La disponibilidad de agua de buena calidad ha guiado la
historia de la humanidad desde sus principios. Desde mucho antes de que
los seres humanos anduvieran erguidos, sus movimientos sobre la faz de
la tierra han estado motivados, principalmente, por la obtención de
agua y otros alimentos. Una mirada a un mapa de cualquier región o país
nos muestra la disposición de los asentamientos humanos: aldeas,
pueblos, ciudades, ... se estructuran en torno a ríos, lagos,
manantiales, canales u otras fuentes de agua. Incluso un rápido
recorrido por las poblaciones de nuestro entorno nos permite constatar
la importancia del agua en su ubicación, su estructura o su toponimia;
Fuentes de Ebro, Urrea de Jalón o San Mateo de Gállego son sólo una
muestra en la provincia de Zaragoza.
La
preocupación por la calidad del agua se ha manifestado más por la
búsqueda de suministros saludables que por los tratamientos para
mejorar sus propiedades. Aunque se dispone de evidencias sobre
tratamientos de agua efectuados 2000 años a.C., las referencias
bibliográficas son escasas. Si buscamos fundamentos científicos para
estos tratamientos, o criterios de calidad con algún rigor científico,
no los encontramos hasta entrado el siglo XIX. Varios son los motivos
de este déficit de referencias y de rigor científico:
· La
evolución demográfica: mientras las poblaciones han mantenido tamaños
que permitían la disponibilidad de agua de calidad en abundancia para
todos, no se ha planteado la necesidad de tratarla. Es con el
surgimiento de las grandes urbes cuando aparecen los problemas. Además
del aumento natural del número de habitantes de las poblaciones, el
desequilibrio producido por la masiva emigración a las ciudades ha sido
uno de los desencadenantes más importantes de los problemas de
abastecimiento de agua, no sólo por el aumento del consumo, sino
también por el incremento de la contaminación.
· El
cambio en los hábitos de vida. Las primeras civilizaciones tenían como
actividad principal la agricultura y destinaban la mayor parte del agua
para riego (para lo cual no requería ser tratada). Aquellas personas
que disponían de medios para llevarla a sus hogares la utilizaban para
beber y cocinar. Progresivamente se han ido añadiendo otras utilidades
al agua: la higiene y los electrodomésticos son la principal causa del
aumento del consumo doméstico de agua; además, en las sociedades
modernas aparecen nuevos usos para el agua: industriales (la industria
no sólo utiliza el agua como componente de los productos que fabrica,
sino también como agente refrigerante, disolvente, ...), recreativos
(parques acuáticos, riego de jardines, ...) u otros usos.
La
falta de conocimientos científicos adecuados y en particular el
desconocimiento sobre el origen de las enfermedades. es uno de los
factores más determinantes para explicar la escasez de referencias
históricas a los tratamientos del agua. Las antiguas civilizaciones no
disponian de otros criterios que la transparencia, el olor o el sabor
para decidir sobre la calidad del agua y, aunque desde muy antiguo se
ha relacionado el agua con ciertas enfermedades, hasta no hace mucho
tiempo no se explicaba con el debido rigor científico esta relación.
Algunos
textos mencionan el hervido, el filtrado, la sedimentación o el
tratamiento del agua con sales, tratamientos basados siempre en
evidencias empíricas.
No obstante, si que existen
algunas referencias a la calidad del agua de bebida y a los
tratamientos de esta desde la antigüedad:
El saber
médico sanscrito, 2000 años antes de Cristo, advertía: “mantener el
agua en vasijas de cobre, para exponerla a la luz solar y filtrar a
través de carbón de leña...Para tratar agua impura por hervido y
exposición a la luz solar”. Este saber, junto con las inscripciones
egipcias, nos proporciona los conocimientos fidedignos más antiguos del
tratamiento del agua. La sedimentación y el filtrado fueron los
primeros tratamientos utilizados, aunque pronto empezaron a utilizarse
otras sustancias de origen natural, que facilitaban estos procesos. Los
egipcios conocian el sulfato de alumina, coagulante utilizado hoy en
día, aunque la primera noticia que tenemos de su empleo como coagulante
para potabilizar agua data del año 77 despues de Cristo, cuando Plinio
describe su utilización, junto con la cal de Rodas, “para convertir
aguas amargas en potables”.
