Sara y el Cotopaxi...

posted ‎‎Jul 18, 2008 11:14 AM‎‎ by Club Andinismo Politécnico   [ updated ‎‎Jul 23, 2008 10:33 AM‎‎ ]

Texto: Sara Madera Fotos: Sr. Madera y Sara Madera 

Cuando estás subiendo una montaña y clavas tu piolet, sientes el peso de tu mochila en la espalda, el viento corriendo, silbando en tu oído y empujándote; el tiempo a tu alrededor se detiene completamente… piolet, paso, paso, piolet, paso, paso, eso era todo, concentrarse en el imponente Cotopaxi que se alzaba frente a mis ojos…

Salimos mas o menos a la 1:30 de la madrugada del refugio, después de un salvaje desayuno al igual que toda la comida que el Jaimito (Losada) llevaba. La noche era completamente estrellada, no se veían nubes y la luna, aunque no completamente llena, alumbraba y llenaba de luz todo el espacio.

El Doc, mi Pa (Sr. Madera), el Jaimito, el Artatuk (cómo se escribe eso???) y el Christian caminamos hasta la zona de camping , donde ya estaba el resto del grupo, después de las clásicas mandadas al diablo por parte del Sr. Madera y el Pablo por la hora y ciertos asuntos varios que no valen la pena recalcar, seguimos subiendo, con rumbo a la zona donde nos encordaríamos y calzaríamos crampones. Adelante de nosotros se veían grupos que ya estaban en el glaciar (o lo que queda de él), caminaban impasiblemente, sus luces eran como las luciérnagas en un fondo que combinaba lo negro del espacio y el inmaculado blanco de esas nieves eternas. 

 

Llego el momento de calzar crampones, había bastante gente haciendo lo mismo que nosotros. Se escucha el clásico “Ajustaránse bien los crampones” y las recomendaciones de siempre que no están de más. Listas las cordadas, primero íbamos nosotros: el marihuano, yo en el centro y mi Pa atrás, las otras cordadas eran el Carlitos y el Tony, el Pablo y el Doc, y por último el Daniel y el Lucho Cadena, quién por cierto llevaba una cámara de video y hacía unas pregunta !!! Que sinceramente!!!!... bueno, la verdad es que ni si quiera me acuerdo que era lo que andaba preguntado, pero créanme que… bueno sin comentarios sobre eso. Volviendo a lo que nos compete, aparte iban el Jaimito, su grupo y el JC, que, no se si por picado o que se yo, se ofreció a llevar atado en la parte de atrás de la mochila un tubo de unos…no se… 5 o 6 metros quizá, que a medida que avanzaba, ofrecía una imagen bastante deplorable y seguramente si se hubiera sufrido una ca[ida por tanto peso, le hubiera dolido… y bastante…

Comenzamos a subir, había demasiado gente y no nos permitían ir a un paso constante, entonces el looser (marihuano) se embaló y comenzó a pasarles a toditos… el problema era que a veces nos cansábamos y nos quedábamos en medio de una cordada, el Pablo se quejaba de eso…o de algo mas… pero sea lo que fuere no le prestábamos mucha atención que digamos y seguíamos haciendo lo nuestro, nos parábamos bastante seguido y siempre el loos (looser, marihuano), nos regresaba a ver y preguntaba: todo bien loos?, está bien el ritmo? Sr, Madera? Ud está bien? Y nosotros: aja, si, fresco, dale… aunque mi Pa decía que sería mejor si es que cogiéramos un solo ritmo, pero no hubo chance, y seguimos así casi toda la subida.

Debo reconocer que en la montaña suelo perder toda percepción y mis lagunas mentales afloran increíblemente pero puedo dar fe de que, a medida que íbamos subiendo, el cansancio fue dejando estragos. El Jaimito y ellos, embaladazos, se subían no más por las partes mas pendientes y pasaban a lado nuestro haciendo algún comentario, el JC!! Con su “anaconda” en la espalda… viendo al piso y caminando feliz de la vida (por dios!! Que miedo ser así jajaja), también me acuerdo que cada vez que nos parábamos el Artatuck nos ofrecía una cosa tipo galleta de avena o de aserrín quizás, más desabrida que los panes de algunos del club (ejem, ejem, Ramiro...) pero bueno comida era comida y por inercia seguía come y come.

