La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
|
EL REGRESO DE PEDRO ALMODOVAR

En sólo breves días las puertas del famoso Teatro Chino de Hollywood se abrirán para presentar ante la crítica cinematográfica el XIII Festival de Cine Latino de Los Angeles, fecha en la que se estrenará en los Estados Unidos la nueva película del conocido cineasta español Pedro Almodóvar, a quien se dará merecido reconocimiento por su trayectoria fílmica al otorgársele el Premio Gabriel Figueroa.
Su última película, Los abrazos rotos, que compitiera con otras películas españolas, no logró ser seleccionada por la Academia del Cine de España como representante de su país al codiciado Oscar el próximo mes de enero. La Academia española le adjudicó la selección a El baile de la victoria, del cineasta Fernando Trueba, que tiene a Ricardo Darín en el elenco.
Que alguien como Almodóvar, ganador de dos Oscar (Todo sobre mi madre, en el 2000, y Hable con ella, en el 2002), haya sido dejado afuera de la competencia, ha provocado en España un verdadero terremoto de la crítica a favor y en contra de este controversial y genial director fílmico natural de La Mancha, que nos hace recordar aquel también famoso personaje de Don Quijote.
El filme Los abrazos rotos es la más costosa producción dirigida por el director español (18 millones de dólares) y la más extensa (127 minutos) y ambiciosa de su carrera. Él mismo lo explica: “Se trata de una película emocional y romántica donde hay varias historias de amor que se cruzan para hacer más desdichados a sus personajes”.
Su trama sigue el trágico destino de un director fílmico que ha quedado ciego en un trágico accidente. La película, en una estructura fragmentada, mezcla el pasado y el presente donde convergen las vidas de Lena (Penélope Cruz), una aspirante a actriz devenida en secretaría; su amante, Ernesto Martel (José Luis Gómez), un acaudalado empresario obsesionado con ella; el director y guionista (Lluis Homar) que al quedar ciego decide cambiar su identidad; su jefa de producción (Blanca Portillo), y el hijo de ésta, que asiste al cineasta ciego. En medio de la compleja trama aparecen otras historias y referencias cinematográficas. “Reconozco que siempre es complicado ver una película en la que los principales personajes cambian tanto”, declaró Almodóvar a la prensa.
Pedro Almodóvar, que es homosexual, comenzó su carrera hacía finales de los años setenta filmando con una cámara súper 8 en días libres de su trabajo en la Telefónica española, donde trabajó por doce años. En aquel entonces presentaría al público sus cortos Dos putas o Historia de amor que termina en boda (1974) y Sexo va: sexo viene (1977), y su primer largometraje en 1978: Folle, folle, folleme, Tim (en inglés: Fu..., Fu..., Fu...me, Tim), una revista melodramática. Desde sus mismos comienzos nunca los caracteres o personajes de sus películas han sido exclusivamente heterosexuales u homosexuales, éstos desempeñan su papel y se identifican en un momento escogido.
Los filmes de Almodóvar presentan en general una nueva e intrigante visión de su propia España en atropelladas sátiras sexuales marcadas con complejas narrativas que emplean melodramas, canciones populares y un irreverente humor, como la de aquella escena de una prostituta que después de una larga noche echa a correr con temor de llegar tarde a la iglesia.
En estos días en que el director manchego cumple 60 años (él se adjudica sólo 58), éste ha mantenido silencio ante las críticas negativas a esta su última producción fílmica. Solo una de sus actrices, Lola Dueñas, ha declarado ante la ausencia del filme entre los seleccionados de la Academia del Cine de España: “Es una tontería que va en contra de todos. Es algo absurdo”; aunque Alex de la Iglesia, presidente de la Academia, en gesto conciliatorio declarase: “En su cumpleaños me hubiera gustado hacer este regalo a Pedro, pero ya tendremos otras ocasiones”.
Aun ante este pequeño revés, Pedro Almodóvar es y será por mucho tiempo el director fílmico más reconocido y de mayor influencia en la cinematografía española desde Luis Buñuel.
