Poesía Imaginaria



Antología de
poesía
Imaginaria



Edición de
Carlos Martínez Aguirre

 

Galaxia Imaginaria



Esta pequeña antología de poesía imaginaria reúne poemas relacionados con los mundos de la fantasía, el cómic, los mitos históricos o literarios, la ciencia ficción, y todas las cosas que me divierten. Algunos poemas son míos, otros de buenos amigos, y otros de poetas de distintas épocas a los que admiro.

Cuando comencé a reunir poemas para esta antología, me he dí cuenta de que había muchísimos poemas maravillosos que tendrían aquí su sitio, sobre todo en las secciones de literatura fantástica y mitos. No tan numerosos son los que he encontrado sobre cómics o ciencia ficción.

Una brillante excepción es la obra de mi admirado Alvaro Tato Libro de Uroboros (Ed. Hiperión, 2000), donde hay una sensacional sección dedicada al mundo del cómic. Aunque me ha autorizado a incluir aquí sus poemas, no he querido abusar; espero que con la muestra que he seleccionado os bastará para convenceros de que es un libro imprescindible para los amantes del cómic y la poesía.

Más conocida es la poesía de Luis Alberto de Cuenca. Muchos de sus poemas están inspirados también en el mundo del cómic. Aquí he puesto algunos de mis favoritos. Hay más que espero que vosotros mismos descubráis en sus estupendos libros. Desde luego todos son recomendables. Personalmente, me considero seguidor del modernismo y de lo que Luis Alberto de Cuenca llama "poesía de línea clara".

Por lo demás, si conocéis o habéis escrito algún poema que trate sobre estos mundos (y en especial sobre cómic o ciencia ficción), no dudéis en mandarme un correo electrónico.


Carlos Martínez Aguirre


Luis Alberto de Cuenca

Hammurabi

Las chicas como tú se ríen en las barbas
del mismísimo Hammurabi.

«Ojo por ojo y diente por diente»
(lo hizo escribir en Babilonia,
hace cuatro mil años).

Las chicas como tú responden al amor con desdén
y al desdén con amor.
Por fastidiar a Hammurabi.


(De Por fuertes y fronteras, 1996)


Carlos Martínez Aguirre

Dalila

Cuentan los libros de jueces historias obscenas.
Dulces historias nacidas de un cándido ayer.
Cuando bajaban a Gaza de putas los héroes.
Tiempos de horror y justicia, de sangre y de fe.
Era Sansón un muchacho de largos cabellos.
Gran jugador, asesino, la flor de Yavé.
Un formidable guerrero de bajos instintos.
Fue el elegido de Dios como Juez de Israel.
Y era Dalila la chica más guapa de Gaza.
Una monada, la joya de todo el burdel.
Piel de manzana perversa, pestañas de luna.
Fuego con muslos de diosa y perfil de mujer.
Con el antiguo calor de esos tiempos se amaron.
Fueron sus noches de pura lujuria y placer.
Pero el amor de Dalila tenía su precio.
Precio que pagan los fieles del culto a Astarté.
¡Ay,
mi Dalila!
Deja que muera en tus brazos de amor otra vez!


(De La camarera del cine Doré y otros poemas, Ed. Hiperión 1997)


Javier Pérez-Castilla

Lecciones de deseo

Minotauro inquieto:
dame un tono de noche o cae como cae la lluvia.
Ruido, caudal desatado, insomnio contumaz compañero.
Minotauro con deseo,
esa complejidad que no acaba en verso,
labios que no se abren con amoroso empeño.
Porque a veces las ternuras no reverdecen
ni el dolor se remansa en sombra.
Las tristezas tampoco suelen concluir en verso
-ya está dicho-
ni las piernas ofrecen sus fauces con anhelo maternal.
El deseo, lluvia sobre tierra.


(De La curvatura del alma, Ed. Vitruvio 2003)


Miguel de Unamuno

Memnón

Dormitando su vida el cocodrilo
bebe sangre de sol en la ribera
mientras toma el beduino por cantera
la esfinge que en la arena buscó asilo.

Duerme el pasado junto al sacro Nilo
con el alma en granito prisionera
y en el pétreo Memnón su fallo espera
mirando el tiempo con mirar tranquilo.

