Antiguos Cafés de Valencia



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   El café es un lugar de reunión y de encuentro, de conversación e intercambio social. Es un espacio público y ciudadano. Ágora y Plaza Mayor cubierta, con un nuevo carácter cívico, en el que igual transcurren lentas las aguas de lo cotidiano que se desbordan las riadas históricas. Su vitalidad ha sido siempre la de un lugar de comunicación, a mitad entre lo privado y lo público, de comunicación de espacios y comunicación de personas, que por igual es un paraíso artificial de meditación y soledad, de cita íntima, de tertulia y tribuna libre de un grupo.

   El primer café de Europa, se abrió en Oxford en 1650. La aparición del café en España como establecimiento público, lo mismo que la afición a tomar esta bebida, está ligada a la nueva mentalidad surgida bajo la España borbónica. Tomar café significaba ser un ilustrado, tener la mente despierta, ser lúcido y clarividente. El filósofo y el partidario de la razón tenían que estar informados, leer periódicos y, además de ser tolerantes, tener avispado el espíritu para enterarse de todas las novedades.

   A partir de la segunda mitad del siglo XVIII  los escritores españoles comenzaron a reunirse en las fondas. Hasta esas fechas las tertulias literarias tenían lugar en los salones de las casas nobles o de algún personaje de postín. Junto a las fondas, que vinieron a sustituir los antiguos mesones y posadas, se abrieron botillerías y establecimientos dedicados a la degustación del café, pero no dejaben de ser meros espacios de paso. El convertir el café en lugar de asiento de una tertulia cotidiana y permanente se lleva a cabo a partir de principios del siglo XIX.

   Hacia 1850, con la prosperidad y modernización de España bajo los gobiernos liberales y moderados de Isabel II se renovaron los viejos locales y se abrieron otros nuevos. París era entonces el modelo de las artes y la moda. Los nuevos cafés españoles eran un reme do de los parisienses, y se convirtien en los lugares preferentes de la sociedad burguesa. El café no es ya el lugar frecuentado por escritores y revolucionarios sino por las gentes bien pensantes. Hacia 1850 los cafés dejan de ser locales exclusivos de los hombres.

   Sin duda la Edad de Oro del café en España fue la de los años de la Restauración y de la Regencia de María Cristina durante el último tercio del siglo XIX y los primeros años del siglo XX. Entonces los cafes son lujosos, cómodos y fastuosos. Frecuentados por políticos, funcionarios, aristócratas, toreros, cómicos, escritores, los cafés de los centros urbanos eran lugares de cenáculos y tertulias de todo género.

   A partir de los años setenta del siglo XIX cambió lo esencial de la arquitectura del café. El uso, cada vez más frecuente, del hierro en la construcción hizo posible que las salas fueran más amplias y diáfanas.Todos los cafés de la Restauración y época de la Regencia de María Cristina tienen esbeltas y delgadas columnas de hierro fundido y altos techos con artesonados de escayola. Los grandes espejos y la abundante luz de gas, sustituida a fines del siglo por los arcos voltaicos del alumbrado eléctrico, todavía dilataban más el espacio virtual de la sala. Se acabaron los viejos cafés de gruesos pilares y bajas bóvedas, de laberíntica planta y angostos compartimentos escasamente iluminados. Al igual que los grandes almacenes, los bancos y las oficinas de las compañías comerciales y entidades públicas, los cafés tienen un ámbito interior unitario, capaz de ser abarcado en un solo golpe de vista al traspasar el umbral. Por otra parte sus ventanales, con enormes lunas de cristal, permiten que desde el exterior se vea la sala y viceversa, que los parroquianos, cómodamente sentados pueden contemplar sin impedimentos el tráfago urbano de la calle.

 

Antonio Bonet Correa. Lars, cultura y ciudad nº 9,2007