A algunos llega a inquietar el misterio por el cual las aguas se aquietan desde un insondable e inefable centro y, encantadoras, terminan por bañar y suavizar las cerriles costas. En la incipiente bruma se diluye la visión del naufragio. Los gritos de parto son escuchados, y dejándose asistir por la amorosa mano que se extiende, encoraja a dar los tan deseados pasos sobre la turbulencia. Porque es el mensaje mismo hecho carne; es la palabra del que está vivo y con su poder eterniza a quien en Él confía; es el aroma del cielo que sólo percibe el alma cuando está abierta; es la luz que hace brillar el vientre del cáliz. Es el que hace que el ser sea diariamente navidad y resurrección, porque sencillamente es Fin y Principio, y Principio y Fin. - Tienes cara de cansado, Virdomel. - Sí, señora Myriam, ¿vio? - Veo que no vas a misa. Piensa en lo que te he dicho y descansa un ratito. Te hará bien. |