Más cuando allá del alba en el Oriente
rompe la luz en río caudaloso
inundando de vida en un torrente

el seno de la historia tenebroso,
toma de ésta la voz y en himno hirviente
leve oración al sol reza el coloso.


(De Rosario de sonetos líricos, 1911)

El poema se refiere a una estatua colosal egipcia que los griegos identificaron con Memnón (rey etíope hijo de la Aurora). Según refiere el geógrafo Estrabón, la brisa del amanecer al pasar entre las cavidades de la estatua, producía un silbido similar a un canto que emitiese el coloso en honor a su madre. El fenómeno fue famoso en el mundo antiguo y se cuenta que incluso algún emperador romano viajó hasta la estatua para escuchar su voz y grabar en ella su nombre.


Javier Pérez-Castilla

Ensayo de insomnio

Los troyanos se drogan durante las largas noches de asedio.
Mascando regaliz, jugando con demonios,
domando centauros, cazando tritones,
con los ojos caídos a la sombra del televisor,
todo el horror de la juventud en sus cráneos mondos,
-los aqueos esperan.
Los troyanos, drogados, resisten el frío de la ciudad.
El tedio resquebraja las soberbias murallas...
Largos cabellos acarician sus hombros.
Una dulce tristeza. El final de la historia.
Calvos líderes aqueos se alojan en sórdidas habitaciones.
Otros, parapetados entre botellas de alcohol y colillas y vasos rotos,
ebrios, crueles, turbulentos, intemperantes, lascivos,
destruyen con su fama el mundo de la publicidad.
Ellos también aguardan su momento.


(De La curvatura del alma, Ed. Vitruvio 2003)


Carlos Martínez Aguirre

El sabio Sileno

Gotas de lluvia de suave tan.tan.
Vuelvo mis ojos al libro de historias
de los helenos y escucho sus glorias.
Sirvo una copa y prosigo mi plan.

Un rey pregunta "¿Qué es más preferible
para un mortal modelado con barro?"
Saltan mis nervios, enciendo un cigarro
y de repente se funde un fusible.

Busco una vela fanáticamente,
quiero saber qué responde Sileno,
gimen los vientos y apuro el coñac.

"¡No haber nacido, morir de repente!"
Cae el cigarro al bramido de un trueno
y en la mesilla se escucha un tic-tac.


(De La camarera del cine Doré y otros poemas", Ed. Hiperión 1997)


Jorge Luis Borges

Odisea, libro vigésimo tercero

Ya la espada de hierro ha ejecutado
la debida labor de la venganza;
ya los ásperos dardos y la lanza
la sangre del perverso han prodigado.

A despecho de un dios y de sus mares
a su reino y su reina ha vuelto Ulises,
a despecho de un dios y de los grises
vientos y del estrépito de Ares.

Ya en el amor del compartido lecho
duerme la clara reina sobré el pecho
de su rey pero ¿dónde está aquel hombre

que en los días y noches del destierro
erraba por el mundo como un perro
y decía que Nadie era su nombre?


(De El otro, el mismo, 1940)


Ramón María del Valle Inclán

Cortesana de Alejandría

Docta en los secretos de la abracadabra,
dispersó en el aire, tus letras, mi mano,
y al caer, formóse aquella palabra,
cifra de tu enigma y luz de tu arcano.

¿Por qué ley se juntan en nueva escritura
los signos dispersos? ¿Qué azar hizo el juego?
¿Qué ciencia de magos alzó la figura
y leyó el enigma? Sierpe, Rosa, Fuego.

¡Sierpe! ¡Rosa! ¡Fuego! Tal es tu armonía:
gracia de tres formas es tu gracia inquieta,
tu esencia de monstruo en la alegoría

se descubre. Antonio el anacoreta
huyó de tu sombra por Alejandría.
¡Antonio era Santo! ¿Si fuese poeta?...


(De El pasajero, 1920)


Julio Martínez Mesanza

Evémero de Mesene

Yo he visto el túmulo de un dios en Creta.
Creedme: su tamaño era el de un hombre.


(De Europa, Ed. Renacimiento 1986)


Rubén Darío

Metempsícosis

Yo fui un soldado que durmió en el lecho
de Cleopatra la reina. Su blancura
y su mirada astral y omnipotente.
Eso fue todo.

