por Lorenzo Meler en el Diario del Alto Aragón el 26 de Octubre de 2008 http://www.diariodelaltoaragon.es/index.php?mod=noticias&mem=detalle&relcategoria=1014&idnoticia=316181 Hace unos días, con una ilusión casi infantil, decidí acudir a un pleno del Ayuntamiento de Huesca, en el cual se iba a tratar un tema sobre el que habíamos estado trabajando en el partido. Si el sentimiento de emoción apareció enseguida, en cuanto supe cuándo podía ir a ver aquello, la desilusión tardó un poco más, como una hora. Después de que hablaran todos los grupos políticos y viera en sus tonos monótonos una cierta falta de humanismo, comprendí que aquello iba a ser un mero trámite; ninguno de ellos se miró a los ojos al hablar, no percibí interés, ni empatía, ni asertividad, ni siquiera una gracia que hiciera más amena aquella lluvia de palabras que caían en la sala. Recuerdo que pensé en lo difícil que les debería resultar a los ediles estar ahí y mantener el interés cuando alguien hablara. También me vino a la mente la idea de que alguien de mi partido podría estar ahí, sufriendo la agonía de que unos hablan y otros no hacen caso, de que hay enemigos, traidores, compañeros, coaliciones, soledades, ataques, defensas y palabras, muchas palabras que un encarnizado y héroe periodista se encarga de recoger intentando salvar la dignidad de una sala convertida en una alegoría a la deshumanización. Y entonces me acuerdo y comprendo por qué queríamos hacer otro tipo de política. No hablo de cómo ser oposición ni de cómo gobernar, sino de política, es decir, de transmitir una ideología, de cambiar este sistema insolidario, individualista y acomodado, hablo de una lucha constante, de ilusión, de esperanza y sobre todo de una palabra en la que estarán pensando todas las personas que lean esta carta, utopía. O ¿acaso no es cierto que todas las ideologías políticas actuales nacieron como utopías? Eduardo Galeano nos propone con una pregunta lo siguiente “¿qué tal si llevamos a cabo el derecho jamás proclamado de soñar?” y entonces me pregunto que si en aquella sala del Ayuntamiento alguna persona de las que habló hubiera soñado esa noche con una ciudad mejor, con un sistema más justo o con la simpleza de una sonrisa y una mirada agradable, ¿no estaríamos ante la esperanza de un cambio en la forma de hacer política? Como dicen los indígenas Shuar del Ecuador, “el mundo es como lo soñamos”. Lorenzo MELER. Los Verdes-Huesca |