Texto: Sara Madera Fotos: Sr. Madera y Sara Madera
Cuando estás subiendo una
montaña y clavas tu piolet, sientes el peso de tu mochila en
la espalda, el viento corriendo, silbando en tu oído y
empujándote; el tiempo a tu alrededor se detiene
completamente… piolet, paso, paso, piolet, paso, paso, eso era
todo, concentrarse en el imponente Cotopaxi que se alzaba frente a
mis ojos…
Salimos mas o menos a la 1:30 de la
madrugada del refugio, después de un salvaje desayuno al igual
que toda la comida que el Jaimito (Losada) llevaba. La noche era
completamente estrellada, no se veían nubes y la luna, aunque
no completamente llena, alumbraba y llenaba de luz todo el espacio.
El Doc, mi Pa (Sr. Madera), el Jaimito,
el Artatuk (cómo se escribe eso???) y el Christian caminamos
hasta la zona de camping , donde ya estaba el resto del grupo,
después de las clásicas mandadas al diablo por parte
del Sr. Madera y el Pablo por la hora y ciertos asuntos varios que no
valen la pena recalcar, seguimos subiendo, con rumbo a la zona donde
nos encordaríamos y calzaríamos crampones. Adelante de
nosotros se veían grupos que ya estaban en el glaciar (o lo
que queda de él), caminaban impasiblemente, sus luces eran
como las luciérnagas en un fondo que combinaba lo negro del
espacio y el inmaculado blanco de esas nieves eternas. Llego el momento de calzar crampones,
había bastante gente haciendo lo mismo que nosotros. Se
escucha el clásico “Ajustaránse bien los
crampones” y las recomendaciones de siempre que no están
de más. Listas las cordadas, primero íbamos nosotros:
el marihuano, yo en el centro y mi Pa atrás, las otras
cordadas eran el Carlitos y el Tony, el Pablo y el Doc, y por último
el Daniel y el Lucho Cadena, quién por cierto llevaba una
cámara de video y hacía unas pregunta !!! Que
sinceramente!!!!... bueno, la verdad es que ni si quiera me acuerdo
que era lo que andaba preguntado, pero créanme que… bueno
sin comentarios sobre eso. Volviendo a lo que nos compete, aparte
iban el Jaimito, su grupo y el JC, que, no se si por picado o que se
yo, se ofreció a llevar atado en la parte de atrás de
la mochila un tubo de unos…no se… 5 o 6 metros quizá, que
a medida que avanzaba, ofrecía una imagen bastante deplorable
y seguramente si se hubiera sufrido una ca[ida por tanto peso, le
hubiera dolido… y bastante…
Comenzamos a subir, había
demasiado gente y no nos permitían ir a un paso constante,
entonces el looser (marihuano) se embaló y comenzó a
pasarles a toditos… el problema era que a veces nos cansábamos
y nos quedábamos en medio de una cordada, el Pablo se quejaba
de eso…o de algo mas… pero sea lo que fuere no le prestábamos
mucha atención que digamos y seguíamos haciendo lo
nuestro, nos parábamos bastante seguido y siempre el loos
(looser, marihuano), nos regresaba a ver y preguntaba: todo bien
loos?, está bien el ritmo? Sr, Madera? Ud está bien? Y
nosotros: aja, si, fresco, dale… aunque mi Pa decía que
sería mejor si es que cogiéramos un solo ritmo, pero no
hubo chance, y seguimos así casi toda la subida.

Debo reconocer que en la montaña
suelo perder toda percepción y mis lagunas mentales afloran
increíblemente pero puedo dar fe de que, a medida que íbamos
subiendo, el cansancio fue dejando estragos. El Jaimito y ellos,
embaladazos, se subían no más por las partes mas
pendientes y pasaban a lado nuestro haciendo algún comentario,
el JC!! Con su “anaconda” en la espalda… viendo al piso y
caminando feliz de la vida (por dios!! Que miedo ser así
jajaja), también me acuerdo que cada vez que nos parábamos
el Artatuck nos ofrecía una cosa tipo galleta de avena o de
aserrín quizás, más desabrida que los panes de
algunos del club (ejem, ejem, Ramiro...) pero bueno comida era comida
y por inercia seguía come y come.