¡Oh, mirada! ¡Oh, blancura! y ¡Oh, aquel lecho
en que estaba radiante la blancura!
¡Oh la rosa marmórea omnipotente!
Eso fue todo.

Y crujió su espinazo por mis brazos;
y yo, liberto, hice olvidar a Antonio
(¡Oh, el lecho y la mirada y la blancura!)
Eso fue todo.

Yo, Rufo Galo, fui soldado, y sangre
tuve de Galia, y la imperial becerra
me dio un minuto audaz de su capricho.
Eso fue todo.

¿Por qué en aquel espasmo las tenazas
de mis dedos de bronce no apretaron
El cuello de la blanca reina en broma?
Eso fue todo.

Yo fui llevado a Egipto. La cadena
tuve al pescuezo. Fui comido un día
por los perros. Mi nombre, Rufo Galo.
Eso fue todo.


(De El canto errante, 1907)


Manuel Machado

Oriente

Antonio, en los acentos de Cleopatra encantado,
la copa de oro olvida que está de néctar llena.
Y, creyente en los sueños que evoca la sirena,
toda en los ojos tiene su alma de soldado.

La reina, hoja tras hoja, deshojando sus flores,
en la copa de Antonio las deja dulcemente...
Y prosigue su cuento de batallas y amores,
aprendido en las magas tradiciones de Oriente...

Detiénese... Y Antonio ve su copa olvidada...
Mas pone ella la mano sobre el borde de oro,
y, sonriendo, lenta hacia sí la retira...

Después, siempre a los ojos del guerrero asomada,
sella sus gruesos labios con un beso sonoro...
Y da la copa a un siervo, que la bebe y expira...


(De Alma, 1902)


Julio Martínez Mesanza

Annales VII

Ennio lo dijo, y Roma aún era joven.
Quizá lo repitió Mario en Vercelli.
Fue el origen de un verso de Virgilio,
y un soldado del limes de Germania,
como si de un conjuro se tratase,
lo recitó durante una vigilia.
Otro quiso escribirlo en las arenas
del desierto de Arabia, con orgullo.
Y un general lo tuvo por divisa
en el siglo sombrío y postrimero:
"fortibus est fortuna viris data."


(De Europa, Ed. Renacimiento 1986)


Konstantinos Kavafis

Esperando a los bárbaros

-¿Qué esperamos reunidos en el foro?

Parece ser que los bárbaros llegan hoy.

-¿Por qué hay tal inactividad en el Senado?
¿Qué hacen los senadores que se sientan y no legislan?

Porque los bárbaros llegarán hoy.
¿Qué leyes van a hacer ya los senadores?
Los bárbaros cuando vengan legislarán.

-¿Por qué nuestro emperador se ha levantado tan de mañana
y está sentado en la puerta mayor de la ciudad
encima del trono, solemne, llevando la corona?

Porque los bárbaros llegarán hoy.
Y el emperador espera recibir
a su jefe. En verdad ha preparado
para darselo un pergamino. Allí
le ha escrito muchos títulos y dignidades.

-¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores han salido
hoy con sus togas rojas, adornadas.
¿Por qué se han puesto brazaletes con tantas amatistas
y anillos con esmeraldas brillantes, refulgentes?
¿Por qué han de sostener hoy valiosos bastones
labrados con plata y dorados espléndidos?

Porque los bárbaros llegarán hoy
y estas cosas deslumbran a los bárbaros

-¿Por qué los ilustres oradores no vienen
a soltar sus discursos, a decir lo de siempre?

Porque los bárbaros llegarán hoy
y estos se aburren con las retóricas y los discursos.

-¿Por qué ha de comenzar de pronto esta inquietud
y confusión? (Los rostros qué serios que se han puesto).
¿Por qué se vacían deprisa las calles y las plazas,
y todos vuelven a sus casas muy pensativos?

Porque se ha hecho de noche y los bárbaros no han venido.
Y algunos llegaron de la frontera,
y han dicho que ya no quedan bárbaros.

¿Y ahora qué será de nosotros sin bárbaros?
Aquellos hombres eran una especie de solución.


(De Poiemata, 1904. Trad. Carlos Martínez Aguirre)


Luis Alberto de Cuenca

Caída de Bizancio en poder de los Godos (380 A.D.)

