SAVIADURÍA©

Libro

 

Editorial Dunken

Miradas

“...Pero ni siquiera desde el punto de vista de las cosas más insignificantes de la vida somos los hombres un todo materialmente constituido, idéntico para todos, y del que cualquiera puede enterarse como de un pliego de condiciones o de un testamento; no, nuestra personalidad social es una creación del pensamiento de los demás...”

(Marcel Proust. Por el camino de Swann. En busca del tiempo perdido.)
 

Tomándose de las barras que sirven de pasamanos para el ascenso de los pasajeros, la señora ingresó el hemisferio anterior de su cabeza y preguntó:

¿Está Virdomel, chofer?

- No, señora.

- ¡Cómo es que no está Virdomel, ya pasaron tres colectivos sin él!

Chofer: Y yo que sé ¿va a subir o no? ¡Vaaaaamos! Rrrrrrruuumm... Rrrrrruuumm...

Señora: ¿Vendrá en el que viene?

Chofer: No me haga perder tiempo, señora ¡Suba de una vez, o deje pasar a los demás!

¡A ver si se me apropincuan para el fondo y no se me estacionan en la puerta, eh! Miren que por el espejo veo que hay lugar todavía, ¡vaaaamos!

¡Se debe bajar por la puerta trasera, señor! No se da cuenta que están todos acá.

Señora: ¿Usted está seguro que no lo vio a Virdomel?

Chofer: Encima que el hombre ese viaja sin pagar, ¿usted pretende que yo sepa los horarios?

¡Señorita, no me ponga todas las monedas juntas, dele tiempo a la máquina, por favor! Si ve que hay tanta gente ¿por qué no usa la tarjeta magnética?

Otra Pasajera: ¿Por qué no baja esa música chofer? ¡Es horrible!

Chofer: En el repertorio de mañana tengo a Vivaldi ¿le parece bien?

¡Vamos, al fondo!

Señora: Esperaré el que viene. Ha sido muy amable chofer.

 

Señora: ¡Buenos días chofer! ¿Está Virdomel en éste colectivo?

Chofer: No. Lo vi en la terminal hace más de una hora.

Señora: ¿En la terminal? ¿Y qué hacía allí?

Chofer: Está con diarrea.

Venía en el coche treinta y dos y debió quedarse en la terminal.

Señora: ¿Diarrea? ¿¡Cómo es posible!?

Chofer: ¿Usted cree que porque es Virdomel no...?

Señora: ¡No sea guarango, mida sus palabras, señor!

Chofer: No soy guarango, señora; soy realista. Además, si está con diarrea, Está-Con-Dia-Rre-A. ¿Me interpreta, doña?

Señora: Bueno, bueno, está bien. Espero el siguiente. Gracias

 

Virdomel (piensa): Ya me siento un poco mejor. Veré qué me depara el próximo viaje. Y depende como me sienta y de dónde pare el colectivo, quizá yo también realice una parada; porque de parado sería humillante. Bueno, subo en éste, ¡Me gusta el número del coche, espero que no sea de oro!, el uno...

 

En el coche 1 de esta línea me encontré con una simpática señora que esperaba una respuesta de mí. Yo no me sentía íntegro en un sentido; y usted que está allí me sabrá entender. Hay situaciones en las que interiormente no estamos preparados para afrontar con la integridad que ameritan las circunstancias, porque nuestro organismo, antojadizamente, a veces somete nuestro razonamiento; y en este caso, aunque satírico suene, faltaba entereza, pero ya estaba en el colectivo, y otros pasajeros también:

 

Señora: ¡Buenos días señor chofer! ¿Viaja Virdomel?

Chofer: Sí. Está sentado en el fondo.

Señora: ¡Ah, muchas gracias! Viajo hasta la terminal del recorrido, entonces.

¡Virdomel!, ¿me permite una pregunta?, es respecto de una palabra que usted utilizó una vez.

- ¿Cuál, señora?

- Saviaduría

¿Es masculino o femenino?

Virdomel (piensa): ¡Uy!, creo que el pronóstico Virdomel de hoy, era lunes pantanoso.

 

El señor que estaba a mi lado, y oyó, salió blandiendo apreciaciones casi terminantes: Hay que incluir el término dentro del género femenino. Fíjese como suena: ¡“la” saviaduría!. Sin más trámite.

 

Una señora que se hallaba leyendo una revista de chistes, pidiendo disculpas, mientras quitaba sus lentes, dijo: Convengamos que es un término que no está contemplado dentro de nuestra lengua, razón por la cual creo que no merece un análisis, y que se podrá o no aceptar la significación que Virdomel le imprimió, y por supuesto respetar, pero no vale la pena perder tiempo.

 

- ¡No, indiscutiblemente saviaduría es mujer! –indicó una persona que ni siquiera dejó de mirar a través de la ventanilla.

 

Una joven que lucía ropa de los sixties, su cabellera más de un color, y sus pendientes asimétricos, se aproximó, y pidiendo permiso para opinar, terciando expresó: No es femenino ni masculino; es neutro. Y los primeros terminan por verse impedidos de actuar como agentes neutralizadores entre sí, tampoco se superponen; me atrevería a decir que se yuxtaponen, se complementan.

- ¿Por qué? –preguntaron los que opinaron y los que escuchaban de costadito.

- Creo yo, y sin considerar necesariamente lo que Virdomel quiso significar, porque algo le he escuchado decir: la savia, femenino nutriente que recorre el organismo y le da verdor, fibra, vigor, energía, actividad, ¡vida! (dijo enfáticamente); sí o sí se vale de conductos, los que al igual que el estipe, bohordo, tallo, masculinos canales de transmisión, cauces, distribución, y las ramificaciones que de éste último parten, conforman un todo. Quiero decir que, de la fusión de ambos, sabiduría superior, único y legítimo encauce, su complementación es lo que permite la conservación del elemento-materia o de modo figurativo lo intangible-espiritual, para el desarrollo, evolución y elevación; insisto, sin tener en cuenta la significación que quiso darle Virdomel a la expresión. Y, que si depositara por un instante la vista sobre aquella, bien podría admitir que el fluir del amor es común a cualquier género, y no es reductible a la humana condición, incluso su portación; mas aunque terrenal lo sea: ¿una mascota no brinda amor?.

 

Virdomel (piensa): ¡me salvó la chiquilla! ¡en qué lío me metí con haber mencionado saviaduría!, al menos piensa con mucha más claridad que yo.

 

Esta agregó: Me refiero a que si tomamos las partes y vamos desmenuzando, se esfuma la complexión de saviaduría; que integridad en sí misma lleva, y no implica la pérdida de individualidades, las que inexorablemente ¡conjugan! en la quintaesencia. Es más, a mi entender creo que la universal fecundidad, lo será sobre la base de cuán profundamente y dónde, cada cual haya echado raíces, y de qué tipo.

 

Llegamos a la terminal y con ello culminó la conversación, al menos en el recinto móvil. Un joven con apariencia de importante ejecutivo recibió con demostrativa calidez a la jovencísima señorita.

Yo me olvidé de la diarrea, y antes de subir al próximo me aseguraré de tener todo en condiciones. Desconozco si existió consenso unánime con relación a los conceptos vertidos por la chiquilla, pero es innegable que cada uno descendió pensativo.

Lo que me maravilló..., fue advertir un aire nuevo.

 

Fotografía: Un canoero y una corteza de árbol.