¡Honor a quien honor merece..! |
La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
|
Un siglo de tango
Arnoldo Varona
Hace pocos días se celebró mundialmente el Día Internacional del Tango, ese día se cumplieron 109 años del nacimiento de Carlos Gardel, máximo exponente del famoso género musical. A pesar del tiempo transcurrido el lugar de nacimiento del zorzal criollo, nombre con que también se le conoce, es motivo todavía de controversia, según algunos, Gardel nació en Tacuarembó, Uruguay, mientras otros aseguran fue Toulouse en Francia el lugar que lo vio nacer. Al menos ambas partes reconocen el día 11 de diciembre de 1890 como su verdadera fecha de nacimiento.
Todavía hoy, a finales del milenio, un buen número de uruguayos y argentinos continúan enfrascados en una permanente discusión sobre la paternidad del tango. Por lo difícil de engarzar sus orígenes con certeza y de unir todas las piezas históricas que le precedieron, el tango se ha convertido en una cuestión de permanente rivalidad.
La palabra "tango" apareció mucho antes de la que sería una conocida danza, según Esteban Pichardo en su Diccionario de voces cubanas (Matanzas, Imprenta de la Real Marina, 1836, p. 242), decía, Tango: reunión de negros bozales para bailar al son de los tambores; según Gobello, era una palabra que circulaba entre los paises esclavistas y se refería al lugar, tanto en África como en América, donde se concentraba a los esclavos.
En Buenos Aires, a comienzos de los años 1800, se le llamó tango a las casas donde los negros realizaban sus bailes.
La habanera
Junto a las compañías de zarzuelas que visitaban los puertos del Plata llegan los marinos de las escuadras españolas, que traen el género musical cubano de moda en aquel entonces, la habanera. Para 1865 los teatros porteños la han hecho popular incorporándola a sus cuadros artísticos y musicales con el nombre de tango americano. El aporte de la habanera hispano-cubana al tango es de igual importancia que el aporte africano, junto a la milonga y el candombe de igual ascendencia Oche Califa.
El tango, un lazo sensible y sentimental, al igual que el bolero y otros géneros musicales, nació en las esferas de prostíbulos o ambientes marginales de la época. Los primeros tangos propiamente dichos datan de comienzos de 1880, sus letras son obscenas y sus títulos no dejan lugar a dudas, el primer tango conocido fue Dame la lata: la lata era un objeto metálico que la "madama" de un lupanar entregaba a "las chicas" por cada cliente; para cobrar su parte del "macró", les decía dame la lata. Otros títulos como Dos sin sacarla, Con qué tropieza que no dentra, Siete pulgadas e incluso El choclo, que aunque realmente significa mazorca de maíz, en el sentido figurado y vulgar equivale al castellano "chocho" o "coño" que revelan la procedencia de estos primeros tangos.
Ya a comienzos del siglo XX aparecen los grandes creadores del tango como el uruguayo Enrique Saborido, Rosendo Mendizábal, Ángel Villoldo, Manuel Campoamor y Eduardo Arolas, entre otros, quienes crearon con sus composiciones las bases del género musical; es cuando se escuchan El entrerriano, La morocha y El porteñito; esta fue la época de la primera revolución del tango y el surgir de la "Vieja Guardia" rioplatense.
En 1907 se produce la internacionalización del tango cuando es llevado a París por los uruguayos Alfredo Gobbi y Enrique Saborido. En Francia el género produce una verdadera locura y desde allí se expande a toda Europa y Norteamérica. Hacia 1916 un tango de Samuel Castriota titulado Lita, unido a la letra del compositor Pascual Contrusi, hacen nacer a Mi noche triste, un tango-canción que en 1917 es popularizado por un humilde cantor rioplatense llamado Carlos Gardel, el más conocido intérprete de tango de todos los tiempos y convertido en leyenda después de su muerte en un trágico accidente aéreo en Colombia en 1935.
Desde el primer tango y pasando por la revolución de la Vieja Guardia, el tango-canción; el tango orquestral de Julio de Caro que incorpora a la música rioplatense los recursos de la técnica musical; las famosas letras de Celedonio Esteban Flores que encarnan a la misma evolución de la sociedad y añaden con éxito la jerga vulgar al género, el lunfardo, y lo hacen popular; Enrique Santos Discípolo, Catulo Castillo, Eduardo Rivero, Alberto Castillo, Piazzola, Pugliese, el uruguayo Canaro, Roberto Goyeneche y muchos otros que nos hacen imposible concentrar en tan pocas lineas, sus triunfos como El día que me quieras, Madame Ivonne, Garúa, Por una cabeza, Mano a mano y Caminito, del argentino Juan de Dios Filiberto, todos, junto a las historias del hoy reconstruido Viejo Almacén en el barrio de San Telmo, Buenos Aires, así como el Café La Giralda, en Montevideo, Uruguay, donde se estrenó La cumparcita, el llamado "himno de los tangos", no son sólo recuerdos de un siglo que ya termina, un siglo de tango; son reminiscencias de un género que vivirá y perdurará para siempre como patrimonio de América.
