Discurso en la Universidad de Cuba, La Habana, martes, 20 de enero de 2009 Quiero decirles que me encuentro muy emocionada y con un gran reconocimiento
hacia las autoridades de la Universidad por esta distinción que se le hace a
mi pueblo, al pueblo argentino y a nuestra propia historia como argentinos y
como latinoamericanos, al constituirse esta cátedra que si se me permite
podríamos agregarle el nombre de Libertador, Libertador José de San Martín.
Porque José de San Martín fue por sobre todas las cosas un hombre
con una profunda mirada continental, pero también un hombre comprometido con
la liberación de los pueblos del yugo colonial. Esto es lo que lo ha hecho
grande y lo que lo ha hecho ingresar decididamente en la historia.
¿Cuál sería el mejor homenaje que podríamos hacer a la memoria de este
hombre que junto a Bolívar y seguramente junto a José Martí son figuras
señeras en la construcción de historia regional, de una historia propia. Es
que muchas veces han querido escribirnos una historia que no es la nuestra,
y estos tres hombres, si algo los ha distinguido es empeñarse en escribir la
propia historia de sus pueblos. Por eso están definitivamente en la memoria
de ellos.
Hablar hoy de José de San Martín significaría entonces dar una mirada
regional a esta Latinoamérica tan castigada, con la tragedia de ser tal vez
el continente más inequitativo en la distribución del ingreso, no el más
pobre, pero también con la esperanza y la ilusión de una nueva etapa
que se ha iniciado en América del Sur y que desde las distintas experiencias
históricas y políticas de cada uno de nuestros pueblos hoy tiene una nueva
realidad. Si alguien hace 10 años me hubiera dicho que yo iba a
estar aquí en la Universidad de La Habana, como presidenta de los
argentinos, inaugurando esta cátedra, en el día que en Estados Unidos,
además, eligieron su primer presidente afroamericano, yo lo hubiera mirado y
hubiera dicho "este hombre o esta mujer, quien dice esto se ha vuelto loco".
Pero no, aquí estamos y esto nos revela que los imposibles sólo
existen para los timoratos o las timoratas que también las hay, no
voy a hacer en esto una cuestión de género, pero significa esencialmente el
despertar de toda una región, porque mi presencia aquí no es diferente de la
presencia de un Evo Morales en Bolivia, o de un
Lula da Silva en Brasil, o de un Rafael Correa,
que sé que estuvo hace muy poco tiempo también en esta Aula Magna dando una
conferencia magistral, el señor presidente de Ecuador; o de Hugo
Chávez en Venezuela, o de Fernando Lugo en
Paraguay, o de Tabaré Vázquez en Uruguay. Este nuevo surgir
de la región, con gobernantes que como me gustó decir alguna vez por primera
vez se parecen a sus gobernados, nos habla de una nueva realidad continental
que es consecuencia absoluta y directa, aunque parezca una contradicción, de
las políticas neoliberales que imperaron y se enseñorearon en la región
durante la década de los 90 y que causaron tal vez una de las tragedias más
importantes en materia de desigualdad social, de miseria y de hambre en los
pueblos.
Pero además estar haciéndolo aquí en La Habana, en el 50º aniversario de la
Revolución Cubana, le asigna a esta presencia y a otras que han venido y que
seguramente seguirán viniendo a La Habana, el nuevo escenario que hemos
podido construir a pesar de todo, los hombres y las mujeres de la política y
de los movimientos sociales en la América del Sur.
Una realidad que por cierto no es homogénea. Muchas veces cuando voy a otras
latitudes, tal vez a las de los países más desarrollados, por lo menos en
términos económicos, me interrogan acerca de lo que denominan muchas veces
los populismos en América Latina. Nunca se entendió el surgimiento
de movimientos nacionales de distintas formaciones y experiencias históricas
de la región porque siempre se nos trató de ubicar con categorías de
pensamiento que no eran las que nosotros hubiéramos elaborado.
Aún aquellas que perseguían fines nobles, aquellas que perseguían
objetivos de los cuales nadie podía apartarse, eran categorías de
pensamiento y de construcción política elaboradas desde otras experiencias
históricas y desde otras latitudes.
Creo que el desafío más grande que hoy tenemos los hombres y mujeres que
constituimos esta nueva generación de dirigentes políticos latinoamericanos,
y creo tal vez también una de las labores que debe abordar la cátedra, es
darle forma y categoría de pensamiento latinoamericano a este fenómeno que
se comenzó a dar en toda la región.