Han abierto las puertas de la Ciudad. Los bárbaros
adelantan diez siglos el curso de la historia.
No habrá eunucos que rijan los destinos del orbe.
Basilio Diyenís no teñirá su espada
con sangre sarracena. Balduino de Flandes
no será proclamado emperador. Vasíliev
no escribirá dos tomos agobiados de citas.
Los ojos de Theodora no asombrarán al mundo.


(De El otro sueño, Ed. Renacimiento 1987)


Carlos Martínez Aguirre

Conquistador

Aquello de que fui testigo y los combates...
La tarde se osucrece bajo luces granates
que caen. Sobre occidente, alza la vista un hombre
regidor Bernal Díaz del Castillo es su nombre.

El regidor no duerme; es hombre muy anciano
y esto es lo que ha heredado del tiempo ya lejano
en que ganó las tierras estas de Nueva España:
el no dormir, la gloria de su olvidada hazaña,

una mujer morena, sus hijos, ya barbados
el ver a Moctezuma de verdes coronado,
y pasarse las noches redordando y despierto
con el alma vencida y el corazón desierto.

(De Epitafio a Mr. Spock y otros poemas fantásticos, Galaxia imaginaria 2008)



Rubén Darío

Letanía de nuestro señor Don Quijote

Rey de los hidalgos, señor de los tristes,
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión;
que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón.

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad...

¡Caballero errante de los caballeros,
varón de varones, príncipe de fieros,
par entre los pares, maestro, salud!
¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes,
entre los aplausos o entre los desdenes,
y entre las coronas y los parabienes
y las tonterías de la multitud!

¡Tú, para quien pocas fueron las victorias
antiguas y para quien clásicas glorias
serían apenas de ley y razón,
soportas elogios, memorias, discursos,
resistes certámenes, tarjetas, concursos,
y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón!

Escucha, divino Rolando del sueño,
a un enamorado de tu Clavileño,
y cuyo Pegaso relincha hacia ti;
escucha los versos de estas letanías,
hechas con las cosas de todos los días
y con otras que en lo misterioso vi.

¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida,
con el alma a tientas, con la fe perdida,
llenos de congojas y faltos de sol,
por advenedizas almas de manga ancha,
que ridiculizan el ser de la Mancha,
el ser generoso y el ser español!

¡Ruega por nosotros, que necesitamos
las mágicas rosas, los sublimes ramos
de laurel Pro nobis ora, gran señor.
¡Tiembla la floresta de laurel del mundo,
y antes que tu hermano vago, Segismundo,
el pálido Hamlet te ofrece una flor!

Ruega generoso, piadoso, orgulloso;
ruega casto, puro, celeste, animoso;
por nos intercede, suplica por nos,
pues casi ya estamos sin savia, sin brote,
sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote,
sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios.

De tantas tristezas, de dolores tantos
de los superhombres de Nietzsche, de cantos
áfonos, recetas que firma un doctor,
de las epidemias, de horribles blasfemias
de las Academias,
¡líbranos, Señor!

De rudos malsines,
falsos paladines,
y espíritus finos y blandos y ruines,
del hampa que sacia
su canallocracia
con burlar la gloria, la vida, el honor,
del puñal con gracia,
¡líbranos, Señor!

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos,
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad...

¡Ora por nosotros, señor de los tristes
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión!
¡que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón!

(De Los cisnes y otros poemas, 1905)


Carlos Martínez Aguirre

Declaración de amor en Mahagonny

Dame el calor de tu cuerpo, querida,
y ofréceme tu más dulce manzana.
No esperes a un estúpido mañana
ni dejes que la muerte o que la vida

destruyan con su rueda tus neuronas
y la eterna cadena de tu gen
no encuentre en este mundo más sostén
que un triste devenir de cromosomas.

Ven a quemar tu ser junto a mi infierno
y no tengas cuidado por lo eterno:
los siglos se han disuelto ya en cenizas,

Caronte quedó en paro el mes de enero,
Satán tiene los cuernos hechos trizas
y Osiris se ha marchado de crucero.


