Francis Crick (1970)
alumbró la idea de un sistema fundamental de mantenimiento y flujo de la
información genética en los organismos vivos que denominó Dogma
Central de la
Biología Molecular. De manera que la información genética contenida
en el
ADN se mantiene mediante su capacidad de replicación (animación). La información contenida en el ADN se expresa dando lugar a proteínas, mediante los procesos de transcripción (animación), paso por el que la información se transfiere a una molécula de ARN mensajero (ARN-m) y, mediante el proceso de la traducción (animación) el mensaje transportado por el ARN-m se traduce a proteína. Este esquema central de flujo de
la
información pronto fue modificado, ya que en algunos virus cuyo material
hereditario es ARN, la información se conserva o mantiene mediante
replicación
del ARN. Además, también se comprobó que la información no va siempre
del ADN
hacia el ARN (ADN→ARN), en algunos casos la
información puede fluir del ARN hacia el ADN (ARN→ADN),
es decir sintetizar ADN tomando como molde ARN, teniendo lugar el
fenómeno de
la transcripción inversa. H. Temin recibió el Premio Nobel en
1975
por sus descubrimientos en relación
con la
interacción entre los virus tumorales y el material genético en la
célula, en
particular por el descubrimiento de la transcripción inversa en virus
ARN-ADN. Por tanto, la ciencia es un ente dinámico, que no se asienta, salvo notables excepciones, en dogmas. De este modo, han surgido una serie de elementos que implican la ampliación de este dogma tan tajante. Estas excepciones atañen, entre otras situaciones o elementos, a los priones, ribozimas y la enzima transcriptasa inversa.
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