Hace pocos días estuvimos reunidos distintos presidentes y presidentas en
Santiago de Chile, en La Moneda, convocada la Unasur con motivo de la crisis
que se vivía en la hermana República de Bolivia. Convivimos allí distintos
presidentes y presidentas de, reitero, de distintas experiencias políticas e
históricas, incluso alguno tal vez antagónico o antitético con muchos de
nuestros pensamientos y prácticas; sin embargo pudimos organizar un debate y
fundamentalmente llevar a cabo una acción, porque los debates de ideas si no
se traducen en hechos y resultados positivos quedan solamente en tormenta de
ideas y no en realidades, pudimos producir un hecho tan importante como fue
el apoyo a la democracia en la hermana República de Bolivia y a la
investigación de graves violaciones a los derechos humanos que se habían
cometido en el departamento de Pando. Y lo votamos hombres y mujeres que tal
vez tenemos algunas diferencias respecto de otras cuestiones, pero pudimos
construir en la región una línea de acción que consiste básicamente en el
respeto a la democracia y a las formas organizacionales que cada sociedad se
ha dado respecto a las voluntades de sus pueblos.
Esto se traduce también en la acción que hemos tenido como hombres y mujeres
de la América del Sur acerca de cómo debe desarrollarse este mundo de
profundos cambios en los cuales hoy más que nunca se necesita del debate de
ideas en todo sentido y en todos los ámbitos, en lo económico y en lo
político. Nunca como antes en la historia se han dado cambios tan
vertiginosos. En 20 años, desde 1989 a la fecha, ha caído la Unión
Soviética; la caída del Muro de Berlín significó la caída del paradigma que
se había levantado en torno a una idea, en ese momento el socialismo, que
había tal vez derivado en algo que poco tenía que ver con sus ideas
originales y finalmente terminó derrumbándose el muro.
Algunos creyeron que la historia había terminado, algunos predijeron
entonces que sobrevendría una democracia de carácter universal, que se
prolongaría y que el progreso sería indefinido, pero tampoco nada de eso
ocurrió. Hace muy poco tiempo, todavía ni siquiera sabemos las consecuencias,
también se derribó lo que podía ser el proyecto antagónico a ese Muro de
Berlín, que podía ser ubicado tal vez como las torres de Wall Street o el
capitalismo de mercado, sin control, sin regulaciones, en donde le mercado
todo lo asimilaba y el Estado era absolutamente ineficiente. Se planteó también entonces una visión de la globalización en la
cual esa globalización era homogénea y hegemónica, donde una sola potencia
dirigiría el destino de la historia y todo sería sine die en el curso del
tiempo.
Finalmente los pueblos y la realidad demuestran que la historia jamás se
detiene y que en realidad estamos ante un nuevo escenario mundial que va a
exigir de parte de todos nosotros un gran esfuerzo intelectual y además
hacerlo desde la perspectiva regional. Yo me atrevo a decir que
frente a esta globalización que algunos pensaron homogénea y hegemónica
vamos a ver una nueva, tal vez no globalización sino universalización
heterogénea, multipolar y multicultural.
La expresión de este nuevo mundo puede verse a partir de entender que por
sobre todas las cosas en este mundo que se avecina se necesitará coexistir
con formas de gobierno que no necesariamente sean iguales en todas partes,
porque son culturas diferentes, historias diferentes, son experiencias
diferentes las que atraviesan al mundo contemporáneo.
Creo que el gran desafío, el gran ejercicio que nosotros tenemos que hacer
hoy aquí en nuestra región, Latinoamérica, es precisamente centrar en la
integración regional una de las claves de este nuevo escenario.
Nos ha dado resultados, hemos tenido momentos difíciles en la región como el
que nos tocó vivir en la Cumbre de Río, aquella que se celebró en Santo
Domingo, cuando a partir de un proceso que todos conocen entre las hermanas
repúblicas de Colombia y de Ecuador, se estuvo en un momento al borde de la
guerra entre dos países hermanos. Este hubiera sido un factor francamente
desestabilizante para la región. Sin embargo pudimos, a partir de nuestras
propias organizaciones y de nuestra propia construcción sortear este
intríngulis, ese verdadero nudo gordiano que se había formado en el proceso
de integración y relación de las naciones latinoamericanas, culminar esa
experiencia en Santo Domingo en forma feliz. La experiencia de la
Declaración de La Moneda, en el caso de la hermana República de Bolivia,
también es un ejemplo de estas nuevas formas organizacionales de los propios
países de la región para abordar su propia problemática.
¿Cuál es la característica por la que pudimos llegar a este resultado?
Esencialmente el respeto a la identidad del otro, a su propia experiencia
histórica y a la no necesidad de imponer nuestra visión, nuestra forma de
pensar al otro, que es una de las claves que deberemos explorar en el mundo
contemporáneo para construir un mundo en donde la paz y la convivencia no
solamente sean un slogan. Quiero decirles que el momento que atravesamos en los países de la
región, los adelantos que hemos logrado, lo repetía esta mañana en el
encuentro que tuvimos con los empresarios, tanto argentinos como cubanos,
que culminaron un seminario en la mañana, es que las economías emergentes, y
también en la región, hemos contribuido fuertemente al crecimiento de la
actividad económica de la última década fundamentalmente, dos terceras
partes de ese crecimiento se deben precisamente a las economías emergentes.
