1. Introducción Orar es dialogar con Dios, pero para conversar con él necesitamos escucharlo. Dios nos habla de manera especial a través de su palabra. Es escuchándolo como recibimos su amor misericordioso, su llamado a vivir cerca de él y su invitación a colaborar en la misión de Jesús. Su palabra nos da a conocer sus designios maravillosos para nosotros y nos ayuda a descubrir el sentido de nuestra vida. La otra parte de la oración es nuestra respuesta a Dios, la cual no se da sólo en los momentos en que oramos, sino que se extiende a la vida entera. De esta manera nuestras actividades diarias se convierten también en oración. Para vivir en unión con Dios necesitamos orar tanto individualmente como en comunidad. La oración personal nos permite dialogar íntimamente con nuestro Creador, estrechar nuestra relación con Jesús y gozar con la acción del Espíritu Santo en nosotros. La oración comunitaria refuerza nuestra fe, nos ayuda a dejarnos guiar por la palabra de Dios, nos exige autenticidad ante nuestros hermanos, nos une con la comunidad eclesial en todo el mundo y con la iglesia triunfante que ya goza de la eternidad de Dios. PREPARACIÓN PARA ORAR CON LA PALABRA DE DIOS Leer la Biblia no es como la lectura de cualquier otro libro. La disposición que tengas y la actitud que asumas son vitales cuando lees la Sagrada Escritura. Al orar con la Biblia compartirás la experiencia de muchos hombres y mujeres a través de los tiempos. Entrarás en ese gran cuadro donde muchos han trazado su propia obra de arte al haberse encontrado con Dios, un Dios vivo que ama, que opta por cada uno de nosotros y que nos llama a ser constructores de su reino, profetas de esperanza. Por eso necesitamos pensar seriamente en nues¬tra actitud en el momento de embarcarnos en la gran aventura del diálogo con Dios por medio de la Sagrada Escritura. Las siguientes recomendaciones te ayudarán en tu peregrinación por las páginas de la Biblia. Te invitamos a descubrir nuevas maneras de prepararte para leer y orar con el texto, y a que las compartas con tus compañeros. ENAMÓRATE DE DIOS Oh Dios, tú eres mi Dios, desde el amanecer te deseo; estoy sediento de ti, a ti te anhelo en una tierra sedienta, reseca, sin agua. Tu amor vale más que la vida, te alabarán mis labios (Sal 63 2.4). Ten un espíritu abierto, deseoso, con hambre de una palabra de esperanza y vida. Observa una postura externa y una actitud interna que sean congruentes con lo que estás haciendo. Apártate un poco del ajetreo cotidiano de la vida; busca una habitación tranquila, un lugar donde te sientas a gusto y en el que nadie te moleste. Dedica tiempo suficiente para estar en compañía de Dios y su palabra, sin prisa ni distracciones, sin pensar en otros compromisos o tareas que necesitas hacer. ABRE TU CORAZÓN AL ESPÍRITU SANTO Éste es mi siervo, a quien elegí; mi amado en quien me complazco; derramaré mi espíritu sobre él, y anunciará el derecho a las naciones (Mt 12 is). Comienza con una oración al Espíritu Santo para que derrame paz y so¬siego sobre ti durante los minutos que dedicarás a la oración con las lecturas bíblicas, y pídele que abra tu espíritu y corazón al mensaje que Dios te co¬municará. Da gracias a Dios por la amistad y por ese momento tan especial. «Si alguno ama a Dios es porque ha sido conocido amorosamente por Dios» (1 Cor 8 3). CELEBRA LA GRANDEZA DE TU SER El Señor tu Dios está en medio de ti, él es un guerrero que salva. Dará saltos de alegría por ti, su amor te renovará, por tu causa bailará y se alegrará, como en los días de fiesta (Sof 317). Cuando surge una luz en la meditación de algún pasaje bíblico, detente en él para que la luz no se desvanezca y se extinga; medita con calma las pala¬bras, anótalas o, incluso, apréndelas de memoria. Así esas palabras te podrán acompañar a lo largo de tu vida. HAZ DE TU VIDA UNA HISTORIA DE LA SALVACIÓN El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha envia¬do a dar la buena nueva a los pobres, a sanar a los de corazón destrozado, a proclamar la liberación a los cautivos y a los prisioneros la libertadas 611). Haz vida la liberadora historia de Dios con la humanidad. Quien descubre el actuar de Dios entre los hombres y mujeres en la historia, la liberación incesante de