SAVIADURÍA©

Libro

 

Editorial Dunken

La Mosquita

La mosquita de la humedad yacía sin vida sobre la mesada de acero inoxidable de la cocina; había estado husmeando entre los desechos, se había posado en el tallo de una spatifilum (spathiphyllum), dado vueltas y más vueltas en derredor de la lámpara apagada, y aleteaba presuntuosa por entre los reflejos del sol que rutilaban en la tulipa de aquella. Entretanto, el ambiente conservaba un perfume desconocido de una ausencia que vigente estaba.

Observadores debatían acerca de la causa del deceso.

La mosquita se hallaba con sus alas muy abiertas tal como si no hubiera sabido nadar, fatigada tras haber caído en una cándida emboscada; o quizás, en exceso satisfecha de beber, se halló impedida de su natural flexibilidad.

 

¿Habrá sido por alguna curiosidad?, ¿Habría intentado atravesar un mar muy extenso para ella?, ¿Habrá realizado un vuelo rasante por la mesada y un vital oasis se le convirtió en sepulcral? Los observadores hacían sus conjeturas; el perfume desconocido estaba.

 

- Yo vi todo -dijo un colibrí asomado por la banderola de la cocina.

- ¿Qué pasó colibrí?

- Naturaleza –comenzó diciendo-, sabia y frágil...; la de ambos. En el living hay una persona escribiendo en su diario personal; en un momento hizo una pausa y se dirigió a la cocina para tomar un poco de agua con una copa, pero se arrepintió al encontrar abierta su billetera que le mostraba una fotografía, hoy en sepia; apoyó ambas manos y se le desprendió esa lágrima que circunda a la mosquita. Esta no soportó. No volvió a volar.

 

- ¡No sé por qué comparto esto con un desconocido!

- Mi nombre es Virdomel, señor.