraEntre 1840 y 1843, los barcos británicos Erebus y Terror exploraron el Océano Antártico. Durante esta expedición, tanto el capitán del Erebus, Sir James Clark Ross (1800-1862), descubridor del polo norte magnético, como el naturalista Robert McCormick (1800-1890) pudieron observar unos cetáceos desconocidos de seis a nueve metros de longitud, similares a la orca [Orcinus orca], aunque con la cabeza más redondeada. Estos cetáceos se caracterizaban por una aleta dorsal desproporcionada, de alrededor de un metro de altura, recta, estrecha y puntiaguda. Tenían el dorso completamente negro, y blanca la parte inferior de la boca. Años más tarde, sendos científicos británicos de las dos expediciones antárticas de Robert Falcon Scott (1868-1912) confirmaron las observaciones de Ross y McCormick. El naturalista Edward Adrian Wilson (1872-1912) vió estos cetáceos en dos ocasiones, en enero y febrero de 1902, durante la primera expedición. En la segunda expedición, de trágico final (el mismo Wilson fue uno de los cinco hombres que murieron en el infructuoso intento de conquistar el Polo Sur), el biólogo Denis Gascoigne Lillie (1888-1963) pudo observarlos en diciembre de 1910 y febrero de 1911.
Los cetáceos observados por Wilson en 1902. (De Antarctic mammalia, en National Antarctic expedition [1907].) En 1964, los cetólogos Anelio Aguayo Lobo, Sergio Basulto del Campo y Robert Clarke lograron fotografiar varios de estos animales cerca de Chile; los identificaron como pertenecientes a una nueva especie, bien del género Pseudorca, como la orca bastarda [Pseudorca crassidens], o bien del género Grampus, como el calderón gris [Grampus griseus]. También puede ser una nueva especie de orca, del género Orcinus. Resulta poco probable que se trate de orcas melánicas, puesto que las observaciones suelen refererirse a grupos enteros de estos cetáceos, no a individuos aislados. Los cetáceos de Mörzer BruynsWillem Frederick Jacob Mörzer Bruyns, capitán de la marina mercante holandesa, publicó en 1971 una guía de campo de ballenas y delfines en la que, basándose en sus propias observaciones, describe cuatro especies de cetáceo todavía no catalogadas. La primera de ellas, la ballena de Alula, es una especie de orca de seis a siete metros de largo, de color pardo o negro con manchas claras en forma de estrella, y con una aleta dorsal de 60 centímetros. Pudo observarla en varias ocasiones en el este del golfo de Adén, al norte de la ciudad somalí de Alula o Caluula. En el mar de Mindanao (Filipinas), cerca de la ciudad de Iligan, Mörzer Bruyns observó un delfín, al que llamó delfín de Iligan, semejante en forma y tamaño al calderón menor [Peponocephala electra], pero con el lomo pardo, los flancos amarillos y el vientre rosa. El delfín griego, observado a menudo en aguas helenas, es similar al delfín listado [Stenella coeruleoalba], del que se diferencia por la ausencia del característico dibujo en forma de arnés de éste. El último de los cetáceos de Mörzer Bruyns, el delfín de Senegal, ha sido también observado por investigadores del Institut Fondamental d'Afrique Noire de Dakar. Se diferencia del delfín manchado tropical [Stenella attenuata] en que el dorso es de color más parduzco y los flancos más blancos. Parece abundante en las costas de Senegal. El narval australEn varias ocasiones, al menos desde el siglo XVII, se ha observado en el Atlántico sur un cetáceo con un largo colmillo en forma de cuerno, como el narval [Monodon monoceros] del Ártico. En el Journal ou description du merveilleux voyage de Guillaume Schouten, Hollandois natif de Hoorn, fait ès années 1615, 1616 & 1617 (1619), el navegante holandés Willem Cornelisz Schouten (c.1567-1625), que formaba parte de la expedición de Jacob Le Maire (1585-1616) que descubrió el Cabo de Hornos, relata cómo, el 5 de octubre de 1615, en aguas del Atlántico, cerca del Ecuador, uno de los barcos sufrió un violento choque. Cuando se pudo revisar el casco del barco, se encontró clavado bajo la línea de flotación un trozo de "cuerno de forma y grosor