Ir a página principal SISTEMA ANTI-BALANCEO PARA EMBARCACIONES FONDEADAS Navegar en un velero es una de las más reconfortantes actividades que pueden realizarse en las zonas ribereñas, y el placer se complementa al poder hallar una cala recóndita y tranquila donde fondear y pasar la noche después de un día de navegación. Sin embargo, existe un problema imprevisto que puede dar al traste con el buen recuerdo de la experiencia, y es pasar una noche de pesadilla cuando el viento de día cesa y la embarcación queda atravesada a pequeñas olas de la bocana que comienzan a balancearla de un lado a otro como si fuera un tentetieso. Sé por experiencia que este tipo de oscilación rítmica es tremendamente difícil de soportar, frecuentemente ningún tripulante puede pegar ojo, y te pasas el resto de la noche mirando el reloj cada cinco minutos esperando que llegue la aurora y puedas izar el ancla e irte a otro sitio. Este balanceo es una simple manifestación del fenómeno oscilatorio corriente, en el cual si recibes pequeños impulsos en fase con el movimiento, éste se va acrecentando en cada oscilación y llega a ser tan descomunal que te parece imposible que olas, a veces tan pequeñas puedan mover las toneladas que pesan este tipo de embarcaciones de forma tan violenta. La consecuencia es que olas tan pequeñas como de 10 cm. entran a veces en resonancia con el período natural de balanceo de la embarcación, y van sumando su poca energía hasta conseguir que te muevas casi medio metro de un lado a otro. Esta "sincronía" ni es extraña ni infrecuente, en estos casos suele actúa la ley de Murphy y lo más normal es que en situaciones en que viento y mar están en ángulo recto, muchas de las embarcaciones fondeadas acaben pareciendo cocteleras que sacuden de un lado a otro a sus ocupantes. Mi mujer, Charo, en la proa del Bon Vent, fondeado frente a la ciudad griega de Argostoli. Hasta las diminutas olitas transversales que pueden verse a la derecha de la imagen, si entran en resonancia con el período natural de oscilación de la embarcación, son capaces de crear un molesto balanceo Por otra parte, a veces no es necesario que se calme el viento para estar atravesado a las olas, ocurre por ejemplo que en zonas resguardadas tras un malecón de abrigo, las olas sufren una difracción en la punta y su dirección queda doblada hacia a dentro, alcanzándote de lado, o que el lugar sea zona de paso constante de embarcaciones rápidas a motor o que practican esquí náutico, actividades en que suele contrastar la velocidad y la euforia de algunos incívicos patrones con el fastidio permanente que causan a todos los demás. Teorizando podríamos pensar que sólo la coincidencia exacta de la frecuencia de la ola con el período de oscilación causa este efecto, pero la realidad es que existe un amplísimo margen, desde que diferencias de 1/4 de onda pueden crear un movimiento modulado por oscilaciones más lentas en que la amplitud crece y decrece sin parar, ya hasta sospecho de algún extraño fenómeno de interacción de la forma de los cascos con los filetes de agua que provoca que las oscilaciones vayan girando el propio casco hasta el ángulo en que su oscilación es máxima y fastidiosamente estable. Hace años, en un viaje a Grecia y en una noche de éstas en que ya no podíamos más, se me ocurrió disponer hacia un lado una percha de aluminio llamada tangón (que sirve normalmente para aparejar la vela spinaker) y en su extremo colgué un recipiente de plástico de unos 10 litros, que había llenado de agua. El recipiente estaba semisumergido en el agua, sobresaliendo sólo unos 10 cm. Entonces, cuando la embarcación en su oscilación intentaba tirar de él, su peso aumentaba mientras salía del agua y se oponía al "empujón" de la ola. Este sistema funcionó, pero es bastante engorroso de montar y hace ruido, puesto que tanto el tangón como los diversos cabos que lo sostienen, crujen y se destensan alternativamente a cada sacudida. Además, para que funcione bien, hay que disponer de un sistema