La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
|
El enigma Hemingway
Arnoldo Varona Limia
"Abandonamos a todos sin dificultad cuando la aversión sobrepasa nuestro amor". Ernest Hemingway, París (1949).
El enigma que rodea la vida de Ernest Hemingway, considerado uno de los mejores escritores de este siglo, quizás jamás se aclare. Treinta y seis años después de su trágica muerte los lectores de sus obras todavía se hacen preguntas que nunca han sido contestadas debidamente. El escritor cuya característica fue el narrar en sus novelas y relatos con nombres ficticios su propia vida y la de los personajes que le rodearon, aplicaba en ellas su propia filosofía cargada del rencor y la melancolía que persistentemente le persiguieron.
Detrás de sus personajes se encondía el escritor bajo un disfraz que algunos de sus contemporáneos señalan ser producto de su propia inseguridad y dudas de sí mismo. Quienes le conocieron por años le vieron diferentemente tímido y ruidoso, bondadoso y diabólicamente cruel, enemigo de las guerras y constantemente armador de peleas, amante de los deportes de sangre. Corpulento y de anchas espaldas, agradable, fascinante sonrisa y descuidado al vestir, la presencia de Hemingway era inolvidable. Abusivo e injusto con las mujeres que le amaron, fue también tierno, sensible y hasta débil con otras que le desdeñaron.
Desde "Padres e hijos" donde relata su primera experiencia sexual con la indita Trudy (en la vida real Prudence Boulton) "sobre los leños de asbestos detrás del campamento" hasta sus historias juveniles, "Allá en Michigan", en que con la amiga de su compañera de colegio Marjorie Bump "logran hacer lo que ambos querían en el frío suelo del muelle detrás del restaurant", todos sus personajes aunque falsos, mantienen el calor de la vida real.
En cada uno de ellos esconde el escritor su peculiar característica y atrevida imaginación. Agnes, una pelirroja y bella enfermera, de buena figura, que conoce al escritor en un hospital donde éste se reponía de heridas recibidas durante la Primera Guerra Mundial fue su primer gran amor y desengaño. Aunque ocho años mayor que Hemingway, éste se enamora de ella en tal forma que hasta comienza a hablar de matrimonio. Después de ser Agnes trasladada a otro hospital Ernest recibe una carta donde ella dice estar enamorada de otro. En su novela "Adiós a las armas", el escritor desahoga en su personaje central, Catherine (Agnes), todo el rencor de ese duro golpe que no olvidaría por muchos años.
Al poco tiempo conoce a Hadley, que sería su primera esposa. Ella también es pelirroja, de buena figura y ocho años mayor que él, lo que deja ver la profunda huella que dejó Agnes en el escritor. Hadley como esposa aporta al escritor uno de los ingredientes que todo intelectual necesita para desarrollar su propia capacidad creativa, ecuanimidad. Con los viajes de la pareja a Europa, ya como corresponsal, comienzan para él sus verdaderos triunfos.
Al mismo tiempo que con la fama su vida se convierte en un libro abierto al público también se torna el escritor hiriente, duro y sarcástico. Aquel fiel amor que Hadley le ofrece no le es suficiente, y aprovechando que ésta tiene que permanecer en París con su hijo enfermo, Hemingway se escapa hacia España con Pauline, una amiga de Hadley. Allí ambos comienzan un apasionado romance que termina con su divorcio de Hadley; los amantes se casan y van a vivir a Cayo Hueso, Florida, donde compran una propiedad y un barco, "El Pilar", con una pequeña fortuna heredada por Pauline.
Aunque no es una mujer bella, Pauline, con su desahogada posición económica, trae a Ernest la tranquilidad de poder concentrarse en sus escritos al tiempo que entrega a éste ese cariño maternal que por tanto tiempo mucho necesitó el escritor.
