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Nuestro marsupial
americano
El mal llamado "zorro" en nuestra región, es
en realidad la ZARIGÜEYA (conocido también como
“tlacuache”
en el norte y centro del país). Es un marsupial de la
familia
de los didélfidos, y el único representante de este
orden que habita en nuestro continente.
Por lo general, cuando se habla de marsupiales (animales
que poseen
marsupio, es decir, una especie de bolsa en el vientre
en donde
guardan a sus crías), inmediatamente se piensa en los
canguros
de Australia, bellos y vistosos animales que se han
vuelto famosos
por esta característica y son un emblema de dicho país.
Pero Australia no es el único lugar en donde habitan
animales
de este grupo. Aquí en América, extendida en casi
todo el continente habita la Zarigüeya, nuestro
marsupial
americano; que a diferencia de sus “primos”
australianos,
no es tan apreciada, sino más bien perseguida y
maltratada
por considerarla “dañina”.
Características
generales
La zarigüeya es un animal de hábitos nocturnos y de
naturaleza arborícola. Posee extremidades especialmente
desarrolladas para ese fin, incluyendo la cola, la cual
es larga,
fuerte y prensil. Tiene cinco dedos en cada pata y en
las posteriores
tiene pulgares oponibles, como los de una mano humana.
Estas características
físicas le dan gran aptitud como animal trepador. Sin
embargo,
la zarigüeya ha tenido que adaptarse a todo tipo de
terreno,
obligada, entre otras cosas, por la invasión
colonizadora
humana que ha destruido gran parte de su hábitat. Así,
en las zonas deforestadas por el hombre, como los
poblados y las
ciudades, la zarigüeya ha tenido que refugiarse en
cuevas
o madrigueras profundas de las que solo sale por las
noches en
busca de alimento.
En estado silvestre, la zarigüeya
es un animal pacífico,
tímido y solitario. Solo en determinadas circunstancias
se torna agresiva; por ejemplo, cuando es atacada,
capturada,
manipulada o cuando está en cautiverio. Al sentirse en
peligro emite un sonido sibilante con la boca abierta y
segrega
un olor desagradable a través de dos glándulas anales.
A veces, también expele orina o defeca. Existen varias
especies que se diferencian en cuanto a tamaño, tono y
forma del pelo. La más común en nuestra región
es la Zarigüeya de Virginia (Didelphys virginiana), que
se
distingue por el hocico pronunciado y lampiño, el pelo
hirsuto y oscurecido, y la cola calva y escamosa.
Función
del marsupio
El marsupio es un órgano desarrollado únicamente
en la hembra, ya que tiene una función maternal.
Proporciona
protección a las crías que al nacer, todavía
no están completamente formadas y son casi tan pequeñas
como una abeja. La madre las guarda entonces en el
marsupio para
que concluyan su desarrollo embrionario. Ahí terminarán
de formarse, multiplicarán su tamaño y se amamantarán.
Luego de un período de aproximadamente dos meses, las
pequeñas
zarigüeyas estarán ya listas para salir de la bolsa
marsupial. La madre todavía las llevará un tiempo
prendidas en la cola o en el lomo.
Mecanismos
de defensa
Siendo un animal pacífico, la zarigüeya carece de
métodos efectivos de defensa. Estos se limitan al
“silbido”
o “gruñido” que emite con el hocico abierto
y al hedor nauseabundo que expele al ser atacada. Pero
muchas
veces esto no es suficiente para repeler al enemigo. Por
tanto,
la zarigüeya ha desarrollado un inusual tipo de
comportamiento
que utiliza como último recurso: fingirse
muerta.
Hoy se discute sobre si realmente es una simulación o un
acto involuntario, pero lo que es un hecho es que al
verse en
peligro extremo, la zarigüeya se inmoviliza quedándose
tiesa, su respiración se hace muy lenta, casi
imperceptible,
su ritmo cardiaco también disminuye, y el animal muchas
veces se encrespa, saca la lengua y queda con los ojos
vidriosos.
Esta condición puede durar desde 40 minutos hasta 4
horas,
y en ese estado puede soportar todo tipo de maltrato sin
inmutarse.
Lo más común es que su agresor al verla tiesa, babeante
y hedionda, cese su ataque y la deje creyéndola muerta
y en estado de corrupción. Sin embargo la zarigüeya
“revive” y al verse fuera de peligro, se aleja
rápidamente
(muchas veces malherida) a refugiarse en su escondite.
Algunos biólogos que han estudiado este comportamiento,
opinan que en realidad, el animal no está fingiendo,
sino
que al ser muy asustadiza, el miedo extremo la hace caer
en un
estado de coma involuntario, lo que explica el que
disminuyan
sus signos vitales y pierdan toda sensibilidad. La
creencia común
es que el animal solo finge (“se hace la muerta”)
como estrategia de defensa para engañar al enemigo.