(De La camarera del cine Doré y otros poemas, Ed. Hiperión 1997)


Luis Alberto de Cuenca

Amor fou

Los reyes se enamoran de sus hijas más jóvenes.
Lo deciden un día, mientras los cortesanos
discuten sobre el rito de alguna ceremonia
que se olvidó y que debe regresar del olvido.
Los reyes se enamoran de sus hijas, las aman
con látigos de hielo, posesivos, feroces,
obscenos y terribles, agonizantes, locos.
Para que nadie pueda desposarlas, plantean
enigmas insolubles a cuantos pretendientes
aspiran a la mano de las princesas. Nunca
se vieron tantos príncipes degollados en vano.

Los reyes se aniquilan con sus hijas más jóvenes,
se rompen, se destrozan cada noche en la cama.
De día, ellas se alejan en las naves del sueño
y ellos dictan las leyes, solemnes y sombríos.


(De La caja de plata, Ed. Renacimiento 1985) 



José de Espronceda

La desesperación

Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas la tierra iluminar.

Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.

Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.

Que el trueno me despierte
con su ronco estampido,
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.

La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oír como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Me gusta una campiña
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y sólo se vislumbre
la muerte en derredor.

Allá, en sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.

Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.

Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier;
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa,
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.

Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.

Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.

Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello...
¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!.



Jorge Luis Borges

El Golem

Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dió a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo
"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga."
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. "¿Cómo" (se dijo)
"pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?"

"'¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?"

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?


(De El otro, el mismo, 1940)


Álvaro Tato

La chica invisible

La chica invisible tuvo un sueño.
Soñó con el regreso a su piel blanca,
a su cuerpo de madre,
y nunca más ser nada en los espejos.

¡Oh Sue te lleva el aire!

Tuvo una cara y una voz de nuevo
y tuvo que ser algo en vez de nada.
ORILLA DE LA CARNE
la sombra ya poblaba su reflejo.

te lleva el aire...

Susan Storm soñó tener un cuerpo,
heroína de todas las miradas.
Seguía al despertarse
para siempre invisible como un sueño.

aire...


(De Libro de Uroboros, Ed. Hiperión 2000)


Carlos Martínez Aguirre

Bajo la máscara, el superhéroe vela sus armas


(Sobre la serie Watchmen de Alan Moore)

Científicos malvados, cerebros demoníacos,
mujeres enfundadas que fuman cigarrillos
con boquilla y enseñan distraídas los muslos.
¿Quién podrá detener la ola de terror?

-Sus métodos serán poco ortodoxos pero...
¡qué diablos, funcionan!

EL PRIMER HÉROE NEGRO
DEL UNIVERSO.

-Escuche,
¿tiene usted fuego?
Gracias.
(El supuesto agresor no tenía cerillas)

¡¡¡Dr. MANHATAN!!!

Fue...
como en los viejos tiempos.

¡¡¡MÁS DE 9.000.000 DE EJEMPLARES VENDIDOS!!!

(Los villanos adoran a la agente Miss. Júpiter)

...tímido periodista...
...justicia encapuchada...
...un grupo enmascarado...

(¡Los lectores esperan!)

Redobles de tambor: ¡vayamos a las islas!

...Sé que he sido acusado al final del camino...

(Adiós mi fantasía)

¿...Y tú también, AMÉRICA...?

-¿Nadie escucha los gritos? ¡Algunos hasta miran!

¡ Quiero ser una máscara !


(De Epitafio a Mr. Spock y otros poemas fantásticos, Galaxia imaginaria 2008)



José María Jurado

Primer crepúsculo de Batman

Gárgolas de acero, vitrales de inmundicia. Cuando trepa la rata por la tapia sin techo y rajan las cuchillas una mueca en la luna, cuando el ácido inflama la estridente viñeta -las onomatopeyas que acorralan al miedo-, cuando la niebla ciega los negros callejones y la ciudad de Gotham emerge de las sombras, igual que un submarino, silenciosa y terrible, es la hora del héroe, la noche del murciélago. Oculto en el alféizar, en la escalera de incendio, el Caballero Oscuro vela sus pesadillas, los villanos y el vicio patrullan los suburbios, pero el orden cabalga descolgado del aire y su gótica capa, la máscara del crimen, es la mala conciencia de los dóciles. Porque ya no hay bondad ni esperanzas en Gotham -la soberbia Babel sumergida en el fango que ha vendido su alma- activa la señal: sobre el cielo amarillo la efigie del quiróptero.

(De El lector de almanaques, Obra en curso.)