En aquellos momentos Hemingway es famoso y conocido en todo el mundo, sus fotos aparecen en todos los periódicos, donde no escapan los chismes ...y algunas verdades. En sus viajes de pesca a Cuba conoce a una amiga de Pauline, Jane, quien es casada, de bella figura y es fuerte tomadora (otra debilidad de Hemingway), ambos se convierten en amantes. Llega a ser tanto el escandalo público de sus amores que en una ocasión Ernest tiene que saltar del segundo piso del hotel donde se encontraba con Jane ("Ambos Mundos", en la Habana Vieja) para no ser sorprendido por Pauline que se presenta en el lugar sin avisar. En su novela "La corta y feliz vida de Francis Macomber" el escritor retrata junto a su personaje central la historia de sus amores con Jane.
Hemingway encontró durante esta época de revelaciones públicas y periódicos sensacionalistas el terreno abonado para hacer crecer ante el público una imagen de su persona más grande de la que era en realidad, detrás de cuya sombra, camuflajeada como siempre, escondió su enigmática personalidad. Es cuando llega a su vida Martha, joven, bella e independiente, una "mujer espléndida". Su encuentro con ella en Madrid resulta fatal para su matrimonio católico con Pauline. Por gestiones de Martha compran una casa en las cercanías de La Habana, "La Vigía", vieja casona que se convierte en nido de amor de la pareja y donde Hemingway escribe novelas de la categoría de "Por quién doblan las campanas", "El viejo y el mar" y "Cruzando el río entre los árboles". Martha se convierte en su tercera esposa. Todo es maravilloso por algunos meses hasta que regresan al escritor los períodos depresivos y melancólicos de otros tiempos comenzando así el trato abusivo hacia ella. Cuando Mary llega a "La Vigía" ya Martha ha dejado a Hemingway para siempre.
Mary, que es corresponsal en Londres cuando Hemingway la conoce, se convierte desde su llegada a "la finca" en dueña y señora del lugar, todo rincón conoce de su mano y buen gusto. Se convierte en la sombra del escritor. Es tal su deseo de complacerlo hasta en su más mínimo capricho que con los meses permite dejar venir a otras mujeres a su casa, lo cual acepta con gran humillación para su persona.
Es cuando surge Adriana en la vida de Ernest; ella, una bella condesita italiana de 19 años que los Hemingway habían conocido en uno de sus viajes a Italia, él la invita a pasarse temporadas en la casona de La Habana y ella acepta con gusto. Aunque todos los biógrafos de Hemingway coinciden en afirmar que fueron relaciones amorosas sin ninguna consecuencia, ella logra el milagro de hacer regresar al escritor aquella llama y bríos literarios casi apagados en él.
Hemingway está de nuevo enamorado. En su novela "Cruzando el río entre los árboles", Adriana ocupa el personaje central (Renata) detrás del cual, como siempre, se esconde la ficción del autor y donde retrata relaciones amorosas que quizás nunca sucedieron. En sus memorias, Adriana comenta cómo el escritor llora ante ella desconsolado por no ser correspondido. Ella vuelve a Italia y se casa, él continúa su vida de viajes y estancia en la casona habanera.
En su novela "Islas en la corriente", el personaje central es Liliana la Honesta (en la vida real Leopoldina Rodríguez), una prostituta habanera, mulata elegante y bien educada según algunos que la conocieron. Hemingway, que la trató por años, muchas veces la llevó a "la finca". Cuando Leopoldina murió y a pesar, según rumores, de tener un hijo que ella había ayudado a hacerse médico, un solitario doliente que pagó por el funeral la acompañó hasta un viejo y oscuro cementerio de La Habana. Era un hombre corpulento, de anchas espaldas, tupida y canosa barba, vestía una guayabera de mangas cortas y anchos pantalones estrujados.
