.25 preguntas‎ > ‎

Juan Manuel Candal


Juan Manuel Candal nació en Buenos Aires, en 1976. Se recibió de licenciado en dirección de cine. Es productor, músico, realizador audiovisual y escritor. Ha participado en varias antologías. Edita del área de literatura del portal cultural Leedor.com. Hace la revista literaria online Otro Cielo.


¿Cuál fue el último libro que leíste?

Leo cosas muy diferentes, y a veces, superponiéndolas. Leí Los Muertos de Jorge Carrión, que me pareció una apuesta muy inteligente pero malograda al fin y al cabo. También Memorias de una dama, un libro que Alfaguara le editó y después le desapareció al peruano Santiago Roncagliolo (que conseguí gracias a la ayuda de un anónimo que hizo circular el PDF), una nouvelle excelente de Ramiro Sanchiz, Ficción para un imperio y un libro de cuentos titulado Música para rinocerontes.

¿Qué libro te gustaría leer en breve?

Tengo una pila enorme de cosas que quiero leer: así nomás, veo asomando Snuff de Chuck Palahniuk (a quién nunca leí aún), Oso de trapo de otro escritor uruguayo interesante, Horacio Cavallo (vengo descubriendo un gran semillero del otro lado del charco), Beautiful Losers de Leonard Cohen, que acaba de salir… Y una interminable columna de libros cuya prioridad cambia según una pulsión anímica difícil de explicar.

¿Descargás música digital?

Sí. Con un poco de vergüenza, no me siento con el derecho a hacerlo. Generalmente, compro los discos de mis bandas de cabecera y bajo todo aquello que quiero conocer. Cuando algo me deslumbra, si se consigue, trato de comprarlo. Pero no tanto por una cuestión moral, sino más bien porque detesto esa cosa de que ahora todos somos comunistas a la hora de pagar un CD, pero igual salimos a comer afuera y compramos zapatillas de marca. Lo que sí bajo sin ninguna culpa son series.

¿A quién votaste en las últimas elecciones?

¿Puedo mentir y decir como casi todos que no voté?

¿Cuánto tiempo pasás conectado a la web?

Todo el tiempo (como el título de Levrero). Laburo conectado a Internet, y tengo esa obsesión de investigar de todo en los ratos libres (desde escritores hasta sitios freaks y todo lo que se te ocurra). También escribo conectado, y eso es complicado: cada cuarenta minutos necesito hacer una pausa, chequear mail, o algún sitio. Necesito la desintoxicación, pero no puedo darme el lujo por ahora.

¿Qué te resulta satisfactorio?

Escribir un párrafo y sentir que quedó logrado. Las charlas largas con gente de la que siento que aprendo cosas. Comprobar que a pesar de que estamos todos superultrarecontrainseguros puedo caminar a las tres de la mañana por cualquier lado y siempre, cosa rara, llego sano y salvo.

¿Qué te irrita?

El pensamiento muerto. La gente que se jacta de ser “coherente” porque hace veinte años que piensa lo mismo. Las viejas que repiten como loro lo que dicen en TN y los pibes que escriben con lenguaje de celular. La frivolidad. Que todos nos hayamos reído de la ingenuidad yanqui en Bowling for Columbine y ahora acá pase algo parecido y nadie se de cuenta.

¿Cuál es tu lectura diaria preferida?

Un libro, siempre. Pero tengo algunos blogs de cabecera, y sólo en un cómodo tercer lugar, los diarios (que también me irritan, estos últimos).

¿Qué te gusta cocinar?

Empanadas de carne. Sé cocinar cosas más complejas, pero es un hecho consumado que mis empanadas de carne son las mejores que se pueden probar en Buenos Aires y alrededores.

¿Qué te gusta comer?

Todo clásico: milanesas, pollo, papas fritas, empanadas, pizza, pastas, asado. Detesto lo agridulce y nunca me interesó la cultura gastronómica. Son elecciones.

¿Cuál es tu peor defecto?

Todo depende del punto de vista: quizás lo que vos considerás tu peor defecto para mí es una de tus mejores virtudes. Yo creo que desde un punto de vista más o menos objetivo se puede decir que a veces soy muy intolerante. Pero, por otro lado, me gusta eso de mí, al menos en parte: cuando del otro lado está la estupidez, la frivolidad o el pensamiento cerrado, me gusta comprobar que no he perdido la capacidad de reacción.

¿Qué cosas te obsesionan?

La edad. Que no se me pase el tiempo de hacer las cosas que quiero hacer. El dinero, los meses que me quedo medio corto. Intentar descubrir cuáles son los nuevos posibles paradigmas de relación, ahora que finalmente se ha demostrado caduco el anterior (del casamiento, el amor para toda la vida, la familia como objetivo). Y a la vez, que probablemente lo mejor que pudiera pasar es que descartemos toda idea de paradigma, pero entonces hay una desolación cósmica que es angustiante (también se la conoce como “libertad”).

¿Qué pensás de las redes sociales digitales?

Que son un elemento, una herramienta más. No me gusta que la gente se la pase diciendo todo lo que hace en su vida en el facebook. Eso me aterra: que la gente viva con la necesidad de dejar constancia, como si su vida careciera de valor si no es pública. En ese sentido—la necesidad del testigo el facebook reemplaza a la religión y a la terapia.