Hubo un rato cuando llegamos a Yanasacha, después de pasarle a una mega cordada -que nos volvieron a pasar cuando nos detuvimos... buena campeones!-, que en verdad estaba cansada y para rematar el Pablo y el Doc no aparecían por ningún lado, pero hay que aceptar que el paisaje era impresionante!, si, si!!! todo muy lindo, fotito por aquí fotito por acá, a todos los lados habían nevados que sobresalían por entre las nubes, allá los Ilinizas, el Imbabura y full mas que no me acuerdo -pero en las fotos si están-. Ahí le pregunte al Jaimito si es que esa pequeña saliente era la cumbre, y el man solo dijo: “uy, solo sigue caminando ve”… estábamos lejísimos y ya nada, toco seguir, por ahí pasamos una grieta pequeñita y seguimos, las luces de las otras cordadas se veían ya lejos pero nunca paradas, las botas nuevas ya me habían fregado las partes laterales de mis pies y el loos también estaba cansado.

Descubrí que es horrible ir en medio… por qué?, porque el primero se embalaba y caminaba y el de atrás me gritaba que me espere que les dejemos pasar a los demás…genial, escape de caerme unas cuantas veces por ese chistesito, luego y para variar nos volvimos a sentar, la imagen a nuestras espaldas si que era bellísima, una pared de nieve y un sinfín de estalactitas de hielo, de las que iban cayendo gota a gota y nos recordaban, que no era cierto que estábamos ahí por casualidad y que los relojes se habían parado, claro que no, el tiempo seguía corriendo, y por un momento -miento, fueron por varios- comenzó a rondar en mi mente la idea de regresarme, pero luego me picaba y decía: “osea no man!! Ya estás aquí, da todo, deja todo y sácate la madre” y eso fue lo que hice, hubo un rato en que regresé a ver abajo y la sombra del Coto tapaba todo por debajo de nosotros y me acordé que en algún lado (creo que en el club) hay una foto así, hermosísima pero verlo en vivo y en directo es mil veces mejor.

Seguimos subiendo y el día comenzó a saludarnos, en ese punto comencé a toser pero ya no faltaba casi nada para la cumbre, y allí los grupos se separaron, el Jaimito se fue a trabajar y me acuerdo (bueno en verdad no pero lo estoy intentando) que nos dijo: “no me vendrán con que no llegaron a la cumbre, faltan como 20 minutos”, piolet, paso, paso, y llegamos a una planicie, sin antes sortear otra pequeña grieta, y al fin!!... Bueno, primero vimos bajar a un mogollón de cordadas, reconocí a algunas de las personas con la que había socializado en el refugio y que me fueron dando ánimos y felicitándome…. Y ahora si, al fin!!! La cumbre!! Había otra cordada ahí, un chico que se llamaba César que les había guiado a unos chinitos…japonesitos.. . bueno, una pareja de por allá, bien lejos, y yo estaba un chance histérica -jajaja, bastante dirían todos-, pero bueno, feliz de todas manera, fotos, fotos, fotos… minutos después llegaron el Carlitos y el Tony, entonces alguien preguntó: “y el Daniel y el Lucho”… no se… total, se había ido con los otros… o no se a donde pero bueno mejor porque no me imagino la cobertura que hubiese hecho con su cámara…

Luego de los abrazos y felicitaciones respectivas, bajamos alterando papeles, mi pa fue adelante y el loos atrás y sinceramente no se si habrá sido lo mejor, porque el Sr. Madera se embalaba bajando y yo...!!! Y YO!! me arrastraba cruelmente… ajá, la vida de los hijos es asi…jajaja, bueno en fin, la nieve ya estaba mas suelta y bajar era todo un tormento, comenzó a calentarnos el astro rey y hubo un rato, ya bastante cerca de la base donde me saque todas las chaquetas, el buff y respiré!, llegamos al lugar donde todo esto había comenzado, guardamos todo el equipo y regresamos al refugio… porque de eso se trata no?... eso te enseña la montaña, a ser humilde, si, muy lindo subiste hasta la cumbre pero te toca bajar y esa es la hazaña completa, una vez, hablando con el Pablo, él decía que solo la escalada da medallas y la montaña no y yo le respondí: gracias a Dios!!, y me puse a pensar: porque en el momento en que alguien suba a estos gigantes por el simple hecho de recibir una medalla, se habrá perdido completamente el sentido de esto…

El Cotopaxi me demostró que comiendo bien -jaja, gracias Jaimito!!- y poniéndole ganas… corazón y vida!!! Ninguna montaña, por más difícil que parezca, es imposible!!

  Texto: Sara Madera Fotos: Sr. Madera y Sara Madera