SAVIADURÍA©

Libro

 

Editorial Dunken

Almíbar I

Mi nombre es Virdomel. La pasajera del primer asiento tenía una mirada especial, como la de su compañera que tosía junto a la ventana y la del resto del pasaje, pero me estacioné junto al primero, y la miré:

- ¿Sabe que estaba pensando en tomar la Primera Comunión? ¡Pero a mi edad!
- ¿Qué tiene su edad? –pregunté.
- Soy una señora entrada en años.
- ¿Y ello la avergüenza?
- Y, a decir verdad, un poco sí.
V: Yo tengo un matrimonio amigo, Dora y Manuel se llaman, que tienen tres hijas, y juntos (la pareja) se están preparando para recibir la Primera Comunión ¡Ellos no tienen vergüenza! Personalmente valoro sobremanera la determinación. Y no sabe cuánto sus hijas acompañan a sus padres, y cómo van degustando el concurrir a misa. Cierto que las chiquillas les hacen bromas también, pero hace a los matices ¿no?.
Mire, yo mendigo amor; una mirada, una enseñanza, una ilustración, como si fueran mensajitos repletos de sabiduría dejados por debajo de mi puerta, ¡puf!, ¿sabe cuántas cosas mendigo yo? ¡Y usted señora ha encontrado algo tan bonito, no lo dude, ¡perdón, eso me parece!
Pasajera: ¿Usted qué haría en mi lugar?
V: Primero me preguntaría por qué motivo quiero recibir la Primera Comunión. Y de no encontrar claridad en la respuesta, pienso que tomaría una hoja de papel, le haría una división al medio, y pondría a cada lado cuáles son las ventajas y cuáles no, si tal expresión me es permitida, siempre en el plano espiritual por supuesto; lo que me aportaría y lo que me perdería por no hacerlo, no sé si me hago entender; y en la búsqueda encontraría la respuesta.
P: ¿Usted cree que eso me ayudará a tomar la decisión?
V: Eso es lo que haría yo, para decidir por sí o por no, deseando ser bien entendido a qué aludo con lo de “ventajas”. No sé cuánto de bien le haría a usted. Todo es perfectible.
P: Cuando uno nota que algo le falta tendría que salirlo a buscar ¿no?
V: No lo sé. No siempre, supongo. Quizá uno vaya detrás de alguien o algo y no sea lo adecuado; en el tiempo, ni en la forma.
P: Usted está buscando amor. ¿Es ésta la forma correcta?
V: Soy un discípulo. Aprendo de la capacidad de amar de los demás; de ustedes. Como por amor debí aprender a desprenderme de lo muy amado. ¡Duro aprendizaje por cierto!
P: ¡Yo pienso en la Comunión por el inmenso amor que siento hacia Dios!
V: Entonces perdone ¿le parece insuficiente el móvil y el fin?
P: ¡Sabe que no! Él me dio y da todo, y lo que no me da ni ha dado responderá a sabias razones. Él es todo para mí.
V: No le hará falta tomar un papel en blanco para reflexionar, creo.
P: ¡Uy! Me pasé de donde tenía que bajarme. ¡Gracias por escucharme...! ¡Ah, y Feliz Pascua!
V: No, está bien, el agradecido soy yo, porque con su distracción me explicó qué significa Dios para usted y qué lugar ocupa en su vida.

Saludé a los otros pasajeros deseándoles buen viaje. Bajé pensando en que no era cuaresma, tampoco semana santa, ni pascua, ni navidad. ¡Cuán intrigante e interesante resultó ser la señora que aún no recibió la Primera Comunión! Como cuán importante fue el tiempo que le cedió a mi expectación, arrodillado a su lado sobre un almohadón con fondo negro tornasolado, y brillos dorados..., de los que ella parece que se percató mucho antes que yo.