situaciones sin salida, experimentará también la acción liberadora y orienta¬dora de Dios. ENTRA AL DESIERTO El ángel del Señor dijo a Felipe: -Ponte en camino hacia el sur por la ruta que baja de Jerusalén a Gaza a través del desierto (Hch 8 25). Atrévete a marchar al desierto. Habrá trechos de camino en que sientas sed, momentos de sequedad espiritual, aridez emotiva y palabras vacías. Entonces hay que aguantar firme, aunque parezca que no tienes nada. Te asombrarás al descubrir en tu vida que, al igual que en muchos relatos bíbli¬cos, el desierto es precisamente el lugar donde tendrás un encuentro con Dios. ¡DÉJATE TRANSFORMAR POR SU AMOR! ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la angustia, la perse¬cución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? (Rom 835). Escucha el llamado a la conversión. La palabra de Dios nos compromete siempre. Dios, cuando nos habla, exige que nuestra vida cambie, que renuncie¬mos a las cosas que nos atan, que echemos por la borda las cargas excesivas, a fin de que pueda llegar la liberación. De esta manera podrás hacer lo que la palabra exija de ti. Dios no quiere gente que se limite a oír sino que ponga en práctica su palabra (Sant 1 22). «Por el amor que se tengan los unos a los otros reconocerán todos que son discípulos míos» (Jn 13 35). FINALMENTE... Recuerda que éstas son sólo recomendaciones para ayudarte a tener un buen diálogo con Dios. Lo más importante es que continúes tu aventura del encuen¬tro con el Señor, cada vez con más alegría y ánimo. ORACIÓN INDIVIDUAL Haz el propósito de leer diariamente la Biblia con el fin de crecer en tu relación con Dios y tu vida cristiana. Hay muchas maneras de orar con la palabra de Dios. Una de ellas es la Lectio Divina (Lectura Divina), que ha llevado a muchas personas a la santidad. El siguiente modelo te enseñará a orar con la Sagrada Escritura: Forma un ambiente de recogimiento. Pide al Espíritu Santo que disponga tu corazón para escuchar a Dios. Examina el texto. Observa la situación histórica, el autor y los géneros literarios para comprender su mensaje y no hacer una interpretación apresurada del texto. Y la palabra te une a Dios. Orar con la Biblia es establecer una relación con Dios, no es estudiar una materia más. Vibra con el mensaje. Imagínate en esa situación, participa de los sentimientos y pensamientos de los personajes, mira la acción amorosa de Dios en ellos. Identifica lo que Dios quiere decirte. Lo importante es la actualización de la palabra y darse cuenta de que es a ti a quien Dios dirige su mensaje. Dialoga con Dios al responder a su palabra. Comunícale tus reacciones, temores y esperanzas, y dale una respuesta concreta a lo que te ha dicho. Aplica la oración a tu vida. La palabra de Dios dará fruto en ti si te ayuda en tu proceso de conversión y crecimiento espiritual, y te conduce al compromiso de continuar con la misión de Jesús. 2. Oración en la Comunidad Leer y orar en comunidad con la Biblia es responder a Dios que habla a su pueblo. Esto se puede hacer en reuniones de grupos juveniles, en retiros, en pequeñas comunidades y en grupos de oración. Para que la reflexión y oración en comunidad den fruto, es conveniente seguir un plan determinado, tener una mínima organización comunitaria y prepararse bien. El animador debe estudiar y orar con el texto seleccionado previamente, para asegurar su sana interpretación. En la reunión guiará el proceso y cuidará de que todos participen. Periódicamente hay que evaluar el proceso de re¬flexión y oración para mejorarlo. Se recomienda seguir los siguientes pasos para la reflexión y oración en comunidad: 1. Proclamar el texto. Una persona lee en voz alta el pasaje. Las otras la escuchan o siguen en silencio la lectura del texto en su propia Biblia. 2. Analizar el texto. En parejas, identificar el contexto histórico de la lectura, los destinatarios, la intención del autor y el género literario. Ubicar el texto en el libro bíblico, en el capítulo en que se encuentra, y su relación con los pasajes anteriores y posteriores. 3. Reflexionar personalmente. Se ofrece un tiempo de silencio, para que todos profundicen la palabra e identifiquen las ideas más importantes. Pueden volver a leer individualmente el texto en su Biblia. 