Álvaro Tato

Robin

Por mucho que el batrádar brille y tache,
por más batamenazas que elimino,
por mucha batseñal y batdestino,
por más batsortear cien mil batbaches

no me bastó con vencer a Pingüino,
no con inventar cualquier batgadget;
antaño, batconfieso aunque me empache,
sonaban para nadie mis battrinos.

Volviendo de una rápida patrulla
por el tejado gris de Ciudad Gotham
me sorprendió Bruce Waine con otra prueba.

No huyas, joven Dick, Robin, no huyas.
La máscara cayó al batsuelo rota,
pasamos esa noche en la Batcueva.


(De Libro de Uroboros, Ed. Hiperión 2000)


Carlos Martínez Aguirre

X-Men

No vayas a pensarte, pelirroja,
que eres tan especial, tampoco creas
que es la primera vez que me enamoro
ni tan siquiera de una pelirroja.
Cuando era niño ya lo estuve de otra:
era la chica de los Hombres-X

(De La camarera del cine Doré y otros poemas, Ed. Hiperión 1997)


Luis Alberto de Cuenca

Soneto del amor atómico

Has minado la selva de mi pecho
le has dado fuego a todos mis olvidos.
Has llenado de muertos y de heridos
el pacífico reino de mi lecho.

Te has subido a la lámpara del techo
para bombardearme los sentidos
Has vertido explosión en mis oídos
con tu voz nuclear siempre al acecho.

No más fisión, amor, no más ojivas
ni más misiles en mi dormitorio.
Cesen con tu victoria los enojos.

Me rindo. Tu has ganado. Mientras vivas,
no alcanzarás un triunfo tan notorio:
me has volado la mente con los ojos.


(De El otro sueño, Ed. Renacimiento 1987)


Álvaro Tato

Ubi sunt stellarum bella

¿Dónde está hoy la Rebelión aquella
que derrotó al Imperio represor?
¿Dónde la Fuerza y ese resplandor
de sables en la lucha cruel y bella?

¿Qué fue de Han y la princesa Leia?
¿Qué de Darth Vader y el Emperador?
¿Qué de Obi Wan y Luke y 3PO
y esas batallas sobre las estrellas?

Quedó nuestro estelar cantar de gesta
perdido en la galaxia ya lejana
de aquella infancia que soñó el futuro.

Y en nuestra soledad sólo nos resta
soñar otra aventura sobrehumana
hasta que nos devore el Lado Oscuro.


(Inédito)


Manuel Vázquez Montalbán

Inútil escrutar tan alto cielo

Inútil escrutar tan alto cielo.
Inútil cosmonauta el que no sabe
el nombre de las cosas que le ignoran,
el color del dolor que no le mata.

Inútil cosmonauta
el que contempla estrellas
para no ver las ratas.



Carlos Martínez Aguirre

Epitafio a Mr. Spock

Hoy he visto el espíritu errante de un vulcano:
aquel Mr. Spock, el grave tripulante
de la nave Enterprise. Y allí vi en su semblante
lo mejor de su mundo, lo mejor de lo humano

¿Qué ley del universo equivocó tu arcano?
¿Qué ciencia postatómica adelantó el instante?
Tal vez la interferencia de un número constante
transmutó en laberinto tu tránsito andoriano.

La sangre verdemar ya no corre tus venas.
Tu razón imparable no computa distancias.
Spock, -aunque sea ilógico-, perdido en las arenas

de esta playa que somos del mar de las galaxias
rezó por ti a mi Dios, y yo sé que, distante,
escuchas mi oración y piensas... ¡Fascinante!


(De Epitafio a Mr. Spock y otros poemas fantásticos, Galaxia imaginaria 2008)


Álvaro Tato

Heroida 2017

Fui programada hermosa, dulce y suave
para el fugaz descanso del varón
que lanza rayos más allá de Orión
desde la hostil torreta de su nave.

Llegaste tú, terrible, amargo y grave.
Mientras luchabas con marcial tesón
yo te esperaba insomne en la estación
rogando que la guerra nunca acabe.

Vuelve a tu mítica Tierra lejana,
vuelve a tu mundo y a tu esposa humana,
mi amor atrás, tu vida por delante.

En esta ingrávida estación vacía
ya no te espero y me hace compañía
mi hueco corazón de replicante.