Poderoso
sistema inmunológico
Aunque comúnmente se piensa que la
zarigüeya es un
activo propagador de enfermedades, como la rabia,
estudios científicos
han demostrado su gran capacidad de resistencia a esta
enfermedad.
Mucho mayor que la de cualquier otro mamífero cercano al
hombre (perros, gatos, ganado, etc.) De hecho, se
necesitan concentraciones
muy altas de este virus para poder infectar a una
zarigüeya.
Los científicos atribuyen esta resistencia a su baja
temperatura
corporal (entre 34 y 37oC.) poco favorable para que el
virus pueda
sobrevivir en su organismo. También es inmune a
enfermedades
como el parvovirus o la hepatitis felina. Además, se ha
observado que pueden engullir serpientes venenosas sin
ser afectadas
por sus toxinas. Se cree que las zarigüeyas son
resistentes
a muchas otras enfermedades conocidas, lo cual todavía
es objeto de estudio.
La ignorancia...
¿justifica la crueldad?
La zarigüeya tiene varios nombres locales o comunes;
algunos
son: rabipelado (Venezuela), gambá (Brasil), carachupa
(Bolivia), tlacuache (México), oposum (EE.UU.), pero sin
duda los más errados son los de: “comadreja”
(Argentina y zonas rurales de EE.UU.) y “zorra” o
“zorro” (partes de Colombia, Ecuador, Perú
y México), ya que estos son nombres propios de otros
animales,
cuyas características son muy diferentes. Esto ha
contribuido
a la confusión (aunado a la falta de información
y conocimiento), que sobre este marsupial, tienen la
mayoría
de los campesinos y granjeros, que la consideran un
“animal
de rapiña” y por ende, un peligro para sus gallineros
y animales de cría; por lo que la persiguen cruel y
encarnizadamente.
Pero a diferencia del verdadero zorro y la verdadera
comadreja,
la zarigüeya no es un auténtico depredador. La captura
de pequeñas especies es solo una opción más
en su alimentación, que se compone principalmente de
frutas,
insectos, reptiles, larvas, huevos así como una amplia
gama de plantas. Incluso, en situaciones de escasez
puede conformarse
con raíces o granos. Es pues un animal OMNÍVORO
(come de todo), a diferencia de los genuinos
depredadores que
por lo regular, solo viven de lo que cazan.
La destrucción de su hábitat por la acción
del hombre, ha obligado a este marsupial a luchar contra
un medio
ambiente más hostil. Lucha en la que solo busca asegurar
su propia supervivencia. Ante la falta de bosques y
montes en
las zonas urbanas, la zarigüeya ha tenido que buscar su
sustento
en los basureros o en lo profundo de los patios,
hurgando entre
los desechos humanos, lo que le ha valido ser
injustamente considerada
como “fauna nociva”. La crueldad con que se le persigue
muchas veces raya en lo extremo e irracional.
Situación crítica
en nuestro Estado
En nuestra región, mucha gente parece tener fobia a las
zarigüeyas. Lo más común, es que este animal
sea lapidado y tundido a palos; pero se sabe de
zarigüeyas
que han sido capturadas vivas y colgadas de cabeza para
seguirlas
apaleando, mutilarlas a punta de machete, y a veces
hasta incinerarlas.
Otras han sido dejadas colgadas (“por si reviven”),
expuestas al sol para que mueran de hambre y sed.
Su situación no es mejor en la ciudad, donde también
es perseguida y exterminada con saña. Aquí lo más
común es tirarla a media calle (luego de golpearla
salvajemente)
para que los automóviles le pasen encima y así evitar
que “reviva”. En Mérida, ver zarigüeyas
muertas en medio de las calles es cosa de todos los
días.
La gente las mira con indiferencia, y lo único que
lamenta
es el hedor que producen sus cuerpos en descomposición
ZORRO
y COMADREJA, dos animales con características
físicas
bien definidas, así como hábitos y tipos de conducta
que difieren
en mucho de los que caracterizan a las Zarigüeyas
¿Cómo
podemos ayudarlas?
Lo primordial es informarse adecuadamente sobre la
verdadera naturaleza
de este marsupial, antes de caer en ideas erróneas.
Muchas
creencias populares le han dado una imagen negativa y
alejada
de la realidad. Las zarigüeyas NO SON ZORROS, COMADREJAS
O RATAS; éstos son animales de
diferentes órdenes
y géneros, con características y hábitos
también diferentes. Tampoco son autenticas depredadores
(aunque ellas si tienen un depredador más implacable y
efectivo: el hombre)
No son agresivas en estado silvestre, más bien son
asustadizas
y escurridizas. No presentan mayor riesgo de salud que
otros mamíferos,
y en general tienen hábitos de conducta que pueden ser
más benéficos que perjudiciales. Por ejemplo, siendo
omnívoros, pueden comer todo tipo de insectos, reptiles,
larvas y ratones, que a veces abundan en los patios y
solares.