Hoy estos países, nuestros países, se ven amenazados por una crisis que nos
viene desde afuera, plantarnos entonces en la necesidad de formular nuestro
propio pensamiento en materia política, económica y social, no es entonces
una cuestión solamente de ejercicio académico o ejercicio intelectual,
obedece claramente a la necesidad de abordar un momento difícil en el debate
de las ideas, que van a seguir en debate en el mundo, pero también saber que
esas ideas necesitan de realizaciones y resultados para no ser solamente
ideología.
Es un desafío fuerte el que hoy tenemos los hombres y mujeres con
responsabilidades institucionales, aquellos que pueden tener
responsabilidades académicas, y en general todos aquellos que de una u otra
manera participan en la vida de un país, desde los trabajadores, desde sus
organizaciones empresariales, desde sus dirigencias de profesionales, de sus
niveles estudiantiles, de las organizaciones sociales, requiere un profundo
debate en el cual demos cuenta de las grandes transformaciones que ha
sufrido el mundo, pero también de la necesidad de reformas estructurales
profundas en los organismos internacionales que verdaderamente representen
el pensamiento y la acción de los distintos países del mundo y no de una de
una sola potencia hegemónica. Sería irreal si no me refiriera a lo que ha acontecido en el día de
la fecha y que es la asunción del primer presidente afroamericano en el
país que se constituyó, luego de la caída del Muro de Berlín, en la primera
potencia hegemónica del mundo. Debo decirles que su discurso del
día de la fecha me parece confirmatorio de las buenas expectativas.
Definiciones tales como que la seguridad no puede ser a costa de los
ideales, en un mundo donde en nombre de la seguridad se han producido
invasiones, ataques, violaciones a las soberanías nacionales, no deja de ser
un elemento altamente positivo. Escuchar decir que el mercado es
generador de riqueza pero que actúa muchas veces con irresponsabilidad y que
por lo tanto es necesario vigilarlo y controlarlo, me parece también
altamente positivo. Defender su modo de vida pero aclarar que no
van a doblegar a nadie para que tenga el mismo modo de vida me parece
absolutamente compatible también con el hecho del respeto a las formas que
deciden darse los pueblos para gobernar y ejercer el funcionamiento de sus
instituciones. Me parece también importante, estaba escuchándolo
atentamente, definir que el crecimiento de un país no es solamente el que se
refleja en los números, sino que es también el que se refleja en la calidad
de vida de todos y cada uno de los ciudadanos. Pero por sobre todas
las cosas tal vez lo más importante es que ha dicho que el mundo ha
cambiado y que nadie puede ignorar los cambios que en ese mundo se han
producido.
Creo que sin exagerar, ni tener tampoco ejercicios voluntaristas, que
estamos ante un momento muy especial de la historia de nuestros países y del
mundo. Va a exigir por parte de nosotros una gran dosis de inteligencia y de
racionalidad para poder aprovechar un momento especial del mundo y además
hacerlo con la fortaleza que hoy tiene la región, que ha definido claramente
cuáles son sus objetivos. El último encuentro en la Cumbre de Río en San
Salvador de Bahía, Brasil, la incorporación de la hermana República de Cuba
constituye un hito fundamental en la construcción de ese nuevo regionalismo.
Regionalismo que es bueno también reconocerlo, fue defendido y se comenzó en
la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, un hito histórico en la región,
cuando decidimos en las Américas que el ALCA no nos iba a ser impuesto
porque teníamos otros instrumentos asociativos que hacían a los verdaderos
intereses de los latinoamericanos. Y no fue fácil hacerlo en ese momento,
porque muchas veces se confunde el ejercicio de la soberanía
nacional con la declamación furibunda, o simplemente con el
ejercicio mediático; pero la construcción de soberanía nacional, la
construcción de independencia regional, tal vez no necesita palabras
altisonantes ni ofensivas, sino hechos concretos y decisiones firmes a la
hora de defender lo que constituyen principios irrenunciables de nuestros
países y de la región.
Por eso creo sinceramente que la constitución de esta cátedra José de San
Martín deberá abordar ese desafío pendiente que tenemos como región.
Poder elaborar pensamiento propio, poder elaborar categorías de análisis
propias, deducidas de nuestra propia experiencia histórica, de nuestra
propia situación regional, del propio desarrollo de cada una de nuestras
sociedades, diferentes, heterogéneas; y por eso es posible la integración,
porque en definitiva cuando todos somos iguales no hay integración, el
desafío de la integración no es entre los iguales, el desafío de la
integración es entre los que somos desiguales y podemos tener experiencias y
desafíos distintos; lo otro apenas es homogeneidad y muchas veces falta de
discusión y de ideas.