como el extremo de un diente de elefante" de unos treinta centímetros de longitud. Un comerciante normando, Augustin de Beaulieu, observó dos de estos animales, que comparó con marsopas, cerca de la costa de África, a 31º de latitud sur, el 3 de febrero de 1620. Además, en Mémoires du voyage aux Indes orientales du général Beaulieu, dressés par luy-mesme (1696), afirma haber visto con sus propios ojos en el gabinete de curiosidades de Monsieur de Villars-Houdan, gobernador de Dieppe, un trozo de marfil de trece centímetros de longitud y cerca de cuatro de diámetro que había sido recuperado del casco de un barco después de chocar éste con un animal desconocido entre Brasil y el cabo de Buena Esperanza. Este fragmento no podía pertenecer a un narval, puesto que no estaba enrollado sobre sí mismo, sino que era liso. Otra observación, relatada por el artista y viajero escocés William Gordon Burn-Murdoch (1862-1939) en su libro From Edinburgh to the Antarctic: an artist's notes and sketches during the Dundee Antarctic expedition of 1892-93 (1894), ocurrió el 17 de diciembre de 1892 en aguas del estrecho de Bransfield, en el océano Antártico. Los marineros del Balaena, dedicado a la caza de la foca, vieron en el agua los cuernos de varios de estos animales. Las descripciones se refieren a un cetáceo esbelto de unos tres metros de largo, de color azul oscuro, con grandes aletas pectorales y dorsal y un cuerno liso y afilado de medio metro de longitud. No puede tratarse de un narval, puesto que éste cetáceo es de mayor tamaño, de 4 a 5 metros de longitud, y de color grisáceo; además, carece de aleta dorsal y su colmillo, como ya se ha dicho, está enrollado helicoidalmente; por otra parte, el narval raras veces se encuentra al sur del Círculo Polar Ártico, y nunca ha sido observado más al sur del estrecho de Gibraltar. Tampoco puede ser un pez espada [Xiphias gladius] u otro miembro de la familia de los xífidos; estos peces, habituados a aguas cálidas y templadas, y dificiles de confundir con una marsopa, no se encuentran en el Océano Antártico, y su espada es de hueso, no de marfil. En los mares antárticos existen muchas formas animales similares a las de los mares árticos; es el caso de los pingüinos del hemisferio sur y las alcas del norte. El fenómeno evolutivo de convergencia explica la semejanza entre las faunas de las dos regiones circumpolares. No se conoce ningún animal antártico semejante al narval en la actualidad, pero el largo diente de éste no es un caso único en la historia evolutiva de los cetáceos: En 1977, el paleontólogo Ewan Fordyce, de la universidad neozelandesa de Otago, descubrió en Nueva Zelanda un delfín fósil del mioceno, de unos cinco metros de largo, dotado de un largo diente de unos treinta centímetros de longitud. Y en Perú se han encontrado los restos de Odobenocetops, un cetáceo del plioceno de dos metros de longitud con unos largos colmillos que le daban el aspecto de una morsa. Physeter tursioBautizado en 1758 por Carl von Linneo (1707-1778), el padre de la taxonomía, este cachalote, observado en los mares de Escocia y las Shetland durante el siglo XVII y descrito por el naturalista Sir Robert Sibbald (1641-1722) en 1692, no ha sido nunca capturado. Es (o era) un gran cetáceo de quince a dieciocho metros de longitud, dotado de dientes solamente en la mandíbula inferior como el cachalote común [Physeter catodon], del que se distingue por su larga aleta dorsal, semejante a una vela de trinquete. El delfín rinoceronteEn 1819, dos naturalistas franceses que formaban parte de la expedición alrededor del mundo de Louis Claude de Saulces de Freycinet (1779-1842) de 1817 a 1820, Jean-René Constant Quoy (1790-1869) y Joseph Paul Gaimard (1793-1858), observaron en el Océano Pacífico, entre Hawaii y Australia, un banco de delfines de unos tres metros de longitud dotados de una aleta dorsal suplementaria a la altura de la nuca. La parte superior de los animales, hasta la segunda aleta dorsal, estaba manchada de blanco y negro. La observación de un grupo entero