(Inédito)


José María Merino

De libros y rosas

"En los pétalos de los libros y en las páginas de las rosas
estuvieron escritas las mejores historias que el ser humano pudo imaginar”,

pensó, cuando ya ni los libros ni las rosas existían.


(Inédito. 2008)


Julio Martínez Mesanza

Contra Utopia I

Si esa ciudad existe, mis jinetes
la harán ceniza. Nada enseña a un hombre.


(De Europa, Ed. Renacimiento 1986)


Javier Pérez-Castilla

El domador de monstruos


El tedio de una vida sin espanto -Amado Nervo

Un monstruo es plenitud truncada,
un monstruo son dos ojos abiertos a la noche.
Un monstruo no solo es cornamenta vencida,
piel con escamas o viento, piel ajada o deseo.
Así como el mundo, vestido de mundo,
así fue: dolor, látigo, espuela, uva.
El tedio de una vida sin espanto.
Un monstruo también es torpe caricia,
luna rutilante, caderas ágiles o senos adolescentes.
Un monstruo es frontera, espada de doble filo,
labios al amanecer, semen extraviado...
El monstruo oye voces, voces (dentro o fuera, no sé)
que le llevan al límite: como ajusticiado en alta mar.


(De La curvatura del alma, Ed. Vitruvio 2003)


Carlos Martínez Aguirre

El filtro

¡Qué buen filtro inventó la vieja bruja!
Bien sabían los jóvenes del pueblo
que ninguna muchacha resistía
sus efectos, que todas al probarlo
les tomaban la mano y los llevaban
a los campos de lírios, por la noche,
a entregarles su amor antes negado.
Es por eso que todos la querían
le llevaban manzanas y le hablaban
de las cosas que ocupan a los jóvenes
y que son la alegría del anciano.
Y la bruja seguía con su pócima
que tenía tan solo algo de vino,
unos rayos de luna y cuatro lágrimas
que la bruja lloraba cada noche
al pensar en el hombre que no tuvo.


(De La camarera del cine Doré y otros poemas, Ed. Hiperión 1997)


Luis Alberto de Cuenca

La amazona de Mordor

Esa amazona rubia que cabalga
por las grises colinas y los yermos
de Mordor; esa chica que ha dejado
atrás la primavera y se dirige
al país de la noche permanente,
donde el señor del mal gobierna.
¿Por qué no vuelve grupas hacia el mundo
donde el lirio florece y las muchachas
buscan fresas y dan besos furtivos
y tejen y cocinan, donde hay bardos
que cantan las hazañas de los héroes
y veneran a la Gran Diosa?
Esa mujer dorada que galopa
de espaldas a la luz y a la belleza,
persiguiendo sin tregua ni reposo
al oscuro jinete que la rompe
de amor y la consume de deseo,
al enemigo de su alma.


(De Por fuertes y fronteras, 1996)


Antonio Machado

Sobre la limpia arena

Sobre la limpia arena, en el tartesio llano
por donde acaba España y sigue el mar,
hay dos hombres que apoyan la cabeza en la mano;
uno duerme, y el otro parece meditar.

El uno, en la mañana de tibia primavera,
junto a la mar tranquila,
ha puesto entre sus ojos, y el mar que reverbera,
los párpados, que borran el mar en la pupila.

y se ha dormido, y sueña con el pastor Proteo,
que sabe los rebaños del marino guardar;
y sueña que le llaman las hijas de Nereo,
y ha oído a los caballos de Poseidón hablar.

El otro mira al agua. Su pensamiento flota:
hijo del mar, navega -o se pone a volar-.
Su pensamiento tiene un vuelo de gaviota,
que ha visto un pez de plata en el agua saltar.

Y piensa: "Es esta vida una ilusión marina
de un pescador que un día ya no puede pescar."
El soñador ha visto que el mar se le ilumina,
y sueña que es la muerte una ilusión del mar.

(De Campos de Castilla, 1907-1917)


Ramón María del Valle Inclán

Rosa de bronce

La casa profané con mi lascivia,
la sangre derramé. Fui el hijo pródigo.
Encendida pantera de la Libia
se alzó mi corazón. Mi orgullo, código.

El mundo atravesé como un Atlante
cargado con las odres del pecado,
y con la vida puesta en cada instante
hice rodar la vida como un dado.