Hubo un rato cuando llegamos a
Yanasacha, después de pasarle a una mega cordada -que nos
volvieron a pasar cuando nos detuvimos... buena campeones!-, que
en verdad estaba cansada y para rematar el Pablo y el Doc no
aparecían por ningún lado, pero hay que aceptar que el
paisaje era impresionante!, si, si!!! todo muy lindo, fotito por aquí
fotito por acá, a todos los lados habían nevados que
sobresalían por entre las nubes, allá los Ilinizas, el
Imbabura y full mas que no me acuerdo -pero en las fotos si
están-. Ahí le pregunte al Jaimito si es que esa
pequeña saliente era la cumbre, y el man solo dijo: “uy,
solo sigue caminando ve”… estábamos lejísimos y ya
nada, toco seguir, por ahí pasamos una grieta pequeñita
y seguimos, las luces de las otras cordadas se veían ya lejos
pero nunca paradas, las botas nuevas ya me habían fregado las
partes laterales de mis pies y el loos también estaba cansado.
Descubrí que es horrible ir en
medio… por qué?, porque el primero se embalaba y caminaba y
el de atrás me gritaba que me espere que les dejemos pasar a
los demás…genial, escape de caerme unas cuantas veces por
ese chistesito, luego y para variar nos volvimos a sentar, la imagen
a nuestras espaldas si que era bellísima, una pared de nieve y
un sinfín de estalactitas de hielo, de las que iban cayendo
gota a gota y nos recordaban, que no era cierto que estábamos
ahí por casualidad y que los relojes se habían parado,
claro que no, el tiempo seguía corriendo, y por un momento
-miento, fueron por varios- comenzó a rondar en mi
mente la idea de regresarme, pero luego me picaba y decía:
“osea no man!! Ya estás aquí, da todo, deja todo y
sácate la madre” y eso fue lo que hice, hubo un rato en
que regresé a ver abajo y la sombra del Coto tapaba todo por
debajo de nosotros y me acordé que en algún lado (creo
que en el club) hay una foto así, hermosísima pero
verlo en vivo y en directo es mil veces mejor.

Seguimos subiendo y el día
comenzó a saludarnos, en ese punto comencé a toser pero
ya no faltaba casi nada para la cumbre, y allí los grupos se
separaron, el Jaimito se fue a trabajar y me acuerdo (bueno en verdad
no pero lo estoy intentando) que nos dijo: “no me vendrán
con que no llegaron a la cumbre, faltan como 20 minutos”, piolet,
paso, paso, y llegamos a una planicie, sin antes sortear otra pequeña
grieta, y al fin!!... Bueno, primero vimos bajar a un mogollón
de cordadas, reconocí a algunas de las personas con la que
había socializado en el refugio y que me fueron dando ánimos
y felicitándome…. Y ahora si, al fin!!! La cumbre!! Había
otra cordada ahí, un chico que se llamaba César que les
había guiado a unos chinitos…japonesitos.. . bueno, una
pareja de por allá, bien lejos, y yo estaba un chance
histérica -jajaja, bastante dirían todos-, pero
bueno, feliz de todas manera, fotos, fotos, fotos… minutos después
llegaron el Carlitos y el Tony, entonces alguien preguntó: “y
el Daniel y el Lucho”… no se… total, se había ido con
los otros… o no se a donde pero bueno mejor porque no me imagino la
cobertura que hubiese hecho con su cámara…
Luego de los abrazos y felicitaciones
respectivas, bajamos alterando papeles, mi pa fue adelante y el loos
atrás y sinceramente no se si habrá sido lo mejor,
porque el Sr. Madera se embalaba bajando y yo...!!! Y YO!! me
arrastraba cruelmente… ajá, la vida de los hijos es
asi…jajaja, bueno en fin, la nieve ya estaba mas suelta y bajar era
todo un tormento, comenzó a calentarnos el astro rey y hubo un
rato, ya bastante cerca de la base donde me saque todas las
chaquetas, el buff y respiré!, llegamos al lugar donde todo
esto había comenzado, guardamos todo el equipo y regresamos al
refugio… porque de eso se trata no?... eso te enseña la
montaña, a ser humilde, si, muy lindo subiste hasta la cumbre
pero te toca bajar y esa es la hazaña completa, una vez,
hablando con el Pablo, él decía que solo la escalada da
medallas y la montaña no y yo le respondí: gracias a
Dios!!, y me puse a pensar: porque en el momento en que alguien suba
a estos gigantes por el simple hecho de recibir una medalla, se habrá
perdido completamente el sentido de esto…
 El Cotopaxi me demostró que
comiendo bien -jaja, gracias Jaimito!!- y poniéndole
ganas… corazón y vida!!! Ninguna montaña, por más
difícil que parezca, es imposible!!
Texto: Sara Madera Fotos: Sr. Madera y Sara Madera |