El 2 de julio de 1961, Ernest Hemingway introdujo los dos cañones de su escopeta favorita dentro de su boca y apretó el gatillo, terminando su propia vida tal como lo habían hecho su abuelo y su padre. Con todos los actores muertos, el enigma en la vida de Ernest Hemingway jamás será descifrado.
|
La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
|
Rómulo Gallegos: México y Cuba, dos novelas
El privilegio de contribuir a hacer historia no pertenece tan sólo a los revolucionarios como muchos en nuestras agobiadas sociedades parecen creer. Un hombre de moderación, de sentir pacífico puede influir enormemente en el destino de su pueblo. Es el caso del novelista, maestro y político venezolano Rómulo Gallegos, una de las más recias y conocidas figuras del criollismo latinoamericano.
Como novelista, Gallegos sentó los principios estéticos del regionalismo hispanoamericano. En sus novelas hay una comprometida confrontación, una fiera lucha, entre la barbarie y la cultura, la civilización misma. En sus obras describió costumbres, tradiciones y el duro bregar del hombre en el medio donde existe. Una de sus reconocidas novelas, "Doña Bárbara" (1929), que le hiciera famoso internacionalmente, traduce en expresión aquel simbolo de barbarismo que Venezuela sintió debía llegar antes del despertar de sus ansias dormidas de liberación. En sus novelas "Cantaclaro", "El forastero", "La trepadora", "Pobre negro", "Canaima" y "Reinaldo Solar", la fuerza de la jungla, la guerra civil, el poder del salvajismo y la lucha del hombre ante la naturaleza humana son temas centrales.
En febrero de 1948 es elegido Rómulo Gallegos a la Presidencia de Venezuela por un periodo legítimo de sólo 11 meses al ser derrocado por un golpe militar en noviembre de 1948. Después de un corto período en la cárcel se le envía al exilio, llegando a Cuba el 5 de diciembre. El país le dispensa una calurosa bienvenida; el pueblo cubano honraba a una personalidad singular, maestro, político y escritor. Su presencia llenó de orgullo a la nación gobernada en ese entonces por un gobierno civil democrático. Como hábil escudriñador de realidades, en pocos meses, el novelista comienza a recoger datos de las particulares circunstancias cubanas de aquel entonces.
Su novela cubana, "La brizna de paja en el viento", usó como tema central la desviación hacia el pistolerismo de parte del estudiantado cubano despues del derrocamiento del dictador Machado. A la huida de éste hubo jóvenes que no pudieron adaptarse a la paz, se habían enviciado en la tensión que representa el peligro de jugar con la vida y con la muerte. Tremendas contradicciones entre ideales de justicia social y manifestaciones de caudillismo y totalitarismo político que han durado hasta nuestros días y fueron producto de esa etapa que tan bien narró el novelista venezolano. Principales personajes en la novela cubana de Gallegos son Justo Rigores, "El Caudillo", ex combatiente de los grupos de acción antimachadistas, adherido a la universidad y en el que no existía ya espíritu ni propósito noble y justiciero; Juan Luis Marino, hijo de guajiros honrados que ingresa en el centro de estudio creyendo en él necesario sacrificio. Rigores se propone usar con fines bastardos el ansia de justicia y la sed de sacrificio del estudiante guajiro. Hijos de la realidad cubana surgen en la novela un buen número de personajes; la rumbera Clorinda, que vuelca en la santería sus confusas aspiraciones sentimentales; el profesor Rogelio Lucientes y los Azcárate, familia latifundista entre cuyos miembros se destaca Florinda, de quien Juan Luis se enamora; a éste le corresponde en la novela el título "brizna de paja en el viento". El autor en su novela cubana insiste en la eterna lucha entre el bien y el mal. Como en todas sus novelas, al final triunfa el bien quedando el idealismo del profesor Lucientes como un simbolo de renovación.
La novela mexicana
Durante su exilio en México, en la misma forma en que lo habían tratado en Cuba y otros países que visitó, sus autoridades y pueblo en general hubieron de entregar a Rómulo Gallegos el reconocimiento pocas veces dispensado a un político extranjero; buenos amigos mexicanos contribuyeron a este merecido honor. Numerosas conferencias en universidades del país elevaron su figura no sólo ante la élite política que lo consideró uno de los suyos, sino ante la juventud mexicana que llegó a admirarlo en toda su dimensión intelectual y humana. Algunos de los estudiosos de las obras galleguianas han mostrado un cierto sentido de misterio por la cancelación en varias ocasiones de su última novela sobre la realidad mexicana, "La brasa en el pico del cuervo", pospuestas según conocedores por sentirse entraba de lleno dentro de temas y conflictos mexicanos relacionados con la Reforma Agraria en aquel entonces.
