SAVIADURÍA©

Libro

 

Editorial Dunken

Ochavas

Algo había raptado el habitual carmesí que a diario teñía las prominentes mejillas de su junco gallardo; en tanto que por las ausentes arrugas de su falda el frenesí había resbalado.
Su mirada trapecista se arrojaba por entre los aparejos de la cabellera del pasajero de adelante y, de sus ojos irritados, unas líneas de color acantaleaban por la piel de su cara errante.

- Hola.
Me llamo Virdomel.
- ¡Hoy no trabajo, Virdomel!

Yo me senté al lado de ella y descubrí que tenía edad de mujer; y me limité a esperar.

- ¡No entendiste que hoy no trabajo!

La miré en silencio.

- Salí corriendo y me subí a un auto.
No entendía nada el tachero cuando le dije que doblara en la segunda y que a las cuatro o cinco cuadras me bajaba.
Me asusté.
- ¿Te estaban por hacer daño?
- Cómo te explico que sí, pero no…

Sacó un cigarrillo de la cartera y, sin darme tiempo, cuando encendido, el chofer le llamó la atención. Con indignación lo estrelló contra el piso, echó una mirada desafiante al espejo retrovisor del chofer, y lo aplastó con el extremo anterior de su calzado.
Yo mantuve silencio.

- … se me juntaron los clientes que jamás hubiera deseado ver al mismo tiempo. Estoy completamente segura que mi Fito es hijo de uno de ellos…, ¡Dios me lo cuide y guarde!

- Entiendo.
- ¡Qué vas a entender, Vir…! ¿Vir…, cuánto?
- Virdomel.
- ¡Ah sí, eso, Virdomel!
Los conocí en un momento que me agarraron como media sensiblona*, y medio como que ellos se enamoraron; y medio como que me salió una ternura fuera de la tarifa.
Tal vez yo también necesitaba enamorarme…, y eso ¿viste?.
Los atendí seguido en distintas paradas que yo tenía antes, y medio como hechizada con ellos me besé.
Tal vez fue porque uno de ellos primero me declaró eso que vos sabés, no quiero repetirlo; pero me acuerdo que medio como que me endulzó la oreja cuando me dijo algo como que yo lo enamoré, y que enamorar era como morar en el corazón del otro. Y algo me habrá pasado que me sensibló** ¿viste?.
El tipo me dijo que morar era como que se habita en un lugar…; y me dejé llevar por su palabrerío.
¡Ese tipo habla lindo, che! ¡Igual le cobré, eh! No soy tonta; pero me pegó fuerte lo de esos días.

- ¿Qué edad tiene Fito?
- Tres añitos.
¡Ah! Y te cuento que ninguno sospecha que es de alguno de ellos.
¡Son re-buenazos!
Cuando supieron que yo estaba en cinta los tres me tiraban unas chirolas extras.
Con la excusa de que tengo pareja fui evitando algunos roces, pero siguen siendo mis clientes, y no sé con qué cara los voy a mirar la próxima vez porque me rajé de una cuando los vi rondar al mismo tiempo.

- Te deben querer.
- Ellos…; no sé.
- ¿Y vos?
- Hoy no trabajo, Virdomel.
Gracias por prestarme la oreja.
¿Te puedo dar un beso de onda?
- Por supuesto que sí.
- Chau.

Movimiento: Silueteando silencios en una ochava.

*Sensible - **Sensibilizó