Mi nombre es Virdomel; quizá por un antojo del que está sobre mis pestañas. Sin embargo me place que comience con algo que tiene la virtud, porque si lo fuera con algo de pájaro ya hubiera empezado con un error ortográfico de otro lugar y con ello las alas cortadas. Jueves púrpura. No dudé en sentarme junto a un sacerdote que parecía alcoholizado, y del que sólo se escuchaba como una jaculatoria: “¡suficiente almíbar es el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, pruébalo y verás!”. Iba acompañado por un hombre de cincuenta y tantos, y una religiosa; quien con humildad dijo en un momento, y no al pasar, ser sirvienta de Dios en los pobres y en los enfermos. El cura se tambaleaba en el asiento, con la mirada extraviada; y apretujaba inconsciente un papel que parecía haber envuelto algún bombón. Entre la monja y el laico llegué a escuchar: - ¡Es duro de sesera el hombre! Bien podríamos haber llamado a la ambulancia o ir en el coche de Carolina. - Lo sorprendente es cómo se mantuvo en pie durante toda la misa. - Apenas podía hilvanar alguna frase en la homilía, pero con entereza la llevó adelante. Dicen que no advierten claramente cuando están pasando por estas crisis; ni qué es lo que sucede en sus cuerpos. - “¡Suficiente almíbar es el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, pruébalo y verás!” - Sí. Noté que sus miembros parecían carentes de musculatura. Se acentuó en el momento de dar la comunión. - Pero vio con qué entrega levantaba cada hostia como si fuera la última, y decía “¡El Cuerpo de Cristo!” - “¡Suficiente almíbar es el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, pruébalo y verás!”. - Sí. Luego en la sacristía hasta se lamentó no haber citado la antífona de comunión. Estaba en todo a pesar de la crisis. - Que la Divina Providencia nos permita llegar a tiempo. - “¡Suficiente almíbar es el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, pruébalo y verás!”. - Faltan dos paradas y llegamos. El colectivero desvió su recorrido e ingresó con el vehículo por el playón de acceso a la guardia del hospital. - “¡Suficiente almíbar es el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, pruébalo y verás!”. - ¿Me ayuda señor a sostenerlo y a bajarlo? Ya después nos ocupamos nosotros de conducirlo hasta el interior. - ¡¿Cómo no, señor?! El colectivo quedó casi vacío, así que me senté en uno de los asientos que dejaron libres aquellos tres. El transporte retomó la ruta habiendo quebrado antes su rutina, para que el clérigo llegara a tiempo para ser atendido. No sé el porqué de mi nombre, lo que sí tengo bien en claro es que una especie de explorador y mendicante de amor... ¡bah!, un aprendiz yo soy, que ahora va pensando en el: “¡Suficiente almíbar es el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, pruébalo y verás!”. |