SAVIADURÍA©

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Editorial Dunken

Cartas II

Pese a tratarse de un edificio tirando a petiso, que gozaba de una paquetísima fachada y del que bien podía presumirse un consorcio de poca población; lo cierto es que el alboroto formado frente a la puerta de ingreso y en torno a la encargada, daba claras muestras de que por un lado no eran tan pocos los consorcistas, y alguna singularidad tendría aquello que se había ocupado en desatar un estridente cotilleo en el que predominaban hermosas damas, sin faltar caballeros denotando un aire antipático y desdeñoso, tanto en los gestos como en el tono de sus palabras.

En medio de todo, de una manguera salía un chorrito de agua, indiferente, anémico, pero constante, al que pude frenar con un simple doblez en el conducto, trabándolo bajo la rueda de una bicicleta atada a un letrero que decía «contramano».

Una vez que rotundamente cesaron algunas de las voces y otras se iban perdiendo en dirección a los vehículos estacionados en la cuadra, la encargada me dijo en voz alta: ¡tanto lío porque pregunté si era de alguien éste escrito que dejaron en el buzón!

Como pareció que nadie recogió el guante, yo me limité a recoger la manguerita que se acordó de seguir chorreando y se la alcancé a la señora encargada, cosa que no hice para que siguiera perdiendo, ni para mostrarme gentil, sino porque sentía la comezón por leer el escrito aludido por la señora.