4. Descubrir el corazón del mensaje. Todos oran en silencio, buscan lo que quiere Dios comunicar a la comunidad y comparten lo que Dios les inspiró. En espíritu de consenso, se descubre el mensaje para la comunidad. Si hay un mensaje importante para sí mismo, se conserva para la oración personal. 5. Orar con el texto y saborearlo. Se hace un momento de oración para que todos lleven a su corazón el mensaje de Dios. Esta oración permite que la palabra penetre en el interior de cada uno, los llene de gozo y de paz, los consuele y desafíe a la conversión. 6. Iluminar con el mensaje la vida de la comunidad. Todos reflexionan para ver su realidad desde la perspectiva de Dios: ¿qué sucede en nuestro ambiente? ¿Cómo lo ve Dios? 7. Identificar las acciones que pide Dios. La comunidad dialoga sobre el llamado de Dios en este texto: ¿Qué actitudes nos pide Dios que cambiemos o que adquiramos? ¿Qué acciones debemos realizar? Se sugiere encontrar un símbolo o escribir un lema para recordar y vivir el compromiso de esta reunión. 8. Celebrar la palabra de vida. La celebración es el punto culminante de la reflexión comunitaria. Dios se comunicó con la comunidad mediante su palabra para hacernos fieles seguidores de Jesús. En cada reunión se escoge lo más apropiado, de forma espontánea: expresar una acción de gracias, pedir perdón, ofrecer la vida..., y se entona algún cántico apropiado. Además, conviene ofrecer de forma simbólica el compromiso asumido; pedir a Dios la gracia de vivir su palabra e invitar a María para que nos ayude a ser fieles seguidores de su Hijo. 3. El método de la Lectio Divina Introducción Lectio Divina es una expresión latina que literalmente significa «lectura de Dios». Es una frase muy antigua que busca expresar lo que el subtítulo que aquí la acompaña nos señala: «lectura orante de la Biblia». Se trata de acercarnos a la Biblia, a la Palabra de Dios, no por simple curiosidad o por mero estudio, sino para orar con ella, rezar con sus textos, en definitiva, dialogar y crecer en intimidad con el mismo Dios que habla hoy en la Sagrada Escritura. Desde épocas antiguas, los maestros judíos enseñaban a los demás a reflexionar con el texto sagrado, para escuchar a Dios y poder así responder religiosamente a las distintas circunstancias de la vida. Jesús mismo, cuando presenta su ministerio en el Evangelio según san Lucas, utiliza un texto del libro de Isaías aplicándolo a su propia vida: «Hoy mismo se ha cumplido la Escritura que ustedes acaban de oír» (Le 4.21). En tiempos posteriores, con el desarrollo de la novedad de la Encarnación del Hijo de Dios, Jesucristo Señor y Salvador, la primitiva comunidad cristiana profundizó esta lectura espiritual de la Biblia. Fue más tarde, en el marco de la vida de los monjes, cuando esta práctica de «lectura orante» recibió el título «oficial» de Lectio Divina. Desde allí, se fue extendiendo a la vida de todos los creyentes en las diversas comunidades cristianas, no sin marchas y contramarchas. En la actualidad se ha convertido, gracias a Dios, en una práctica recomendada, estimulada y enseñada por los pastores, coordinadores, catequistas y dirigentes de la Iglesia. Definición de la Lectio Divina Muchos autores de espiritualidad, antiguos y actuales, dan diversas definiciones de Lectio Divina. Algunas son más concisas y sucintas, otras más amplias y desarrolladas. Todas son útiles y se complementan. El Papa Benedicto XVI, en su mensaje anual a los jóvenes, en febrero de 2006, les dijo: «Una vía muy probada para profundizar y gustar la Palabra de Dios es h Lectio Divina, que constituye un verdadero y apropiado itinerario espiritual en etapas». Es una frase escueta pero clara y precisa. Parte de lo que es el objetivo de la Lectio Divina: «profundizar y gustar la Palabra de Dios», para luego señalar lo que sería la definición en sí: «un verdadero y apropiado itinerario espiritual en etapas». Es importante tener presente estas reflexiones de Benedicto XVI. Para los creyentes representa un gran desafío. En primer lugar se nos invita a profundizar y gustar la oración con la Escritura, sabiendo que la Escritura es nada más y nada menos que la misma Palabra de Dios que nos interpela, nos corrige, nos anima, nos desafía, nos consuela y nos lleva