Los tratamientos del
agua han estado íntimamente relacionados con la salud y la evolución de
los conocimientos médicos. Hipócrates (460 - 354 aC), en su tratado
“Sobre los aires, aguas y lugares”, establece algunas relaciones entre
los distintos tipos de agua y la salud:
“ Quiero
explicar, a propósito de las aguas, cuales son malsanas, cuales muy
saludables, y cuántos males y bienes es natural que se produzcan a
causa del agua, pues ésta contribuye muchísimo a la salud”.
Sus
teorias son empíricas y contienen errores importantes, pero aporta un
enfoque novedoso para su época. Establece condiciones para considerar
si el agua es buena o mala para la salud, y da consejos sobre el tipo
de agua que se debe beber según los efectos que se quieran conseguir
para el organismo. No menciona el tratamiento de purificación para el
agua de mala calidad, pero sí reconoce sus efectos adversos sobre la
salud humana y desaconseja su consumo a favor de agua más saludables.
Herodoto,
uno de los principales historiadores griegos, informa de cómo Ciro “el
Grande”, rey de Persia, llevaba consigo a la guerra agua traida en
vasijas de plata que se cargaban . Según comenta este autor esta agua
se hervía para conservarla mejor y más tiempo.
Posterioermente,
Sextus Julius Frontinus (40-103 dC), un soldado romano ingeniero y
autor, en su libro “De Aquis Urbus Romanae”, nos ofrece una precisa
historia y descripción del suministro de agua a Roma, incluyendo las
leyes referentes a su uso y mantenimiento. La construcción de
acueductos y cloacas en las ciudades romanas muestra su preocupación
por la salud de los ciudadanos y por el medioambiente, la cual fue
olvidada posteriormente durante muchos siglos.
En
el periodo talmúdico (s. II aC - s. V dC) encontramos también
referencias al agua y a la salud. El pasaje bíblico de los Salmos:
"Sobre los ríos de Babilonia nos establecimos y lloramos y recordamos a Sión."
es
comentado en el Midrash explicando cómo muchos israelitas murieron al
beber agua de Eufrates, estando acostumbrados a beber agua de lluvia,
agua corriente o de manantial, cuando estaban en Israel. Durante los
primeros siglos de la era cristiana muchos judios escaparon de Israel
hacia Babilonia y las regiones cercanas a la Mesopotamia asiática, lo
cual justificaría este cambio de agua, pero lo importante del hecho es
que manifiesta la noción del agua como vehículo de trasmisión de
enfermedades.
Existen al menos nueve citas en el
Talmud que hacen referencia al peligro que encierra el beber líquidos
contenidos en envases que hayan permanecido destapados durante un
cierto tiempo. No obstante, todavía no se dispone de los conocimientos
necesarios para explicar estos hechos, y se recurre a explicaciones tan
variopintas como la de que “animales ponzoñosos podrían acercarse al
recipiente, beber el líquido y liberar el veneno; así, si una persona
bebiera del mismo líquido al día siguiente, resultaría envenenada”. En
el Talmud se establece el tiempo que un líquido debe permanecer al
descubierto para considerarlo no apto para el consumo:
la cantidad de tiempo necesaria como para que una serpiente se aproxime desde un lugar cercano y beba (de él).
El
agua “contaminada”, según el Talmud, no debía ser “derramada en una
calle pública, o usada para rociar el piso de una casa; no se la debe
dar a beber a un animal propio o de un vecino; ni se la debe usar para
higienizar el rostro, las manos o los pies”.
Se
podría beber de esta agua si era previamente filtrada. También se
permitia utilizarla en el proceso de hornear el pan, pues el fuego
destruia el veneno. Mar Shmuel – médico del Talmud- sólo bebía agua
caliente por este motivo.
Maimónides (Cordoba
1138 - Fustat, Egipto, 1204), paradigma de las ciencias y de las
humanidades del mundo árabe medieval, recoge en sus escritos las
enseñanzas médicas del momento, y hace referencia en ellas a la
influencia del agua en la salud de la población:
“Es
bueno beber agua dulce, clara y luminosa, libre de todo olor, agua
fresca obtenida en el mismo día. Es importante que el agua sea hervida
un poco y sea bebida después de enfriarse, porque en este caso es mucho
menos peligrosa y pierde su efecto perjudicial...”.
Da
instrucciones de cómo se han de tratar las “aguas malas, turbias, que
huelen a caldo, o que son mal toleradas en el estómago y en otros
órganos”, para que se vuelvan potables.
