SAVIADURÍA©

Libro

 

Editorial Dunken

Digrita

Suele a su displicente paso descubrir y exponer el polvo de la superficie ajena –a veces no sólo de la superficie-; y aunque no olvida haber sido testigo de sus pares, hincándose arrepentidos en el tejido del lecho mortuorio, no ceja de introducirse y revolver, de cuando en cuando, aquella memoria sanguinolenta que adormila en algún estigma.

Se yergue con arrogancia tras los ambones alzados en las esquinas; en las ventanas de las casas, de los autos, de los colectivos, del vagón del subte y del tren; y cuanto más en aquellos erigidos en un balcón o detrás de un imponente escritorio. Sin previo trámite, como prensil también es, alguno abre o cierra a gusto los grifos que nutren, enjuagan, lavan, liberan, esperanzan, sanan,...

Pendón estadístico; como así, rótulo de una fila de nombres, también se reviste con los velos de: ¿Yo?; Nadie; Ésa; Ése; Aquél; Aquélla; Allá va... y no falta las veces que adopta la forma de una cruz roma que se le carga al que le viene en ganas; y aunque romo..., perfora.

Digitando desemplea números porque nombres desconoce al fin aunque en su vientre los lleva; y con sutil presión, hunde más.

Es como la lengua muchas veces, o su cómplice insonoro y fiel; cuando es desenfundado, desfachatado, marcó y se fue.

Carga el ser humano con dos falangianos proyectiles entre sus manos, que cuando se levanta uno de ellos, ¡ay!, ¡pobre destinatario!.

 

Salían del organillo los acordes de “La última curda” (Cátulo Castillo – Aníbal Troilo), con ellos, un pintoresco fileteado señalaba sinuosas pinceladas.

Advertíanse en los ojos del organillero, túneles de arrabales; me hablaba de un escrito que sus cotorritas de la suerte no han leído aún, y que era muy probable que si descuidara por un instante de él, aquellas bien podrían, obviamente sin querer, ahuyentar a algún cliente.

 

Pronóstico Virdomel: Martes para indagar.