Altivo en el dolor, siempre secreta
tuve mi pena. La encendida furia
de Eros me paso con su saeta,
y mi melancolía fue lujuria.

Llevé sobre los ojos una venda,
dando sangre una herida en el costado,
y en los hombros la capa de leyenda
con que va a sus concilios el Malvado.

Y quise despertar las negras aves
que duermen en el fondo del abismo,
y sobre el mar, en zozobrantes naves,
ser bello como un rojo cataclismo.

De sangriento laurel alce una rama,
con el iris del tigre en la pupila,
y dio, doncel, mi corazón su llama
con el estrago bárbaro de Atila.

Fui luzbeliano. En la contraria suerte
dictó el orgullo su sonrisa al labio,
miré la vida hermana de la muerte
y tuve al sonreir arte de sabio.


(De El pasajero, 1920)


Jorge Luis Borges

La noche cíclica

Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.

En edades futuras oprimirá el centauro
con el casco solípedo el pecho del lapita;
cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita
noche de su palacio fétido el minotauro.

Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.
La mano que esto escribe renacerá del mismo
vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.
(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa.)

No sé si volveremos en un ciclo segundo
como vuelven las cifras de una fracción periódica;
pero sé que una oscura rotación pitagórica
noche a noche me deja en un lugar del mundo

que es de los arrabales. Una esquina remota
que puede ser del norte, del sur o del oeste,
pero que tiene siempre una tapia celeste,
una higuera sombría y una vereda rota.

Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres
trae el amor o el oro, a mí apenas me deja
esta rosa apagada, esta vana madeja
de calles que repiten los pretéritos nombres

de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez...
Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas,
las repúblicas, los caballos y las mañanas,
las felices victorias, las muertes militares.

Las plazas agravadas por la noche sin dueño
son los patios profundos de un árido palacio
y las calles unánimes que engendran el espacio
son corredores de vago miedo y de sueño.

Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
vuelve a mi carne humana la eternidad constante
y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante:
«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»


(De El otro, el mismo, 1940)



Atahualpa Yupanqui

Tiempo del hombre

La partícula cósmica que navega en mi sangre
es un mundo infinito de fuerzas siderales.
Vino a mí tras un largo camino de milenios
cuando, tal vez, fui arena para los pies del aire.

Luego fui la madera. raíz desesperada.
Hundida en el silencio de un desierto sin agua.
Después fui caracol quién sabe dónde.
Y los mares me dieron su primera palabra.

Después la forma humana desplegó sobre el mundo
la universal bandera del músculo y la lágrima.
Y creció la blasfemia sobre la vieja tierra.
Y el azafrán, y el tilo, la copla y la plegaria.

Entonces vine a américa para nacer en hombre.
Y en mí junté la pampa, la selva y la montaña.
Si un abuelo llanero galopó hasta mi cuna,
otro me dijo historias en su flauta de caña.

Yo no estudio las cosas ni pretendo entenderlas.
Las reconozco, es cierto, pues antes viví en ellas.
Converso con las hojas en medio de los montes
y me dan sus mensajes las raíces secretas.

Y así voy por el mundo, sin edad ni destino.
Al amparo de un cosmos que camina conmigo.
Amo la luz, y el río, y el silencio, y la estrella.
Y florezco en guitarras porque fui la madera.



Carlos Martínez Aguirre

Sueño de estoicismo

Con cantos de sirena hice afinar mi lira
y escuché las preguntas de mi esfinge interior.
Di espinas a la rosa, valor a la mentira,
naufragio a la tormenta y cuerpos al amor.

Sentí del marinero el vago desengaño
de un cielo sin estrellas, de una noche sin luna
y en islas ignoradas viví como un extraño
sin apretar la mano de la diosa Fortuna.

En busca de la fuente de mis propios latidos
hice correr mi pulso con vigor de centella
más perdí la consciencia vital de mis sentidos
en el eco infinito que eterniza su huella.

Cansado de mi mismo, de vuelta de mi lodo
desaprendí el secreto del sagrado temblor:
Los dioses están cerca, le tengo miedo a todo,
la muerte es el pecado, la vida es el amor.


(De Epitafio a Mr. Spock y otros poemas fantásticos, Galaxia imaginaria 2008)