La obra finalmente fue publicada después de su muerte; ésta, su novela póstuma, expone de nuevo la lucha encarnizada entre la civilización y la barbarie, esta vez en la cotidiana experiencia del campo mexicano. Al igual que otros personajes en sus narraciones como Marcos Vargas o Demetrio Montiel, los Orozcos y los Gracián, éstos vuelven a brotar, esta vez en los campos agrícolas y haciendas de Michoacán y Morelia. El autor reafirma lo que había observado en Cuba y otros lugares; que la realidad de Venezuela, con alguna que otra variante, era la misma que la del resto del continente.
Gallegos se da cuenta de que somos el todo de un mismo drama, realidad tan cruda y atropellada que a veces desborda la capacidad y la fe de nuestros sufridos pueblos. En muchas de sus novelas, el escritor, con su visión magisterial, civilista y paciente, sueña a través de sus personajes en la realización de grandes obras. Una y otra vez trata de ordenar el caos.
Reinaldo Solar, uno de los personajes de su novela "El último de los Solares" —al igual que numerosos de nuestros amigos y compañeros cubanos en la vida real que todo lo han sacrificado por el bien común— despierta una mañana para darse cuenta de que la hora de los suyos ya ha pasado. A ratos se excita ante una aparente posibilidad de un despertar nacional, pero la euforia revolucionaria carece de continuidad. Se espera más de "un milagro" que de la ardua tarea de todos los días. Carencia de una voluntad paciente. En la novela, Reinaldo, que llega de un inútil y largo camino, escucha de una nueva revolución en marcha y exclama: "Este mal es incurable, está en la sangre, somos incapaces para la obra paciente y silenciosa. Queremos hacerlo todo de un golpe; por eso nos seduce la forma violenta de la revolución armada. La incurable pereza nacional nos impulsa al esfuerzo violento capaz del heroísmo, pero rápido, momentáneo. ¡Todo o nada! Pueblo que sabe arriesgar la vida, pero que es absolutamente incapaz de consagrarla a una empresa tesonera. Al fin nos quedamos sin nada".
En la novela y, a pesar de la contradicción, Reinaldo se lanzó a la lucha armada.
Como un espejo de nuestras realidades. ¡Se quedará sin nada!
La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
|
Las huellas cubanas de Federico García Lorca
Arnoldo Varona
En Cuba se ha constituido una Comisión Nacional que dirigirá los actos de conmemoración al Siglo (1898-1998) del nacimiento de uno de los más destacados y reconocidos poetas que haya dado España, Federico García Lorca.
En la reciente inauguración del Centro Cultural de España en La Habana y conscientes del cariño y admiración que Cuba le profesa al inolvidable bardo, el dramaturgo Lluis Pascual aprovechó la oportunidad para desgranar ante los asistentes algunos versos del poeta granadino; al mismo tiempo se realizaba una exposición fotográfica de reconocimiento. Estuvo presente Manuel Fernández Montesinos, sobrino de Federico García Lorca. En España, el año de 1998 ha sido bautizado por el pueblo "El Santo Año de Lorca" como parte de los festejos que la Comisión Nacional Organizadora de los Actos del Centenario de Federico García Lorca, que preside el Rey español Juan Carlos, celebrará con un gran número de eventos.
Llega a La Habana
"Soy Federico García...", diría a manera de presentación a quienes le recibían a su llegada a La Habana, uno de los mejores escritores españoles de todos los tiempos. Desde entonces, 7 de marzo de 1930 y para siempre, el poeta andaluz Federico García Lorca se convertiría en una de los más admirados y queridos intelectuales que visitarían a Cuba. Su gracia y sencillez hubo de ganarse a todos los que le conocieron.
Federico García Lorca llegaba desde Nueva York invitado por la Asociación Hispano Cubana de Cultura que dirigía don Fernando Ortiz para dar una serie de charlas y conferencias en la isla. Además de dramatista, pintor, pianista y excelente actor, García Lorca era, y todavía es, uno de los mejores poetas que haya dado España desde el siglo XVII.
Sin filiación política alguna, una de las causas de su trágica muerte ocurrida a principio de la rebelión nacionalista de 1936 en España fue producto de la intolerancia en la sociedad española de entonces que consideraba al homosexualismo como un pecado.