También pueden consumir la fruta muy madura, restos de
comida e incluso carroña, con lo que contribuyen a
limpiar
el entorno. Gracias a su sistema inmune, pueden fungir
como eficaz
“barrera” biológica a algunas enfermedades
de potencial transmisión al hombre. Además, siendo
animales nocturnos, rara vez sus excursiones interfieren
con nuestras
actividades cotidianas. Si aún así, no deseamos
la visita de este marsupial, basta con seguir unas
simples reglas
de higiene y limpieza, a fin de desalentar su presencia.
Por ejemplo,
por las noches es conveniente:
• No dejar fuentes de comida a la interpiere.
• Tapar botes de basura.
• Limpiar los patios recogiendo frutas caídas en
el piso.
• Tapar agujeros y hoyos que puedan servir como
madrigueras
potenciales.
Las zarigüeyas son animales errantes y vagabundos. Rara
vez
permanecen más de unos días en un mismo lugar. Por
lo que si alguna de ellas ha buscado refugio en nuestro
patio,
podemos estar seguros de que se irá; a menos que se
trate
de una hembra preñada, probablemente tardará un
poco más, pero a final de cuentas también se retirará.
Si aprendemos a convivir con la fauna de nuestro
entorno, podemos
evitar prácticas crueles, que no solo atentan en contra
de la naturaleza, sino que además alteran el equilibrio
ecológico y nos denigran como especie, pues nos vuelven
indiferentes e insensibles al sufrimiento de los demás
seres vivos.
Más apreciada en
las culturas antiguas
Según la opinión de los biólogos, la
zarigüeya
es un autentico “fósil viviente”. Se estima
que estas especies han subsistido por más de 60 millones
de años sin experimentar cambios notables en su
fisonomía.
Esta datación nos llevaría hasta el último
período cretáceo de la era Mesozoica, por lo que
las zarigüeyas bien pudieron haber sido ¡contemporáneas
de los dinosaurios! Son quizás, la familia más vieja
de mamíferos que aún habita sobre la Tierra.
Se cree que la zarigüeya fue el primer animal americano
que
llamó la atención de los colonizadores europeos
que comenzaron a llegar en el siglo XVI. También que fue
el primer animal que se llevaron los conquistadores
españoles
a Europa, junto con plantas y frutos de la región.
Entre los pueblos mesoamericanos se le conocía con el
nombre
de tlacuazin de donde deriva el actual nombre de
“tlacuache”.
Se le consideraba un símbolo de la fertilidad, de la
mujer
embarazada y del parto, seguramente debido a la
costumbre de este
marsupial de llevar a sus hijos en la bolsa. También se
le conocía como “la abuela del alba”, y se
decía que había dado luz al día y al Sol.
Existe una bella leyenda mixteca que narra como la
zarigüeya
se roba el fuego para dárselo a los hombres: El fuego
pertenecía
a los dioses, y estos lo guardaban celosamente. Los
hombres lo
necesitaban para calentarse, alumbrarse y para cocinar,
por lo
que enviaron a varios animales a tratar de obtenerlo.
Sin embargo
todos fallaron. Finalmente la zarigüeya logró apoderarse
del valioso elemento gracias a su larga cola que metió
en el fogón, y a su bolsa que le sirvió para esconder
las brasas.
En la medicina tradicional mexicana era muy apreciada
pues se
consideraba que con su cola y su grasa se podía preparar
“remedios” que aliviaban varios tipos de dolor, así
como artritis e infecciones estomacales.
En la cultura maya, se han hallado vasijas con la figura
esculpida
de una zarigüeya. Se sabe que las creencias religiosas
de
estos pueblos, estaban íntimamente ligadas a los
animales
que habitaban los montes. En el Popol-Vuh, libro sagrado
de los
mayas, la zarigüeya tiene un papel importante con
atribuciones
milagrosas debido que no muere tan fácilmente. A la
hembra
preñada se le veía como símbolo de “la
gran madre eterna”. Su nombre en maya era och.
Este
folleto fue realizado en apoyo a
ASOCIACIÓN
POR LOS DERECHOS
DE LOS ANIMALES EN YUCATÁN A.C.
Diseño y redacción:
Sergio J. Magaña
Fuentes de consulta: www.zoowebplus.com,
www.cuc.udg.mx/estero/tlacuache.html,
www.opossumsocietyus.org/,
www.planetpossum.com/facts.htm. Notas
periodísticas e investigación propia
2004 Mérida, Yucatán, México
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