- ¿Usted escuchó el escándalo que se armó? -me preguntó ella.
- Sí.
- Sucede que me encontré con éste escrito suelto en el buzón, y mientras lo leía, pensaba en para quién sería y quién lo habría dejado; porque como usted verá no figura remitente ni destinatario. Además tiene una fecha a la que le sacaron el año.
- ¿Me permite verla, señora?
- Sí, tome. Yo ya no vuelvo a sacar el tema, no sea que se produzca otro escándalo.
Virdomel - En primer lugar observo que el escrito pareciera formar parte de las hojas de un diario personal; no parece haber sido arrancado así porque sí pues no hay indicios de maltrato…;
Señora - Si, ¿vio?
- … está claro que no hay señales de un añejamiento en el papel, razón por la cual sospecho que no fue escrito hace mucho tiempo, o muy escrupulosa fue su guarda.
- Es cierto.
- ¿Qué tal si corta por un rato la salida del agua, señora?
- Tiene razón.
- Al tacto se descubre que la persona que lo escribió no ejerció ningún tipo de presión sobre el papel, siendo lo suficientemente cuidadosa en el trazado dada la ausencia de renglones guías que orienten su desenvoltura…,
- ¡Ah! Sí, sí.
- … y como usted advirtió, la persona tomó, quién sabe con qué fin, el recaudo de… (¿?) quitar el año de la fecha…,
- ¡Yo me di cuenta enseguidita de eso!
- …que bien lo pudo haber hecho para desorientar, aunque la persona a quien fue destinado inmediatamente descubriría la impronta de la letra…
- ¡Por eso pregunté si alguna la reconocía!
- Entiendo.
Estamos hablando de una destinataria, entonces.
- Sí. Y allí menciona, si no leí mal porque es una letra horrenda, a un tal Rigoberto.
Y en mi edificio no vive ningún Rigoberto.
- ¡Caramba! Eso desorienta aún más.
- ¡Y sí hombre! Hubiera cerrado el pico y charlado con las mujeres que tienen un Rigoberto en la casa.
- Entiendo. Sigo su línea de razonamiento.
- El que lo dejó se equivocó de dirección seguramente; o no está bien.
¿Por qué no lee, hombre?
- Quien pudo dejar ésta carta no parece haber obrado con ligereza y se muestra meticuloso, ¡estamos hablando de un hombre según usted! quien ha leído el escrito, por lo cual descarto la equivocación.
Es probable que la destinataria se haya mudado hace poco, o que el tal Rigoberto pertenezca al año que falta en la fecha (¿?), o que no necesariamente viva en el edificio ese Rigoberto; y no podría desestimarse la presunción de que ese Rigoberto ni siquiera exista.
- ¿¡Qué está diciendo!? ¿Y para qué lo nombra?
- Quizás lo haga para despistar, o emplee una especie de clave entre ellos.
¿Usted consultó con todas las consorcistas?
- A veeerrrr; déjeme pensar…
Sí, estaban todas, salvo la chiquilina del último piso.
- No, no puede ser. No creo.
- ¿Por?
- Porque es evidente que la letra responde a un adulto. Sí, tiene razón, son trazos de hombre.
- ¿No se molesta? Pero tengo que seguir limpiando la entrada. Lea tranquilo, pero le ruego que ¡por favor me la devuelva!...
- Pierda cuidado.
- ¡Y, sí!, la quiero conservar; porque por más de lo que allí diga, no sé si todas, pero a algunas mujeres nos gustaría formar parte de la inspiración de un hombre, o ser uno de los ejes de su diario íntimo por más que decidiera dejar sus hojas en el buzón de la vieja amada.
“Hoja 42 - 29 de Febrero de ... Con inusitada resolución y habitual coquetería, riela sobre mi pluma la lumbre del cirio que me acompaña en esta tarde envejecida.
Ayer te vi salir tomadita del brazo de tu amor. Me enteré que se llama Rigoberto. Eran las 10:15, nuestra hora. Afortunadamente, por mi traza resulté irreconocible cuando ambos lanzaron una mirada hacia la vereda opuesta. Tu sonrisa no ha cambiado. Creo que has hecho una buena elección; impresiona distinguido y…, hacen una linda pareja.
Cada tanto pienso en que me gustaría xxxxxxx (tachado) que supieras en cuánto cambió mi vida; aunque no sé para qué, no te importaría. No estoy solo, y ella sabe de tu existencia; mucho me costó asumir la inexistencia de la infidelidad cada vez que la besaba.
Un día la encontré con su cuerpo volcado hacia atrás del sofá, había dejado salir una desapoderada risa que estremecía cada rincón de la casa seguida por un: ¡en qué lugar te habrá dejado a San Valentín! Ocurrente ironía, fantástica y al mismo tiempo macabra.
Al principio me daba lo mismo, pero es una mujer maravillosa y debí reinventarme. Pienso que todavía no lo hice del todo bien. Aún dificultase mi entrega a sus nobles sentimientos, mas tampoco estoy preparado para ocultarle las cosas, ella me conoce. Vivía frente a mi casa natal. En el 2° “B”.
Quisiera decirte que xxxxxx (tachado), absorto, al mirar mi pluma me flasheé con que la misma se muestra conformada por dos hemisferios, pero no es así; esa casi división, esa composición como de dos láminas, propende a un modo de construcción que deja fluir desde adentro hacia fuera y por qué no desde afuera hacia adentro. Y cuando la vehemencia de una de sus partes impele hacia un margen, la flema de la otra tiende a equilibrar.
Tiene la pluma una sabiduría y sensibilidad peculiar, y esta apacible luz que se hiende en la hendedura no insola, por el contrario, localiza los puntos de reflexión para salir de su centro y alumbrar.
Quizás con esa sutileza ayer necesité verte desde enfrente y decirte, desde mi silencio furtivo, que así como la pluma es susceptible al equilibrio y con su alma busca deleitar; sepas que, en aquel sintético verdín, como estos hemisferios de mi pluma, desde mis posibles contrastes, sólo ambicioné con instilar en tu corazón la síntesis de un pobre hombre perdidamente enamorado xxxxxx (tachado), incapaz, de satisfacer en cualquier tiempo, la necesidad de cada región de tu ser.
Te vi feliz. Soy feliz.”

Devolví el escrito a la encargada del edificio como ella lo había requerido y diciéndonos gracias fue la manera de despedirnos.
Antes de llegar a la esquina se me ocurrió voltear para ver la vereda limpia, y me encontré con que la mujer, con edad de mujer, besaba con ostensible efusividad el manuscrito; una fusión de carta pendiente en un diario personal.
¿Para quién habrá sido ese escrito, no?

Gorjeo crepuscular: I’ve got you under my skin by Frank Sinatra