¿Qué cosas te dan miedo?

La salud, pero de los otros. Que se muera o le pase algo grave a la gente que quiero. Darme cuenta demasiado tarde que debí vivir la vida de otra manera.

¿Qué cosas te hacen reír? 

Mi perro, que tiene cara de foca. Capusotto. Les Luthiers. Kids in the Hall. Chandler, en Friends. El humor británico más que el yanqui. Las anécdotas bizarras bien contadas.

¿Qué historias te quedan de tu paso por la industria del porno local como camarógrafo?

Muchas. Muchísimas. Son tan bizarras que algunas son poco creíbles. Son parte de un libro que escribí titulado Mundo Porno, pero al que le falta laburo y cierto distanciamiento todavía.

¿Qué es lo más difícil de hacer Otro Cielo?

Te digo lo más fácil: tratar con los escritores conocidos. El resto es todo complicado. Por un lado, lo más difícil es ver la apatía que hay del lado de los propios autores anónimos que están que sí, que no. Por otro lado, la cantidad de material que hay que leer. Es mucho, y no todo vale la pena, por supuesto. También es difícil trazar el límite: uno siempre se siente jodido por rechazar a alguien.

¿Y lo mejor?

Cierto reconocimiento que jamás hubiera esperado, de parte de gente que uno admira. Haber entablado algunas amistades. Y lo mejor de todo: esos cuentos que llegan y de repente te revelan a un escritor anónimo fantástico. Así he conocido ya un puñado a los que sigo, y siempre se está expandiendo. Hace poco tuvimos esa experiencia con los uruguayos y saqué por lo menos media docena de nombres que son impresionantes.

¿Qué historias se cuentan en La Plata?

Hay mil historias de gente que vino de pueblitos que eran apenas una manzana con su iglesia, su plaza, su mercado y ahí terminaba todo. Hay gente que nunca había pisado un cine y tiene dieciocho años. Al ser la famosa “ciudad estudiantil” viene gente que nunca vio tantos autos pasando en la calle.

¿Cuál es la parte de la ciudad que más te gusta?

La Plata es una ciudad de infinitas posibilidades pero eternamente desperdiciadas. Miro la ciudad y pienso “si yo fuera intendente…”. Me gustan los barrios que parecen Caballito en los años 80. Me gusta el centro (soy porteño de origen, ¿qué querés?) y me gusta cierta fantasía que recorre las calles con casas viejas y abandonadas.

¿Sos un cineasta que escribe relatos o un narrador que estudió cine?

¿O soy un músico que no hace bien ninguna de las tres cosas? En el cine no me gusta tanto la idea de la narración: si me dedicara a hacer películas me gustaría hacer cosas más abstractas, tampoco videoarte, sino más bien profundizar en la lírica de la imagen. Pero me fascina escribir. Ahí siento que tengo mucho más por explorar. Hoy por hoy, lo que más me llena es escribir.

¿Qué lugar ocupa la música en tu vida?

Uno imposible que transmitir: la música me acompaña en casi todo, porque escucho desde música clásica atonal hasta trash metal y puedo pasarla bien con un disco con sensibilidad pop también. Pero aparte me gusta tocar y más todavía, me gusta mezclar. Creo que podría haber sido un excelente ingeniero de sonido y luego un interesante productor.

Si pudieras elegir cualquier libro, ¿cuál adaptarías para el cine? 

Uf. De lo primero que se me ocurre: El péndulo de Foucault, de Eco, El viajero del siglo, de Neuman, Radio Ciudad Perdida, de Daniel Alarcón. Pero más que eso me gustaría poder hacer una serie de episodios de 30-40 minutos en los que cada episodio fuera la adaptación de un cuento. Ahí haría de todo: desde clásicos de Borges, Cortázar y Fogwill hasta relatos de ahora, alguno de Schweblin, de Nielsen, de Fabio Morábito, de Lina Meruane, de Mario Levrero. Esa serie sería épica.

¿Cuál sería la mejor forma de festejar el Bicentenario de la Revolución de Mayo?

No sentí un gran ánimo de festejo. Por ahí porque la sensación de patria está un poco diluida entre tanto enfrentamiento interno. Me gustaría decir que con una gran fiesta popular, pero porque pienso en música como primer impulso.

¿Qué te hace feliz?

Los libros, las películas, Lost, ir solo al cine y sentir que las luces se apagan; escribir es algo que me hace muy feliz, por momentos. Ir a una librería pensando que voy a buscar un título y quedarme curioseando, intentando recordar algún autor que me recomendaron, y encontrar otra cosa inesperada, llamativa, que de repente se parece al libro que toda mi vida quise leer sin saberlo. Pero sobre todo, esos momentos en los que estoy con alguna otra persona y siento que estamos conectando, que nos entendemos a un nivel interesante. Bueno, y el erotismo y la seducción, que no sólo están presentes en el acto sexual y el levante. Una vida completa encuentra erotismo, música y filosofía en casi todo lo que toca o sobrevuela.






Agosto, 2010.