SAVIADURÍA©

Libro

 

Editorial Dunken

Prematura Piedad

Acabado testimonio de que soy un discípulo de fe y amor puede dar la siguiente revelación; y con qué me maraville al conocer piadosos procederes.

Cuando niño, mi atrevimiento llegaba al punto de tomar una cruz entre mis manos y, luego de revisarla, según mis padres, solía manipularla como si fuera un avioncito, e imitando el sonido de aquellos corría por la galería del fondo de mi casa hasta que mi padre me daba alcance antes de arrojar la cruz para que volara.

Contrapuesto a ello, en este presente de recogimiento de portentos, me he hallado con una mujer que me ha contado que su candorosa niña tampoco suele dejar en paz, o sí, a las cruces que llegan a sus manos; puesto que, con prematura piedad, la pequeña es presta para quitarle los clavos al Cristo y así apartarlo de la Cruz, prorrumpiendo en llantos toda vez que, por el material o su manufactura, le es imposible librar a su Cristo de tales tormentos.

Dentro de estos piadosos y cristalinos saltos, recordando con un hombre cómo eran en su tiempo los preparativos para la celebración de la fiesta de Epifanía del Señor, el caballero me introdujo en el presente de su pequeña hija quien, avisada de la inminencia de la llegada de los reyes magos, con anticipación suele reclamar de sus padres que no olviden cambiar el agua de la pileta y recortar un poco el césped del parque para que los camellos no engorden y se queden dormidos, y así, la caravana pueda continuar con su recorrido, repartiendo los juguetes en todas las casas que los esperan. Además, la pequeña arguye que su preocupación es que los camélidos se vean impedidos de salir por la puerta de acceso al jardín.

Era alrededor de la hora 18:00 cuando, encontrándome en la casa de una familia amiga, la señora encendió la luz del living y uno de los pequeños dijo y aguardó atento:
¡Buenas noches, Mama!, y la dulce señora respondió ¡Buenas noches nos dé Dios!
El pequeño esbozó una sonrisa como si se hubiera cumplido, un día más, con una ceremonia entre generaciones.
Creí haber visto en el rostro de todos los que allí estaban una cinta de comunión.

Mi nombre es Virdomel, una especie de explorador y, a la vez, un mendicante de lecciones de fe y de amor…