al encuentro íntimo con el mismo Señor Jesús. Recordemos el viejo adagio de san Jerónimo: «El desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo». En segundo lugar, sabemos que la oración con la Sagrada Escritura es el más apropiado itinerario de crecimiento espiritual. Es fundamental tener presente que en dave cristiana, la base de una auténtica y verdadera espiritualidad, está marcada por oración con los Textos Sagrados. La Biblia es la Palabra de Dios y esto le da un lugar absolutamente destacado e incomparable. En la Escritura nos habla de manera clara y privilegiada, hoy y siempre, el mismo Dios. Los pasos de la Lectio Divina Se nos dice que la Lectio Divina es un «itinerario espiritual en etapas». Estas etapas tienen que ver con la metodología propia de la lectura orante de la Biblia, que se sintetiza en una serie de diversos pasos o peldaños. Los distintos autores de espiritualidad reconocen de tres a ocho escalones según clasifiquen, sinteticen, recorten o amplíen cada uno de los momentos. Esto no significa que los planteos se contrapongan, simplemente son distintas maneras de agrupar los pasos. Aquí presentamos la Lectio Divina en cinco peldaños: lectura, meditación, oración, contemplación y acción. 1 Lectura La lectura es el primer escalón de la Lectio Divina y exige que elijamos de antemano el texto con el cual queremos orar. Es necesario serenamos internamente para leer la Biblia como lo que realmente es: Palabra de Dios. No es ni un periódico, ni una revista, fti una simple novela... Por eso, es absolutamente necesario, invocar al Espíritu Santo antes de comenzar nuestra lectura. La acción del Espíritu en el corazón del creyente hace que la Palabra, escrita muchos siglos atrás, sea realmente viva y eficaz hoy para su vida. La lectura debe ser sumamente reposada. Hay que mirar y examinar todos los elementos que aparecen en el texto: los personajes con sus actitudes, los lugares y tiempos que se mencionen, el género literario (parábola, milagro, discurso, controversia, etc.). Todos estos aspectos están al servicio de la lectura como primer paso de la Lectio Divina. Todo el proceso del primer peldaño apunta a responder a una única pregunta: ¿qué dice el texto? Con sus personajes, tiempos, lugares y con todos los elementos que el texto me brinde debo descubrir qué valores, desvalores o situaciones pone a consideración: verdad, infidelidad, justicia, miedo, esperanza, pecado, alegría, fracaso, amor, desaliento, compromiso... 2. Meditación En este segundo paso somos nosotros los que «ingresamos» en el texto. Por eso la pregunta que guiará este momento será ¿qué me dice el texto? Puede ser una respuesta personal cuando se reza de manera individual (¿qué me dice a mí?), o comunitaria cuando se ora en grupos (¿qué nos dice a nosotros?). En este peldaño «entramos» en la escena del texto. Ya no lo miramos como se mira un cuadro, «desde fuera» (lectura), ahora somos parte del relato, estamos en él. La tarea de este paso consiste en responder con sinceridad: ¿qué me dicen a mí, qué nos dicen a nosotros los valores y desvalores encontrados en el texto? Cómo vivo yo o cómo vivimos nosotros los aspectos y situaciones presentados en el relato. Es decir, qué hay o puede haber de verdad, infidelidad, justicia, miedo, esperanza, pecado, alegría, fracaso, amor, desaliento, compromiso... en nuestra vida. 3. Oración El tercer paso está marcado por la pregunta: ¿qué le digo al texto? Se trata de lar una primera «respuesta» al texto bíblico leído y meditado. Respuesta al «texto» que en realidad es Dios mismo presente en su Palabra. La Biblia me dio pistas para mi reflexión personal y comunitaria en determinados aspectos: qué respondo, qué respondemos... en definitiva: ¿cómo reacciono ante la Palabra de Dios? La respuesta de la oración no es única, ni matemática, ni igual para todos. Tiene que ver con la sensibilidad del creyente y con lo que Dios haya suscitado en su corazón. Puede adquirir un matiz de alabanza interior y exterior, puede estar marcada por un profundo silencio de agradecimiento, puede explotar en llanto de dolor y de cruz por las dificultades o por el mismo pecado de nuestras vidas, puede ser una actitud de ofrecimiento sereno y generoso de intenciones y súplicas por