de estos extraños cetáceos excluye en principio la posibilidad de que se produjera una confusión por la que las aletas de dos animales muy juntos parecieran pertenecer al mismo animal. Aunque no se conoce ningún cetáceo con dos aletas dorsales, nada impide que un tal animal pueda existir: La aleta dorsal de los cetáceos no tiene esqueleto, y sirve de estabilizador; hay cetáceos que carecen absolutamente de ella, como el cachalote común. Los dos naturalistas franceses bautizaron a estos cetáceos con el nombre de Delphinus rhinoceros. Sin embargo, no está claro que pertenezcan a la familia de los delfínidos; por su tamaño y por el hecho de vivir en grupo, se puede decir al menos que se trata muy probablemente de cetáceos odontocetos; el criptozoólogo Michel Raynal ha propuesto para ellos el nombre de Cetodipterus rhinoceros. Aunque probablemente no representan al mismo animal, existen unas figurillas de terracota del siglo III a.C., procedentes del sur de Italia, en forma de delfines con dos aletas dorsales. Amphiptera pacificaEl 4 de septiembre de 1867, el naturalista italiano Enrico Hillyer Giglioli (1845-1909), a bordo del vapor Magenta, que navegaba entonces cerca de la costa sudamericana del Pacífico, entre El Callao y Valparaíso, pudo observar minuciosamente, durante un cuarto de hora, un cetáceo misticeto con dos grandes aletas dorsales triangulares separadas unos dos metros, que posteriormente bautizó con el nombre de Amphiptera pacifica. Se trataba de un cetáceo alargado de unos dieciocho metros de longitud, semejante a un rorcual, aunque carecía de los característicos pliegues gulares y ventrales de éstos. La cabeza, convexa en su parte superior, no era más grande que el cuerpo, y se estrechaba hacia el hocico, que sin embargo era relativamente ancho y obtuso, con la mandíbula inferior ligeramente prominente. Las barbas eran negruzcas y los ojos, pequeños. Los espiráculos se situaban en una depresión; soplaba con un ruido largo y profundo, que duraba unos diez segundos, cada dos minutos. Las aletas pectorales eran largas y falciformes. La región caudal era estrecha. La piel, de aspecto aterciopelado, era de color gris verdoso en el lomo, más oscuro en la cabeza y en las aletas, y blanco grisáceo en el vientre. Varios zoólogos han propuesto que el animal descrito por Giglioli no era más que una anomalía teratológica, un rorcual afectado por una malformación. Pero las diferencias entre la ballena de Giglioli y los rorcuales conocidos son tantas que obviamente debe tratarse de una nueva especie. Además, en otras dos ocasiones se han observado cetáceos semejantes. En 1898, el Daily Mail publicó que en el mes de octubre de ese año, cerca de Stonehaven (Escocia), el capitán y la tripulación del pesquero Lyly observaron a menos de cincuenta metros de distancia una ballena de color azulado de más de veinte metros de longitud, con la cabeza aplanada y dos aletas dorsales semejantes a las velas de un barco pequeño, con una joroba detrás de una de ellas. Y, según el zoólogo francés Jacques Maigret, conservador del Museo Nacional de Historia Natural de París, el 17 de julio de 1983, en el Golfo de León (Mediterráneo occidental), la tripulación de un velero pudo ver un gran animal, distinto de un rorcual, que seguía al barco; tenía dos aletas dorsales, la cabeza trapezoidal y el vientre blanco. Otros cetáceos desconocidosEn noviembre de 1844, durante un viaje desde Gran Bretaña a Jamaica, el naturalista y divulgador británico Philip Henry Gosse (1810-1888) pudo observar en medio del Atlántico un banco de zifios que acompañaron al barco durante diecisiete horas. Se trataba de animales de unos nueve metros de longitud, con el hocico alargado, la aleta dorsal pequeña, y el lomo negro y el vientre y las aletas pectorales blancos. Probablemente se trata de una especie desconocida del género Mesoplodon. En aguas de Chile se ha observado una pequeña marsopa desconocida, de un metro de longitud, con el dorso pardo y el vientre blanco.
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