(Desde donde aún puedan verla)
Gilles DeleuzeJunio de 1988, publicado en
árabe por la revista Al-Karmel, n° 29, 1988: (escrito a petición de la revista, poco después de iniciada la primera Intifada, en diciembre de 1987). * Europa
no ha comenzado a pagar la deuda infinita que tenía con los judíos,
pero se la ha hecho pagar a un pueblo inocente, los palestinos.
El
Estado de Israel lo construyeron los sionistas sobre el pasado reciente
de su suplicio, el inolvidable horror europeo, pero también sobre el
sufrimiento de este otro pueblo, sobre las piedras de este otro pueblo.
El Irgún[1] fue calificado como terrorista, no solamente porque hizo
saltar por los aires el cuartel general inglés, sino porque destruía
pueblos y aniquilaba poblaciones.
Los americanos no repararon en
gastos para hacer de él toda una superproducción de Hollywood. Se
suponía que el Estado de Israel se instalaba en una tierra vacía que
desde mucho tiempo atrás aguardaba al antiguo pueblo hebreo entre los
fantasmas de algunos árabes llegados de fuera, guardianes de las
piedras dormidas. Se condenaba a los palestinos al olvido. Se les
conminaba a reconocer jurídicamente al Estado de Israel, pero los
israelíes no dejaban de negar el hecho concreto del pueblo palestino.
Desde
el principio, este pueblo emprendió, solo, una guerra que aún no ha
terminado para defender su propia tierra, sus propias piedras, su
propia vida: de esta primera guerra no se habla, porque lo que importa
es hacer creer que los palestinos son árabes llegados desde otros
lugares y que, por tanto, pueden volver a ellos. ¿Quién desenmarañará
todas estas Jordanias? ¿Quién dirá que entre un palestino y cualquier
otro árabe existe un fuerte vínculo, pero no mayor que el que pueda
haber entre dos países europeos? ¿Y qué palestino puede olvidar lo que
otros árabes le han hecho pasar, no menos que los israelíes? ¿Cuál es
el nudo de esta nueva deuda? Expulsados de su tierra, los palestinos se
instalaron en un lugar desde donde al menos podían aún verla,
conservando esa visión como un último contacto con su ser alucinado.
Los israelíes nunca podían empujarlos lo suficientemente lejos,
sumergirlos en la noche, en el olvido.
Destrucción de pueblos,
dinamitado de casas, expulsiones, asesinatos de personas, una historia
horrible volvía a empezar sobre las espaldas de los nuevos inocentes.
Se dice de los servicios secretos israelíes que son la admiración del
mundo entero. Pero ¿qué es una democracia cuya política se confunde con
la acción de sus servicios secretos? Todos estos se llaman Abou,
declara un oficial israelí tras el asesinato de Abou Jihad[2].
¿Recordamos aquellas voces sanguinarias que gritaban "Todos estos se
llaman Levy"...?
¿Cómo acabará Israel con los territorios
anexionados, con los territorios ocupados, con los colonos y las
colonias, con sus rabinos enloquecidos? Ocupación, ocupación infinita:
las piedras arrojadas vienen de dentro, vienen del pueblo palestino
para recordar que, en un lugar del mundo, aunque sea muy pequeño, la
deuda se ha subvertido. Lo que los palestinos arrojan son sus propias
piedras, las piedras vivas de su país. Nadie puede pagar una deuda
mediante asesinatos - uno, dos, tres, siete, diez cada día - ni
entendiéndose con terceros. Los terceros se desentienden, cada muerto
llama a los vivos, y los palestinos han entrado en el alma de Israel,
ocupan esa alma como quien la sondea y la taladra día tras día.
* Fte.: Gilles Deleuze, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995), traducción de José Luis Pardo, Valencia, Pre-Textos, 2007. ( Deux régimes de fous.
Textes et entretiens 1975-1995. Ed. David Lapoujade. Paris: Minuit, 2003, p311) Notas.[1] Brazo armado del movimiento
extremista fundado por Vladimir Jabotinsky (también fundador del
Likud). El Irgún, dirigido luego por Menahem Begin, desarrollaba
acciones tanto contra el movimiento nacional árabe palestino como contra
la administración británica. En concreto, es responsable de la masacre
de un pueblo palestino de los arrabales de Jerusalén (Deir Yassine) en
1948 y del atentado contra el hotel King David, que entonces era la
sede del Mandato británico en Jerusalén.
[2]
Muy cercano a Arafat, Abou Jihad era uno de los fundadores del Fath,
uno de los principales dirigentes de la OLP y uno de los líderes
históricos de la resistencia palestina. Desempeñó un papel importante,
como dirigente político, en el curso de la Intifada. Fue asesinado en
Túnez por un comando israelí el 16 de abril de 1989. |