“Debe hervirse (el líquido) al final del día, dejarse reposar durante la noche, filtrarse y beberse”.
Maimónides
toma esta idea del Comment. Epidemiarium de Galeno (s. II despues de
Cristo). La influencia de Galeno está presente a lo largo de las
producciones de Maimónides, especialmente en sus “Aforismos Médicos”,
en los que también recoge enseñanzas de Ibn Zuhr (Avenzoar) y
reflexiones propias. La obra de mayor relevancia de Maimónides es la
Mishn Torá, en la que se incluyen algunos criterios de calidad, que
continuan basandose en evidencias empíricas:
“Las
agua más saludables son las que no tienen gusto ni olor perceptible.
Son las más agradables. Todas las que corren en dirección al este,
sobre arena límpia, y rápidamente se calientan, son las más adecuadas
(para ser bebidas) por todos”.
En “El libro del asma”, Maimónides escribe:
Si
tiene costumbre de beber agua en la comida deberá beberla lo menos
posible, y retrasará el tomarla tanto como pueda; lo mejor es beberla
como dos horas después de la comida. Conviene elegir agua dulce
filtrada, ligera, sin olores, que la recoja en el mismo día de aguas
coprrientes. Conviene hervirla un poco, después se enfriará y se
beberá. Esto elimina muchos de sus perjuicios y corrige mucho de su
propia corrupción. Y es bueno ponerle en el momento de hervirla un poco
de raspadura de regaliz que no altere su sabor, cociéndola en una olla
nueva durante una hora. Esta agua es muy buena para los sanos en verano
y en invierno y dará fuerza a los miembros que tienen una cavidad y se
corregirá el estómago y lo evacuará un poco ...
Las
tradiciones médicas de la antigüedad clásica se mantuvieron en pleno
auge hasta por lo menos la segunda mitad del siglo XII despues de
Cristo y, en lo relativo al agua, aunque los criterios de pureza se han
ido haciendo más complejos, los principios, métodos y materiales
empleados en su purificación han evolucionado muy poco hasta las
últimas décadas.
La Edad
Media supuso un estancamiento, y no fue hasta el siglo XVIII cuando se
retomó el interés por dotar de agua saludable y de buena calidad a la
población. Las grandes epidemias de cólera o tifus aceleraron los
avances científicos y técnicos, y fomentaron la extensión de los
procesos de tratamiento, que comenzaron a ser obligatorios en algunos
lugares.
En 1804 Paisley
(Escocia) filtraba todo su suministro de agua y en 1829 se instaló el
primer filtro de arena en Londres para clarificar el agua del Támesis.
En el año 1952 ya era obligatorio filtrar todos los suministros de
aguas de ríos a Londres, extendiendose este sistema de clarificación a
varias ciudades europeas (1965) y norteamericanas, ya que en Nueva York
se construye el primer filtro de arena lento en 1872.
Paralelamente
a la proliferación del filtrado, se van desarrollando otros
tratamientos como la coagulación, la aireación o la desinfección.
La
aireación artificial se utilizaba ya en el siglo XVIII, pero no fue
hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando se convirtió en uno de los
procesos principales de los abastecimientos municipales.
En
cuanto a la coagulación, la primera vez que se rrecurrió a ella para el
tratamiento de suministros municipales de agua fue en el año 1881, en
Inglaterra. El coagulante utilizado fue el sulfato de alumina, añadido
en el punto de toma del abastecimiento.
En 1885,
investigadores de la Universidad de Rutgers publicaron estudios en los
que confirmaban el sulfato de alumina como el coagulante más ventajoso
de los conocidos.
En la actualidad los
electrolitos acompañan, y en algunos casos sustituyen, a los
coagulantes tradicionales en las plantas de tratamiento.
La
desinfección es otro de los procesos que durante milenios se han
utilizado en el acondicionamiento del agua, aunque sin conocer bien sus
fundamentos. Se conocen diversos sistemas de desinfección: cloración (y
sus variantes), ozonización, utilización de rayos ultravioleta, ...
Pero el más utilizado es el de cloración:
El cloro fue descubierto en 1774 por el químico sueco
Karl Wilhelm Scheele. Alrededor de 1880 ya se utilizó en Francia y en
Inglaterra como desinfectante general, aunque no se conoce el momento
en que se empezó a emplear para la desinfección del agua. |