El hecho, lo comentaba con algún periodista que me interrogaba hace
ya algún tiempo en España acerca de los populismos en Latinoamérica, y la
posibilidad de que el modelo de tal o cual país pueda ser exportado a la
región, y por lo tanto pueda verse como un peligro, yo le contesté que no
tuvieran miedo, porque eso deviene de cierta concepción colonial que siempre
presupone que alguien va a dominar al otro y le va a transferir o va a
exigir que tenga su mismo modelo político, institucional, ideológico; eso es
un ejercicio intelectual propio de los que han vivido durante más de 500
años colonizando al resto del mundo. Esto no pasa en la región en
la que hemos sufrido fuertemente el colonialismo, por el contrario,
nuestra región ha sido una región libertaria, respetuosa de los principios
de cada uno de los pueblos, de la autodeterminación de cada uno de los
pueblos, una ley que es, fue y seguirá siendo sagrada para todos nosotros. Por eso creo sinceramente en la experiencia de esta Latinoamérica
impensable hace unos años, hace unas décadas asolada por dictaduras
militares en un mundo bipolar, donde muchas veces las decisiones no se
tomaban en base a los intereses del propio país o de sus vecinos sino en
base al ajedrez internacional. Lo que es importante es que como región
advirtamos que no podemos formar parte del ajedrez internacional, sino que
tenemos que ser una región con pensamiento, con integración y con unidad,
que es lo que nos ha ayudado a sortear las situaciones en las cuales hemos
vivido, y que también nos ha permitido, a partir de construcciones de
instrumentos de cooperación y alianzas económicas, dar origen a nuevas
formas de vinculación, de cooperación y asociación económica que no tienen
que pasar por la subordinación o por la hegemonía de uno o de otro, o por la
expoliación de uno sobre otro, algo característico en la forma de vincularse
en términos económicos hasta ahora.
Por eso hablaba también hoy por la mañana de la necesidad de construir
nuevos modelos de negocios, nuevos modelos de asociación, de
complementariedad, de cooperación que estamos desarrollando en la región,
intraregión, en sus distintos países.
Mi presencia aquí en la hermana República de Cuba inaugurando esta cátedra,
culminando el segundo seminario de empresarios, obedece fundamentalmente a
esa vocación y a ese ejercicio de integración y defensa de nuestros pueblos.
El hecho de estar aquí luego de 23 años que ningún presidente argentino
pisara tierra cubana, es parte de ese ejercicio, de ese testimonio y de esa
decisión de llevar esta voluntad de integración en serio y para siempre,
porque creo que es la clave, no de la defensa de los gobiernos, sino de la
defensa de los pueblos, porque en definitiva los que han sufrido
las distintas tragedias que han significado las dictaduras son los pueblos,
primero las de los militares en el mundo bipolar, luego las de la economía,
con un agravante que nunca me canso de repetir, el neoliberalismo logra la
trampa mortal de hacer creer que es la política la responsable de las
tragedias sociales, por ineficiencia en materia de acción social, y no la
economía. Desaparece entonces la política y solamente está para
responsabilizarla de los pobres y de la tragedia social, cuando es realmente
la economía la que gobierna y decide en definitiva lo que constituyó
fundamentalmente la teoría neoliberal de los años 90.
Por eso el momento es óptimo, es difícil, pero yo quiero finalizar este
desafío de poder desde esta cátedra y desde otros espacios del pensamiento,
de la intelectualidad, de la academia, del sindicato, del trabajo, de todos
los ámbitos de formular teorías y categorías propias de pensamiento, con una
frase de José Martí que dijo "empeñarse en lo estéril, cuando es
posible hacer o útil, ocuparse de lo fácil cuando se tienen los bríos, las
ganas y la fuerza de hacer lo difícil, es atentar contra la dignidad del
talento". Y estamos en una casa donde el talento y la inteligencia
son los instrumentos primordiales en todos nosotros para poder abordar los
desafíos de una etapa diferente, en un mundo diferente, y tener la
compresión del que el mundo ha cambiado y que también nosotros deberemos
cambiar junto a él.
Para finalizar, un ministro de la posguerra italiana solía decir
"hay que cambiar cuando al época cambia, a menos que se sea tan importante
como para cambiar la época". Estamos ante un cambio de época,
hacernos cargo de ese cambio de época y formular los nuevos paradigmas de
esa época es el desafío que tenemos todos. Espero que esta cátedra
Libertador José de San Martín, permítanme rebautizarla señor Decano, señor
Rector, es un desafío que seguramente llevaremos adelante.
Muchas gracias y buenas tardes a todos y a todas.
|