así a cada costado de la embarcación, porque si no, el pequeño movimiento resultante es asimétrico, con media oscilación regular, aunque disminuida, y un tirón brusco entre medio. Sistema anti-balanceo por lastre semisumergido La idea de encontrar otra solución vino de mi amigo Alfredo, el patrón del Baruna, que había tenido la ocurrencia de comprar tres platos de plástico de unos 40 cm. de diámetro, de los utilizados como base para las macetas. Estos platos son baratos, suficientemente rígidos a causa de su borde inclinado y fáciles de estibar, puesto que se acoplan perfectamente entre ellos, ocupando un espacio mínimo. En su caso, los 3 platos estaban atados entre ellos por tres cabos de poco diámetro de tal manera que quedaban a una distancia de medio metro el uno del otro. En el de más abajo había un peso de 1/2 Kg, lo cual, una vez colgados y atados por el exterior de la borda, hacía que se quedaran sumergidos y extendidos en dirección al fondo, ofreciendo con su gran superficie un freno dinámico a subir o bajar en el seno del agua. Esta "resistencia hidrodinámica" frenaba las oscilaciones laterales del casco a partir de cierta amplitud. En su caso, Alfredo me aseguró que uno sólo de estos dispositivos era efectivo para el Baruna, un velero de 45 pies cuyo desplazamiento supera las 8 toneladas. El problema es que en oscilaciones de cierta amplitud, y al haber tirado el casco de él hacia arriba, el conjunto queda momentaneamente algo "elevado" respecto a su posición inicial, y como tarda en bajar y la cuerda está destensada, durante unos segundos no es efectivo para oscilaciones menores que la inmediata anterior. En realidad, podríamos establecer perfectamente un paralelismo entre la embarcación y este sistema con un circuito electrónico resonante LC al que introducimos una resistencia en serie, y que provoca la caída del "Q", el factor de calidad, haciendo que las pérdidas por disipación en la resistencia ( en este caso por rozamiento y desplazamiento de agua) disminuyan la oscilación resultante. El dispositivo que he construido deriva del invento de Alfredo, tiene 4 platos, sujetos a unos 40 cm, y con el inferior lastrado con un plomo de 1 Kg. La principal diferencia es que en mi caso acoplé 4 válvulas de plancha de goma de 2 mm. en cada plato, que se abren en el período descendente, y por lo tanto al bajar la banda correspondiente del buque, el conjunto alcanza rápidamente su punto más bajo, con la cuerda tensada, que es la posición de mayor efectividad para amortiguar todo tipo de oscilaciones. Aparte de ello, dispuse de 2 conjuntos iguales de cuatro platos, un conjunto por cada banda, con lo que ahora las olas atravesadas lo tienen mal para fastidiar a nuestro pequeño Bon Vent, de sólo 23 pies de eslora y 2,5 toneladas de desplazamiento. A continuación os muestro las fotos del montaje: Los platos anti-balanceo por sistema de freno hidrodinámico, colocados sobre la cubierta de proa del Bon Vent. Obsérvese las válvulas de goma y los cabos que los sujetan entre ellos Válvulas de goma que permiten el descenso rápido de los platos Vista inferior de las válvulas. Obsérvese los refuerzos centrales en forma de cruz El último plato, que contiene el peso de plomo de 1 kg. Mi sistema colgado por la borda. Fácil de colocar y de quitar, totalmente silencioso y muy efectivo Otra foto del sistema anti-balanceo en que se observa el último plato con el lastre de plomo El conjunto, plegado y atado a punto de estibar en los cofres La construcción del dispositivo es económica, fácil y rápida. Tan solo necesitamos los platos, plancha de goma de 2 mm de grosor, un cuter con que cortar las piezas y los agujeros, el cabo necesario para ligar los platos y un plomo de submarinismo de 1 kg. La sujeción de las válvulas y del plomo se efectúa mediante bridas de plástico corrientes, de tal manera que en poco más de una hora el sistema completo puede estar listo para ser usado. Ir a página principal
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