la realidad orada, puede ser la recitación de un Salmo o de alguna oración vocal conocida. No hay una única expresión. Dependerá del texto leído y meditado cada vez, y de la situación particular de los creyentes que oran. 4. Contemplación Los tres pasos anteriores estuvieron claramente marcados por el esfuerzo de nuestra inteligencia y nuestra voluntad al servicio de leer, meditar y orar la misma Palabra de Dios que nos habla hoy. Ahora, en el momento de la contemplación, se trata de unificar todo lo trabajado ante la presencia misma de Dios, que si bien está siempre en el corazón del creyente en todo el proceso de la Lectio Divina, en este paso se toma conciencia de una manera más intensa y particular. Lacontemplación,másqueunpasoesun estado. Estado que no depende directamente de nuestro esfuerzo sino fundamentalmente del don de Dios. La contemplación nos permite experimentar de manera clara la presencia en nuestra vida de un Dios que nos ama, nos orienta, nos consuela, nos cuida y nos contiene más allá de las dificultades que podamos tener en el camino de nuestra existencia. La contemplación de Dios, en el marco de la Lectio Divina, nos ilumina para discernir en nuestra vida según la voluntad del mismo Dios y nos da las fuerzas necesarias para decidirnos siempre por el bien, la verdad, la auténtica religiosidad, el perdón, la compasión, la justicia y por todos los valores del Reino de Dios. Por eso, luego de haber leído, meditado y orado, debemos poner todo lo reflexionado ante la presencia sanadora, gratuita y misteriosa de Dios. Para aprender a «gustar», desde nuestra propia interioridad, la intimidad y diálogo, que podemos establecer con él. De este encuentro gratuito en intimidad y diálogo, brotarán las decisiones firmes de vivir los valores del Reino de Dios en las realidades de cada día. 5. Acción La Lectio Divina debe ser un ejercicio gratuito de encuentro con el Señor a través de su Palabra. Este encuentro con Dios, si es auténtico y sostenido, llevará a un necesario cuestionamiento en el modo de actuar para que cada día sea más conforme el querer divino. Toda oración cristiana que sea verdadera debe llevar inexorablemente a un compromiso concreto en el actuar cotidiano. La Lectio Divina participa de esta dinámica: lo leído, meditado y orado con la Palabra puesto con humildad ante el mismo Dios a través de la contemplación, nos interpela y urge para que actuemos en la vida conforme a esa experiencia. Es interesante poner este último paso como «parte» de la Lectio Divina. Bien entendido, este peldaño, nos ayuda a superar una cierta ambivalencia que suele darse a veces en el ámbito cristiano: separar y poner por un lado la oración y por otro la acción, por un lado la espiritualidad y por otro el compromiso, por un lado a Dios y por otro al prójimo. La Lectio Divina conecta de manera clara ambos polos de una misma realidad que no puede separarse: el compromiso, el amor a Dios y al prójimo (cf. Me 12.28-34). Conclusión La dinámica de la Lectio Divina nos invita a ser responsables y cuidadosos con el método, para sacar el mayor provecho del ejercicio de reflexión con la Palabra. Pero no debemos olvidar que el método está al servicio del diálogo con Dios y no al revés. De nada servirá hacer muy bien los pasos si pierdo de vista el objetivo que es rezar con el Señor, entrar en intimidad y diálogo con el Salvador. Por otra parte, no hay que considerar los pasos como compartimentos cerrados. Cuando se está haciendo la lectura pueden aparecer elementos de otros peldaños. En caso de ser así habrá que retener lo que ha surgido para plasmarlo en el momento que corresponda. No es fácil tampoco delimitar el paso de la lectura a la meditación y, aún menos, de la meditación a la oración y de esta a la contemplación. No hay que perder de vista que lo importante es orar con la Biblia para descubrir a Dios, que hoy también me habla y nos habla. Para describir la Lectio Divina algunos autores suelen utilizar la imagen de la trasfiguración del Señor (rf Me 9.2-10). Se trata de subir al cerro, a través de la lectura, la meditación y la oración, para contemplar en la cima la gloria de Dios. Nutridos por esta presencia gloriosa, se baja del cerro al llano de la acción cotidiana. <<INICIO |