Su libro "Poeta en Nueva York", que completa durante su estancia en Cuba con su poema "Son de negros en Cuba", recoge en sus versos la fuerte impresión que dejaran en el poeta sus días cubanos, que en carta a sus padres desde La Habana les dice: "Esta isla es un paraíso". Federico García Lorca se deslumbró con Cuba tanto como los mismos cubanos se hechizaron con su presencia. En su poema dedicado a la isla "Son de negros en Cuba" dice:
"Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba, iré a Santiago en un coche de agua negra. Iré a Santiago. Cantarán los techos de palmera. iré a Santiago. Cuando la palma quiere ser cigüeña, Iré a Santiago".
Su poema transformó en Cuba a la poesía adherida al populismo de la época; género y arte que cultivan los cubanos Zacarías Tallet, Nicolás Guillén entre otros y que se extenderá con los años por toda nuestra América.
Desde su llegada a Cuba junto al poeta español estuvieron sus amigos los hermanos Loynaz del Castillo; Flor, Carlos, Enrique y Dulce María, esta última muerta hace apenas unos meses en La Habana, ciudad a la que se negó abandonar; otros amigos del poeta granadino que entonces le acompañaron fueron José María Chacón y Calvo, que fuera instrumento de su viaje a Cuba, Emilio Roig y los poetas Cardosa y Aragón, guatemaltecos, y Porfirio Barba Jacob, colombiano.
Todo el mundo que le conoce queda prendado de "su gracia y vitalidad", como dijera la escritora cubana Lydia Cabrera, que le conoció y a quien el poeta dedica, escogida por ella misma, uno de sus más famosos poemas, "La casada infiel", que con razón el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante considera entre los textos más eróticos escritos en español. Su visita a La Habana, como la describe un periodista de entonces, está "llena de agasajos, de charlas y de homenajes y abrumada por la dulce tiranía de la amistad".
En sus cartas de aquellos días, García Lorca, refiriéndose a la mujer cubana, lo hace como "las más hermosas del mundo. Esta isla tiene más bellezas femeninas de tipo original... debido a las gotas de sangre negra que llevan todos los cubanos".
Además de sus reuniones literarias García Lorca gustaba de escaparse a solas para así recorrer los barrios marginales de La Habana, mezclándose con la población del país y desapareciendo por algún tiempo en las provincias cubanas.
"¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas! Iré a Santiago. ¡Oh cintura caliente y gota de madera! Iré a Santiago".
En sus escapadas a través de la isla visita las ciudades de Sagua la Grande y Caibarien, Cienfuegos. Viaja a Santiago de las Vegas invitado por la Asociación Cultural "Euterpe", presidida por el dramaturgo Marcelo Salina. Visita Varadero, el Valle de Viñales, el Valle de Yumurí, donde queda extasiado por la belleza del paisaje. A fines del mes de mayo llega a Santiago de Cuba, hospedándose en el Hotel Venus cerca del centro de una ciudad que oye admirada su conferencia "Mecánica de la nueva poesía", que atrae un numeroso público.
"Siempre he dicho que yo iría a Santiago en un coche de agua negra...".
Decía al terminar una de sus estrofas su poema "Son de negros en Cuba".
El 9 de agosto de 1936 en Granada, el poeta Federico García Lorca es arrastrado por simpatizantes falangistas a un campo raso y fusilado, sus restos son echados en una fosa común sin identificar.
Allí, en el barranco de Viznar, conocemos de una placa y el recuerdo de sus versos...
"que todos sepan que no he muerto; que hay un establo de oro en mis labios; que soy el pequeño amigo del viento Oeste; que soy la sombra inmensa de mis lágrimas".
La muerte de aquel poeta español que amó a Cuba, y entre cuyas notas a sus padres se puede leer: "Si me pierdo que me busquen ...en Cuba", dejó marcas imborrables en todos los que le conocieron y lamentaron su inútil asesinato.
En homenaje a sus cien años de nacido, todos los cubanos y españoles, al igual que el mundo entero, deberían de conmemorar en honor a la memoria de Federico García Lorca no sólo su resurrección espiritual, también la derrota de la intolerancia.
La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
|
|
|