Notas de un exilio visto desde abajo de Amor Perdía


 

I

Para mí el exilio no era

una caminata por Paris

con el corazón acortazado y triste

buscando con desesperación que algún croissant

se pareciera a cierta medialuna

de Corrientes y Montevideo

 

para mí el exilio era no saber bien qué nombre

trajera bajo el brazo al nacer

o no querer saberlo

o no poder

porque así era mejor

-decían-

era tener que aprender uno nuevo

en cada aduana

y bañarme siete veces seguidas

para recuperar mi color de cabello

 

 

II

el exilio era pertenecer a ningún lado

era mirar desde abajo lo que ellos extrañaban

(ellos, allá arriba)

y extrañarlo sólo por solidaridad

por amor, por respeto, por las dudas

era mirar desde abajo ese país de otros

(ni de ellos ni mío)

donde apoyaba los pies, aún sabiendo

que tampoco pertenecía

(ni yo a él, ni él a mí)

exilio era

ser provisorio

estar de paso

siempre volviendo

hacia un lugar que todavía no conocía

 

 

III

para mí el exilio era un collage de escuelas

como si alguien estuviera haciendo

un estudio comparado de políticas educativas:

del psicolingüístico a los palotes

de la manuscrita a la imprenta

del lápiz a la tinta

(tinta, borrón, agujero,

siempre en ese orden decreciente)

de primero a párvulos

de los números fraccionarios a los quebrados

y ojo con escribir fuera del renglón

o equivocar los himnos patrios

 

 

IV

para mí el exilio era no tener familia

(en el formato estándar de familia)       

no porque se hallara a kilómetros de distancia

sino porque nada quedaba de ella en la memoria

eran tíos, primos, abuelos

en fotos pegadas a las paredes

(con una plastilina verde

que había robado de los cajones)

como si fuera imprescindible dejar por sentado

que había (allá) otros que esperaban

que nos esperaban

y las fotos (por eso)

eran rastros a destruir en cada viaje

y los viajes, a veces,

(generalmente)

no me dejaban ver

el paso de una estación a otra

en el mismo lugar

 

entonces yo me inventaba una abuela

como veía tenía los otros que iban a la escuela

y la hacía cocinar cosas ricas en mi memoria

o primos, tíos,

dos o tres veces, hermanos

también una casa grande donde posar todos

para una foto que no existía

mi mamá, en cambio,

recortó los contornos de cada nostalgia

y nos encoló, delicadamente,

sobre un mismo fondo

como si juntarnos fuera posible

como si no se notaran las sombras

y las perspectivas diferentes

y las distancias de abismo

            de hemisferio

 

 

V

el exilio era una bandera celeste y blanca

que era mía

y una bandera celeste y blanca con sol

que era de esos

porque alguien me había dicho

alguna vez

que la bandera  con sol es de los militares

y los militares

eran los malos de la historia

eran los males de ese tiempo

 

 

VI

el exilio era un catálogo de tics

para seguir vivo

no hacer siempre el mismo camino

no tomar el primer taxi

no apagar la luz o la radio al salir

no andar sin documentos

no hablar más de la cuenta

no abrir los ojos

(porque cuanto menos se sabe menos se teme)

no preguntarle a los grandes

cuándo se van, en qué, por dónde

no preguntarle a nadie si vuelve

(eso nunca lo dijeron, lo aprendí sola)

 

pero siempre se abrían intersticios

en los que sentirse como una persona normal

(o por lo menos como creía yo

que se sentía una persona normal) 

unos breves espacios en los que

llegar tarde al parque o al cine

parecía ser todo el problema de todos

 

 

VII

el exilio era escuchar los informativos

en la sección “internacionales”

era poder almacenar en un puño

el compendio de saberes

que tenía sobre aquello

supuestamente propio:

“mi país es un pedazo de tierra

allá abajo

en el mapa

y mi provincia tiene forma de bota”

-explicaba-

 

VIII

el exilio era tener pocas cosas

y salir en todas las fotos

con el mismos vestido largo

porque se suponía

que alguna vez iba a crecer

y me quedaría mejor

porque se suponía

que alguna vez iba a volver

y podría, entonces,  comprar muchos vestidos

de industria nacional

 

 

IX

el exilio era ser joven

en otro país

(o país de otros)

pero esencialmente joven

y hablar de amor  y guerra

con las mismas palabras de amor y guerra

y reírse a carcajadas

y creer

y tener miedo

o por lo menos eso vi

cuando se inclinaban

para decirme cosas fabulosas

sobre un país del que ellos

habían salido un día

sólo con el objetivo

de poder volver orgullosos

a usar el gentilicio que les tocaba por nacimiento

 

entonces sonreían

y decían palabras que hoy ya no existen

antes de saludar y despedirse

 

a algunos

no los volví a ver

 

 

X

para mí el exilio es un internado

donde cursé toda la escuela primaria

un espacio en la memoria

al que no vuelvo sino en sueños

pero del que arrastro

las primeras palabras sobre las que se apoya

la torre de babel que soy ahora

 

el exilio es un lugar que ya no existe

del que salí un día

con destino a un país

que tampoco existía.

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